Análisis

La economía de Milei ingresa a una etapa en la que se agotan los efectos de la desinflación y aparecen dificultades

El proceso virtuoso de desinflación y paritarias a la baja se interrumpió. De cara al año electoral, esto implica complicaciones para el gobierno.
Aparecen algunas tensiones. EE
18-03-2025
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Por Federico Pastrana y Pablo Moldovan Director de C-P Consultora

La economía argentina va dejando gradualmente las características de la alta inflación y adoptando las dinámicas típicas de un modelo de apreciación cambiaria. 

A partir del sostenimiento del ancla cambiaria en octubre pasado, la economía mostró una recuperación generalizada en los ingresos. La consolidación de un piso más bajo en la inflación, en torno al 2-3% mensual trajo efectos positivos en los salarios reales, retomando el sendero alcista que se había interrumpido en agosto. 

El indicador de salarios efectivos del sector privado registrado (SIPA) muestra, a fines de 2024, un nivel promedio por encima de noviembre de 2023. 

Los ingresos de los informales y no asalariados también aumentaron, a lo que se suma la lenta recuperación de las jubilaciones medias y altas que dejaron atrás los efectos más duros del primer semestre de 2024. Estas dinámicas muestran el poder del ancla cambiaria en nuestro país y los efectos socioeconómicos de corto plazo que produce la rápida reducción de la inflación desde niveles altos.

Durante el segundo semestre, las negociaciones paritarias más importantes acordaron aumentos decrecientes. El gobierno ejerció un monitoreo sobre los acuerdos y usó como amenaza la no homologación de los acuerdos si los aumentos acordados superaban la pauta salarial. Implícitamente, esta pauta coincidió con el último dato de inflación. Esto llevó a que los acuerdos firmados fueran acompañando (desde atrás) a la inflación mensual. 

Como la inflación mensual fue bajando y las paritarias se firman por varios meses, los salarios negociados quedaron por arriba de los precios, lo que derivó en una recuperación del poder adquisitivo. Un proceso de ancla salarial con ganancia real, es decir, no conflictivo.

Sin embargo, el año 2025 con seguridad será diferente al 2024. La economía está ingresando a una nueva etapa en la que se agotan los efectos de la desinflación y aparecen dificultades. 

Las perspectivas pueden pensarse bajo la idea de una economía que está dejando atrás la etapa de recuperación y se enfrenta a los desafíos de la estabilización en un año electoral. La nueva etapa estará signada por los esfuerzos necesarios para terminar con la inflación. 

En ellos, se ponen de manifiesto las tensiones distributivas, la existencia de inercia inflacionaria -que dificulta la baja de la inflación del 2%- y los problemas de la apreciación cambiaria que tensionan la principal ancla del sistema de precios: el tipo de cambio.

En un escenario sin grandes disrupciones identificamos tres dinámicas: 

  1. Paritarias con caída del poder adquisitivo.
  2. Límites a recuperación de los ingresos de informales y haberes previsionales.
  3. Una pobre creación de empleo. 

En primer lugar, el cierre de la mayor parte de las paritarias (especialmente las que afectan a numerosos trabajadores) dan cuenta de una pauta salarial sumamente exigente que derivó en una caída del poder adquisitivo del salario negociado en los primeros meses del año. La inflación, por encima del 2% superó a los salarios negociados en enero y febrero (1,8 y 1,5%, respectivamente). 

Si bien es un proceso que tiene pocos meses, implica una interrupción de la dinámica previa y una incógnita sobre el comportamiento de las negociaciones en el 2do trimestre del año. Por lo pronto, el proceso virtuoso de desinflación y paritarias a la baja se interrumpió. De cara al año electoral, esto implica complicaciones para el gobierno.

En segundo lugar, los ingresos de los informales y los gastos relacionados con la política fiscal no tendrán la dinámica de recuperación de 2024. El aumento de los ingresos de los sectores informales en el segundo semestre fue muy dependiente de la desinflación y la actividad económica. En tanto el proceso de desinflación se agota y la capacidad de recuperación estará ligada a la actividad. 

El compromiso con la política de superávit fiscal por parte del gobierno, la constante licuación de los programas sociales y el bono de la jubilación mínima y una movilidad jubilatoria indexada mensualmente imposibilita recuperaciones reales en una economía que es incapaz de bajar sensiblemente la inflación. Los salarios públicos podrían mostrar cierto dinamismo en un año electoral, más impulsados por las provincias que por el Estado Nacional, renuente a valorizarlos.

En tercer lugar, la economía muestra baja creación de puestos de trabajo y un patrón del empleo con mayor precariedad. A pesar de la recuperación de la actividad económica, hasta diciembre, se recuperaron solo el 19.250 de los 157.000 puestos de trabajo privados registrados, el 10%. Las altas por empleo no muestran una recuperación consistente sino volátil. 

A esto se suma que el patrón de mayor precariedad implica menores ingresos: en promedio los no registrados cobran aproximadamente un 40% de los registrados. Este proceso implica que, si la recuperación de la actividad genera poco empleo registrado, los efectos del ajuste inicial perdurarán y consolidarán algunos de los aspectos estructurales más negativos del actual proceso económico: el aumento de la desigualdad.

Por último, a la hora de entender la recuperación de ingresos, es importante poner los actuales niveles de ingreso en perspectiva. 

Aún con la recuperación, los salarios privados están en los niveles más bajos de los últimos 14 años, cercanos a 2010. Las jubilaciones tienen un nivel aún más bajo, asimilables con la realidad de 20 años atrás, del año 2005. Estos niveles de ingreso están asociados históricamente a momentos de tensión y disconformidad con la situación económica que apoyan la hipótesis del conflicto distributivo, telón de fondo de la inflación en argentina. 

Sin perspectivas de recuperación de los ingresos, una vez digerido el éxito de la desinflación, cabe preguntarse si no se reactivarán los históricos mecanismos asociados a dicho conflicto. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar