La Revolución Ozempic, que se expande por buena parte del mundo, también avanza a ritmo acelerado en Argentina. Ese fármaco que fue desarrollado para regular el azúcar en sangre en personas con diabetes tipo 2 se ha masificado gracias a un efecto secundario inesperado: estudios clínicos demostraron que algunos pacientes podían bajar entre 10% y 17% de su peso corporal con el uso sostenido del medicamento.
La semaglutida, cuyo nombre comercial más conocido es Ozempic, imita al GLP-1, una hormona natural que se libera en el intestino tras comer. Al unirse a los receptores del cuerpo, el medicamento disminuye la cantidad de azúcar que produce y libera el hígado, además de ayudar al páncreas a liberar insulina cuando los niveles de azúcar están altos. Sin embargo, más allá de esos evidentes beneficios para pacientes diabéticos, gran parte de su consumo obedece a otro efecto.
“El fármaco simula una hormona que tenemos en nuestro cuerpo, pero que está un minuto y medio y se esfuma”, dijo a El Economista la médica nutricionista Valeria Zlotnitzky (Matrícula Nacional 133415). “Esa hormona da saciedad, retarda el vaciamiento gástrico: la comida está mucho más tiempo en el estómago, lo que da la sensación a las personas de sentirse llenas, sin tanto pensamiento con relación al alimento”, agregó.
Con esos efectos en plazos cortos, sumado a una profusa campaña publicitaria que incluyó la viralización de videos de influencers pregonando en redes sociales sus beneficios para adelgazar, el uso de Ozempic se ha venido multiplicando desde 2017, año en que fue aprobado por la Food and Drug Administration (FDA) en Estados Unidos solo para pacientes con diabetes tipo 2. Un año después el medicamento fue autorizado en la Unión Europea. Ya a mediados de 2021, la empresa farmacéutica danesa Novo Nordisk, que había desarrollado el Ozempic, lanzó Wegovy, un fármaco que comparte el mismo principio activo (semaglutida) pero que está formulado con la dosis exacta para lograr un mayor impacto en la saciedad de pacientes con obesidad.
Por lejos, el mercado más importante para esos medicamentos es el estadounidense, que representa cerca del 70% de las ventas globales de Novo Nordisk. Allí, luego de las campañas de masificación llevadas adelante por figuras públicas que van desde el magnate Elon Musk hasta la tenista Serena Williams, una de cada ocho adultos ya ha probado las inyecciones de GLP-1, según un reciente artículo del diario británico Financial Times. Esa tendencia promete tomar aún más velocidad tras el lanzamiento comercial de la píldora oral de Wegovy a inicios de este año.

¿Qué pasa en Argentina?
La avanzada Ozempic también viene acelerando en Argentina. El fármaco fue aprobado por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) en 2021 para el tratamiento exclusivo de adultos con diabetes. Dos años después, fue autorizado Wegovy específicamente para el tratamiento de la obesidad y el sobrepeso en adultos y adolescentes mayores de 12 años. Estos medicamentos, que se administran mediante una inyección subcutánea en el abdomen, el muslo o el brazo una vez por semana, requieren prescripción médica obligatoria.
Más allá del consumo de un fármaco que viene demostrando ser muy útil para tratar la obesidad dentro de un plan integral con supervisión médica, el uso de los medicamentos derivados de la semaglutida también viene multiplicándose bajo el impulso de mensajes que fomentan la obsesión por la delgadez, un escenario que se amplifica con la cultura del exhibicionismo en las redes sociales.
Esa tendencia se potencia en Argentina por otras dos razones clave.
Por un lado, si bien la droga solo puede ser suministrada con receta médica para ser aplicada a personas con un índice de masa corporal mayor a 30 (obesidad) o a quienes registren un índice de entre 27 y 30 (sobrepeso) que tengan enfermedades asociadas al exceso de grasa corporal, la farmacia no está obligada a retenerla dado que la venta no es archivada, salvo que la compra sea a través de una obra social o prepaga. “La receta médica es obligatoria, pero al no entrar por prepaga, en muchas ocasiones en las farmacias se la venden igual a los pacientes”, dijo Zlotnitzky.
El otro factor que está impulsando las ventas, al menos para un segmento social, es la reducción del precio. El laboratorio ELEA, de las familias Sigman, Sielecky y Gold, lanzó Dutide y Obetide, las versiones locales de Ozempic y Wegovy, a fines de 2024 y 2025 respectivamente, a un precio mucho menor. Mientras el tratamiento mensual en su dosis máxima (2.4 mg) del Obetide tiene un costo que ronda los $280.000 para las dosis de mantenimiento, el del Wegovy llega a casi $700.000.
“La gente busca el acceso al medicamento a través del precio”, dijo a El Economista la farmacéutica Graciela Luraschi, consultora de obras sociales y presidenta del capítulo argentino de la organización Sociedad Internacional de Farmacoeconomía e Investigación de Resultados (ISPOR, por sus siglas en inglés). “Farmacias ven un crecimiento del Obetide que llega casi a un 2.000% en abril de este año con respecto al mismo mes de 2025, mientras que las ventas de la marca original crecieron en torno al 170%”, agregó.
Esa tendencia también se ve reflejada en los consultorios. “El 90% de mis consultas de obesidad está relacionado al uso de fármacos”, dijo la médica nutricionista Zlotnitzky. “El tema es el acceso: no todos lo tienen por el precio, y el nacional, que es más económico, está en falta, no se consiguen todas las dosis se supone por la alta demanda”, añadió.
Beneficios y riesgos
Las ventas de Ozempic y Wegovy, junto a la de sus copias locales, se vienen multiplicando en buena parte gracias a sus beneficios. “Para los pacientes con obesidad es un gran fármaco”, señaló Zlotnitzky. “Es una gran herramienta, por eso no nos gusta que se mal use”, agregó.
Entre esos usos incorrectos sobresale el dirigido a fines meramente estéticos. “Parte de las ventas están sucediendo para personas que quieran adelgazar los tres o cuatro kilos que ganaron en el invierno, y el medicamente no es para eso”, dijo Luraschi. “La gente tiene que tomar conciencia de que es un proceso de uso crónico: hay una respuesta rápida, pero el uso debe ser de al menos un año en el caso de obesidad”, añadió.
Esos malos usos se agravan si se tienen en cuenta los efectos secundarios de estos medicamentos, que van desde náuseas y vómitos hasta desequilibrios hormonales y problemas de vesícula. Además, sin control, su uso puede provocar mayor pérdida de masa muscular -no de grasa- que la aconsejable.
Otro de los riesgos que advierten los profesionales es que la suspensión abrupta del tratamiento puede hacer que la enfermedad resurja. Esto es, que una persona, luego de bajar, por ejemplo, 20 kilos, los vuelva a aumentar ya sin la medicación, una variación que puede derivar en severos problemas de salud. “La medicación sólo actúa cuando se usa: cuando se deja de usar y si la persona en ese período no modificó sus hábitos de alimentación y actividad física, se vuelve a la etapa anterior de más hambre y peores elecciones alimentarias”, dijo Zlotnitzky.
La avanzada global del Ozempic se replica en Argentina. Su alto consumo en casos de obesidad llegó incluso a provocar faltantes temporarios del medicamento para pacientes diabéticos. La ola avanza, pero para que los beneficios predominen sobre los efectos negativos será clave que los mensajes relacionados con estos medicamentos dejen en claro una condición crucial: deben ser indicados por un médico y consumidos dentro de un plan integral supervisado por un profesional.