por Héctor Rubini (*)
El primer semestre del año concluyó con sabor agridulce. Comenzó impulsado por la exitosa salida del cepo cambiario y una devaluación del peso sin estallido inflacionario. La resolución del conflicto con los holdouts, si bien costosa, demostró que con decisión y esfuerzo se pueden alcanzar objetivos bien enfocados y con una estrategia bien estudiada.
Pero?
Los éxitos iniciales se fueron olvidando con el avance de la inflación y el enfriamiento de la actividad económica. Desde mayo las autoridades están tratando de moderar expectativas y sostener cierta credibilidad. Objetivamente podríamos estar bastante peor, pero las acciones rumbo a un sendero de mayor crecimiento y menor inflación son parciales y poco convincentes.
La relativa estabilidad cambiaria ha sido un gran éxito, pero la errática política tarifaria y de ingresos, sumada a la lenta corrección del desbalance fiscal heredado, configuran un escenario no muy diferente del heredado: estanflación, insuficiente competitividad, falta de inversiones, desequilibrio fiscal histórico y falta de definiciones claras en materia de reconversión productiva.
Las preguntas Además, tampoco se conoce el rumbo de las políticas para incrementar la oferta local de energía y de hidrocarburos. A su vez, el intento de mani pulite en el ámbito de los contratistas de obras públicas no es claro que haya llegado a su fin. ¿La reactivación de la construcción de obras de infraestructura se ejecutará entonces con los mismos contratistas que en el presente, o en el futuro próximo, perciben un verdadero calvario por tribunales federales? ¿O deberá convocarse a contratistas extranjeros y bajo qué condiciones? Otras preguntas incómodas se presentan en otros sectores. En el caso de la minería, inexplicablemente se redujeron a cero las retenciones a las exportaciones para incentivar inversiones y las exportaciones del sector. ¿Suficiente para reactivar la economía y crear empleo? No hay evidencia convincente al respecto.
La reducción y eliminación de retenciones a las exportaciones de granos también fue una gran noticia en diciembre pasado. Pero la consecuente suba en el precio interno de maíz y otros granos requeridos para la ganadería, la actividad avícola y los tambos ha complicado seriamente a estos sectores. ¿Nadie advierte al ministro del sector o al jefe de Gabinete de la relevancia de los efectos cruzados de las subas o bajas de alícuotas de algunos impuestos sin modificar otros? ¿Es el objetivo limitar el agro pampeano a soja, trigo y maíz, y pasar a importar todas las materias primas para el resto de los alimentos de consumo interno? Es hora ya de hablar claro sobre estas cuestiones.
En materia de la administración del sector público, la conducción con varios equipos económicos agravó la debilidad del control de la herencia recibida. Para evitar conflictos, la remoción de personal redundante ha sido mínima, y se amplió la cantidad de ministerios a más de veinte. Más allá de la necesidad de que no haya superministros, en materia económica no se puede tener control único y coordinado cuando media docena o más de ministros con su equipo económico propio.
A esto cabe sumar el de cada uno de los bancos estatales, incluido el BCRA, cuyos titulares son candidatos “cantados” a ser el nuevo Ministro de Hacienda. ¿Agregó valor aumentar la cantidad de ministerios y de decenas de coordinares con rango y sueldo de subsecretario? En concreto, ¿qué ha “modernizado”, concretamente, el nuevo Ministerio de Modernización?
Para la formación de expectativas, la política monetaria y cambiaria es relativamente prudente, pero subordinada a financiar el persistente déficit fiscal. Sin embargo, si no se avanza rápidamente en desregular mercados y reducir la baja de impuestos en la economía real, la idea de pretender estabilizar miles de precios usando sólo la tasa de interés de las Lebac carece de sentido alguno. La economía argentina no es de mercados libres, y mientras persistan controles a tarifas y salarios, sin una definición clara de sus futuros ajustes, un régimen de metas de inflación tendrá éxito sólo por casualidad. Más aún, no se sabe si en el futuro se mantendrá sin cambios o no la actual subordinación del BCRA al Fisco. Al menos hasta las elecciones legislativas del año próximo todo indicaría que no.
¿Entonces? En el corto plazo, las autoridades apuestan ahora a que se reactive la economía con el pago de deudas con jubilados y pensionados, y a financiarlo con ingreso de capitales incentivados por el blanqueo impositivo. Para ser exitoso, el nuevo régimen debería lograr que Argentina pase a ser un país más atractivo que otros, pero el blanqueo de nuestro país parece haber sido opacado por el aprobado por Indonesia en la semana pasada: allí quienes repatrien y transparenten sus fondos ocultos pagan una penalidad entre 2% y 5%. En el caso argentino, más allá de ciertos detalles y complejidades, se trata de una penalidad entre 5% y 15%. ¿Atractivo? No mucho...
Atraer capitales requiere no sólo reglas de juego favorables a la actividad empresarial, sino que se respeten y que sean estables. Por citar un caso extremo, un país monopartidario y mucho menos permisivo, como la República Popular China, es más atractivo para locales y extranjeros por la estabilidad de sus reglas de juego para los inversores del exterior. No hace falta citar números para recordar que en los últimos 25 años la inversión extranjera directa recibida por Argentina no puede ni compararse con la recibida por China. Tampoco su sendero de crecimiento económico.
Los desafíos
El segundo semestre debiera ser de definiciones y cambios concretos, y no sólo en discursos. El ingreso de capitales es necesario, pero si no se define de manera precisa de qué forma abandonar un sendero de parches de corto plazo como el de la administración anterior, no va a cambiar nada. Sin señales claras, se complica formular presupuestos, proyecciones y planes de inversión. Peor aún, la estanflación no sólo se mantendrá en este año. Podría extenderse a 2017, complicando seriamente las aspiraciones del oficialismo para las elecciones legislativas. El blanqueo, de todas formas, es una medida de única vez en el sentido correcto, pero el inicio de los círculos virtuosos del crecimiento de la oferta y de la demanda de bienes, y con menor inflación, requiere un programa de estabilización y un plan integral de desarrollo económico. Algo de lo que cada tanto se habla, pero en concreto todavía no se ve absolutamente nada.
(*) Instituto de Investigaciones en Ciencias Económicas de la USAL.