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La clase media brasileña

Una flamante potencia global.

03-10-2012
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Si la clase media brasileña fuera un país, ocuparía el 12° lugar en el ranking de los mercados de consumo (por delante, entre otros, de Holanda y Suiza). El dato es una de las revelaciones que surge de un estudio oficial recientemente divulgado: Vozes da Classe Media, encargado por la Secretaría de Asuntos Estratégicos. Allí se anticipa, además, que el gasto de las familias ubicadas en el escalón C de los estratos sociales alcanzará a alrededor de un billón de reales durante este año, alrededor de una cuarta parte del PIB brasileño.

El sector abarca a una población de 104 millones de personas (algo más de la mitad de los residentes en Brasil), de los cuales 35 millones se incorporaron a las filas de la clase media durante la última década. Las transformaciones que se gestaron durante este período (que comprende el último tramo de gobierno de Lula da Silva y el primero de Dilma Rousseff) son llamativas. El estrato medio representaba, en 2001, el 38,6% de la población y trepa ahora al 53,9%. Y este avance se logró, claramente, con el achicamiento de las capas más bajas del espectro socioeconómico: la D bajó del 42,8% al 31,7% y la E (conformada por los más pobres) retrocedió del 10,1 al 3,6%. Los dos escalones superiores se agrandaron moderadamente: el B pasó de 5,8 a 7,6%. Y la codiciada clase A subió de 2,7 a 3,2%.

La participación en el mercado de consumo también ha atravesado una radical transformación. En 2003, la suma de los estratos A y B aportaba algo más de la mitad del total, con 56,4%, en tanto que ahora retrocede a un segundo escalón, con 39,9%. La clase C, que contribuía con 27,9% del gasto, ahora se encarama al tope del podio, con 44,3%. Los sectores pobres (D y E) no muestran, por su lado, casi ningún cambio, continúan participando con algo menos del 16%.

El auge de los servicios

No se trata solamente de un salto en el volumen de los consumos, sino de un cambio de naturaleza. En 2001, los brasileños de clase media destinaban 50,5% de sus gastos a la compra de productos y 49,5% a diversos servicios. Ahora, la proporción destinada a la adquisición de bienes baja a 34,8%, en tanto que casi dos tercios (65,2%) van a los servicios.  Los bancos han sido grandes beneficiarios de este vuelco. Los estratos más ricos (A y B) son, como era de esperarse, los más bancarizados, con 91% de usuarios.

Pero la clase media exhibe también un elevado índice, de 81%, lo que refleja el resultado de la masiva incorporación de sus integrantes al mercado laboral formal, que normalmente conlleva la apertura de una cuenta bancaria. La brecha con los sectores más humildes es considerable, si se tiene en cuenta que la clase D muestra una tasa de bancarización del 63% y la E apenas araña el 47%.

En sintonía con estas tendencias, y para atraer los ahorros de este nuevo público, el Tesoro brasileño acaba de anunciar la salida al mercado de títulos públicos con un valor nominal de 30 reales. Otro servicio que ha cosechado enormes beneficios con el avance de la clase media es el de las tarjetas de crédito: el 51% de sus usuarios pertenecen al estrato C. Los planes de jubilación privada, por otro lado, han generado un verdadero boom en los sectores medios, de los cuales el 45% ha optado por contratar sus servicios, un índice aún superior al que exhiben los sectores más pudientes, con 43% de adhesiones.

Otro fenómeno notable es el constante incremento de los usuarios de Internet. El año pasado, 77,7 millones de personas mayores de diez años de edad ingresaron a la Web, lo que equivale a una expansión de casi 15% con respecto a las cifras de 2009. Esto significa que en ese período casi 10 millones de usuarios se sumaron al público de Internet. Esto se relaciona, por supuesto, con el extraordinario aumento en el número de hogares que disponen de una computadora o un teléfono celular. Según las estadísticas oficiales la PC con acceso a la Web es el bien durable que más incrementó su presencia en las viviendas en el período 2009-2011. El 22,4% de los 61,3 millones de domicilios particulares permanentes que existen en el país poseen una computadora conectada a Internet. En 2009, había 58,5 millones de hogares, de los cuales sólo el 16% contaban con una PC con acceso a la Web. En cuanto a los celulares, su presencia creció de 24,1 a 30,5%.

Lo que hay detrás

Las encuestas respaldan con cifras el impacto del cambio: 46% de las personas de clase media consultadas para el estudio opinan que su vida, en términos económicos, ha mejorado, frente a apenas 9% que percibe un empeoramiento.

En cuanto a lo que puede deparar el futuro, los investigadores advierten que el ritmo del avance de la clase media tenderá a moderarse, y en 2022 llegará a representar el 57% de la población. Esto se debe a que la base de pobres será menor si se mantiene la tendencia. El crecimiento económico de Brasil ha sido un factor importante, pero no el más determinante en este proceso. “Si no hubiéramos acompañado la expansión con una política de mayor equidad, nuestra clase media hubiera aumentado sólo en 5%”, dijo Ricardo Paes de Barros, secretario de la Oficina de Acción Estratégica y uno de los responsables del estudio Vozes da Classe Media.

