Impacto

Cada vez más cerca de volver al mercado

El plan económico de Milei logró hitos inéditos, pero el riesgo país sigue alto. ¿Qué frena la confianza del mercado? La respuesta no es técnica.
Milei acumula éxitos económicos inéditos, pero la confianza del mercado aún no vuelve. Pero está cerca. EE
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El mes pasado realizamos una encuesta entre participantes del mercado financiero. La pregunta era sencilla: ¿qué crees que es más importante para que baje el riesgo país? La abrumadora mayoría, casi 60%, argumentó que era necesario acelerar la acumulación de reservas. Cerca de un tercio consideró aún más relevante que el oficialismo obtuviera un buen resultado en octubre, para ratificar la política económica en las urnas y extender el horizonte del programa. El resto apuntó a la necesidad de profundizar el ajuste fiscal.

Todos estos factores parecen síntomas de una cuestión más profunda: lo que realmente falta es seguir reconstruyendo la confianza. A diferencia de ciclos de ilusión anteriores, hoy el inversor internacional se mueve con extrema cautela. Y no es para menos. La experiencia fallida de estabilización de la administración Macri, cuando el mercado apostó por un proceso de corrección macroeconómica demasiado gradual que terminó fracasando, dejó una huella. Ese desencanto, potenciado por lo que vino después, motivó un comportamiento mucho más prudente al llegar este nuevo intento estabilizador, ahora bajo la administración Milei. Mientras en 2016 el mercado optó por creer para ver; hoy, la lógica es la inversa: ver para creer.

Es indiscutible que la acumulación de reservas, el ajuste fiscal o el apoyo de la sociedad son factores muy importantes para el programa; pero la acumulación de logros en este año y medio del Plan Milei es abrumadora en comparación con las cuentas que todavía están pendientes para volver al mercado. 

Se eliminó el déficit fiscal, responsable de las grandes crisis de nuestra historia; y se lo hizo bajando el peso del Estado, sin aumentar los impuestos. Se resolvió el déficit cuasifiscal, clave para frenar la emisión endógena que espiralizaba la inflación. Se detuvo la destrucción patrimonial del BCRA, poniendo fin a décadas de dominancia fiscal y dando inicio a un proceso de recomposición de reservas que robustece el respaldo al peso. Se flexibilizaron precios relativos clave como la tasa de interés y el tipo de cambio, centrales para la asignación eficiente de los recursos en términos intertemporales (presente vs futuro) e intersectoriales (transables vs no transables). Se avanzó en la corrección de tarifas, hoy más cerca de reflejar los costos reales de provisión de los servicios, si bien todavía falta. Se restableció el comercio exterior paralizado por la acumulación forzosa de deuda comercial, se avanzó hacia una mayor apertura de la economía, se realineó a Argentina con el mundo occidental y se lograron avances importantes en la agenda de desregulación. Todo sin romper contratos, reestructurar deudas o expropiar al sector privado; un verdadero cambio de régimen.

Los resultados en variables sensibles para la sociedad fueron contundentes. La inflación cayó con una velocidad pocas veces vista en la historia de los grandes planes de estabilización que buscaron salir de inflaciones extremas o hiperinflaciones. A esta altura, la mayoría de los planes de estabilización de las últimas décadas ya habían fracasado o se encontraban estancados en niveles de inflación mucho más altos. Solo la convertibilidad logró un desempeño similar, aunque con una regla monetaria-cambiaria mucho más rígida. Más allá de los logros inflacionarios, la estabilización actual se logró con una recuperación tangible de la actividad, el salario real y el consumo privado. Todo quedó reflejado en la caída de la pobreza; que, tras saltar del 41,1% en noviembre 2023 al 51,4% en junio de 2024, se habría desplomado a la zona de 31,6% en el primer semestre de 2025 según las estimaciones de Martín González-Rozada. Por eso, no sorprende ver que el avance del plan de estabilización se da en un contexto de alta aprobación social.

A pesar de la impresionante acumulación de logros, el escepticismo persiste porque el mercado todavía espera confirmaciones. La confianza perdida en décadas no se recupera en meses. Y aunque el grueso del esfuerzo ya se hizo, todavía quedan desafíos: terminar de remover los controles cambiarios, reforzar las reservas, consolidar el ajuste fiscal, bajar la presión tributaria y profundizar la desregulación. 

Aun así, la dirección que busca el equipo económico es clara y la tendencia que lleva el programa también. Sosteniendo el rumbo y teniendo algo de suerte con el escenario internacional, será cuestión de tiempo para que Argentina termine de convencer a los inversores internacionales y logre recuperar el acceso al mercado. Y quienes vean esa oportunidad más temprano correrán con ventaja.

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