Un nuevo frente de inestabilidad se abrió en el mercado cambiario con la decisión del Banco Central de poner fin a las Letras Fiscales de Liquidez (LEFI), una herramienta clave para absorber pesos y controlar la base monetaria. Desde el jueves pasado, la entidad dejó de licitarlas y el stock remanente será canjeado esta semana por una canasta de letras del Tesoro de corto plazo. La medida coincide con una fuerte baja en las tasas de instrumentos en pesos y genera expectativas de mayor presión dolarizadora.
La salida de las LEFI implicará un cambio profundo en el esquema monetario. Según Delphos, con la inflación en descenso, el Gobierno busca redirigir los fondos hacia instrumentos del mercado secundario, eliminando la tasa de política monetaria como ancla y dejando que el mercado determine los rendimientos. Esto representa un viraje hacia un régimen basado en el control de agregados monetarios, donde la liquidez será manejada únicamente mediante operaciones con títulos públicos.
La reacción del mercado no se hizo esperar. El jueves, las tasas de interés a un día se desplomaron al 12% anual, el menor nivel en cinco años. Las Lecap de corto plazo también cayeron más de 300 puntos básicos en una sola jornada, reflejando el efecto de un mercado sin la "ventanilla" del BCRA. Consultoras como LCG advierten que aún no está claro cómo se administrará la liquidez y que esta transición puede ser transitoria pero desordenada.
Analistas anticipan mayor volatilidad en las próximas ruedas. A la baja de tasas se suman otros factores: menor oferta del agro, más demanda estacional de divisas y el impacto político del revés sufrido por Javier Milei en el Senado. Desde la consultora 1816 señalaron que la transformación en la administración de liquidez puede afectar de lleno a las tasas cortas y, en consecuencia, al tipo de cambio.
Persiste la incógnita sobre el accionar del Central. En el mercado esperan señales sobre una posible intervención en el secundario para canalizar liquidez y sobre si se avanzará con la reducción de encajes, como anticipó Bausili. De no haber claridad, el sistema podría entrar en una etapa de tasas cortas más volátiles y estructuralmente más bajas, afectadas por el mayor peso de depósitos no remunerados y la carga impositiva sobre las cauciones.