De los 35 millones de nuevos integrantes de la franja C, se estima que 8 millones se explican por el crecimiento demográfico y 29 millones por el ascenso del poder adquisitivo de la población de los estratos más pobres. Esto se correlaciona con otros indicadores, como el aumento de la renta promedio de los brasileños. Durante la última década las familias en general vieron mejorar su nivel de ingresos en un 2,4% anual, en tanto que en el sector medio la mejora fue del 3,5%. En consonancia con esto, los cálculos oficiales muestran que los salarios más bajos fueron los que exhibieron mayores magnitudes de crecimiento entre 2009 y 2011. En el decil peor remunerado, el ingreso medio por trabajador ascendió de 144 a 186 reales. La categoría más beneficiada fue la del trabajo doméstico informal, habitualmente la más afectada por la precariedad.

La lucha contra la desigualdad dio resultados concretos, medidos por el conocido coeficiente de Gini (que muestra mejores condiciones a medida que desciende a cero). De 0,518 en 2009 pasó a 0,501 en 2011. La única excepción a este cuadro se encuentra en la zona Norte de Brasil, donde el índice pasó de 0,488 a 0,496. Aun así, el camino a recorrer en materia de equidad es todavía largo y dificultoso. El 10% de la población ocupada con ingresos más elevados concentra el 41,5% del total de remuneraciones. Es cierto que hay un progreso con respecto a 2009, cuando la capa mejor posicionada concentraba el 42,5% de la masa de sueldos. La brecha del género también se hace sentir, aunque un poco menos. La renta media mensual de los hombres ocupados es de 1.417 reales, frente a los 997 reales de las mujeres, lo que significa que los sueldos de la fuerza de trabajo femenina equivalen al 70,4% de los que cobran los hombres. Pero la situación refleja, también, un progreso frente a lo que se veía en 2009, cuando la proporción era de 67,1%. Por otro lado, una clara indicación de que el fenómeno incluye una fuerte tendencia a la equidad racial es que casi el 80% de los nuevos integrantes de la clase media son negros.

Otro desafío importante está en el terreno de la educación. Mientras en los estratos superiores de la sociedad la permanencia en el sistema escolar registra un promedio de doce años, en los sectores medios el índice baja a ocho años. Pero esto tiende a cambiar, puesto que el 68% de los jóvenes del estrato C alcanza un nivel de educación superior al de sus padres (en el segmento más alto, en cambio, la proporción desciende a 10%).

Recuadro: Oportunidades y desafíos

Para los empresarios argentinos, el surgimiento de una poderosa clase media en el mercado vecino (y socio del Mercosur) no puede ser más auspicioso. Una de las mayores dificultades para avanzar allí ha sido, tradicionalmente, el enorme desafío de conquistar a millones de consumidores pobres, a los que obligatoriamente hay que llegar con precios bajos y una gran economía de escala. Ahora se trata de apelar a los gustos y necesidades de un sector social en ascenso y, supuestamente, más inclinado a pagar por recibir buena calidad.

Sin embargo, puede resultar engañosa la noción de que los consumidores de la nueva clase media brasileña son muy parecidos a sus pares argentinos. Los expertos en marketing del vecino país advierten que allí los miembros del segmento C manifiestan claras preferencias por los productos salidos de la industria nacional y que prestan mucha atención a las diferencias de precios. Según Renato Meirelles, director de la firma investigadora Data Popular (que colaboró con el estudio Vozes da Classe Media), “el aumento del ingreso y del empleo formal, con la consiguiente expansión del crédito, le dieron libertad de elección a un consumidor que cuenta los centavos y no puede permitirse el lujo de equivocarse”. “El tradicional y elitista concepto de motivación aspiracional no se le aplica a este nuevo consumidor, un ciudadano orgulloso de sus raíces”, continúa.

Meirelles y otros investigadores afirman que es un error suponer que la clase C quisiera ser como la A o la B. Los patrones de conducta son muy diferentes, y eso se nota con claridad en el mercado femenino. Entre las brasileñas de clase media no rige el culto a la delgadez que predomina en los estratos más altos, y hay claras preferencias por los colores vivos, más ligados a la cultura brasileña.

Cómo cambió la pirámide social

2001

Clase A    2,7 %

Clase B     5,8 %

Clase C     38,6 %

Clase D    42,8 %

Clase E     10,1 %

2011

Clase A     3,2 %

Clase B      7,6 %

Clase C      53,9 %

Clase D      31,7 %

Clase E      3,6 %

Acceso a los servicios bancarios

A-B  91 %

C       81 %

D       63 %

E        47 %

Participación en el consumo

2003

A-B      56,4 %

C           27,9 %

D-E      15,7 %

2011

A-B      39,9 %

C           44,3 %

D-E       15,8 %

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