Bonar 2029N: una señal que suma, pero no alcanza
En la licitación del pasado miércoles 10, el Tesoro colocó el nuevo Bonar 2029N a un precio de US$ 91 y logró financiarse por US$ 910 millones, dentro del rango que el propio Gobierno había anticipado. El precio de emisión implicó una TIR en dólares del 9,26%, algo por encima del objetivo oficial aunque aproximadamente 100 pb por debajo del nivel consistente con la curva de soberanos en dólares bajo legislación local. El resultado fue sólido, aun cuando la emisión no se hizo en el mercado internacional sino en dólares MEP.
Con matices, el Gobierno consiguió lo que buscaba: enviar una señal de normalización progresiva y mostrar un paso más en el intento de reabrir el acceso al crédito en dólares.
Sin embargo, la señal que dejó la operación es que una parte no menor de la demanda habría sido inducida por recientes modificaciones regulatorias aplicables a compañías de seguros y reaseguradoras, entre otras, que elevaron el atractivo relativo del instrumento.
Con esta colocación, el Tesoro cubrió una parte de las necesidades de financiamiento para enero, pero en lo estrictamente coyuntural, el punto pendiente ahora es saber cómo planea el Gobierno obtener los más de US$ 3.200 millones restantes necesarios para cubrir los vencimientos de enero.
Pero el punto central trasciende la coyuntura. El verdadero desafío sigue siendo el mismo: que Argentina vuelva de manera plena y genuina al mercado voluntario de deuda internacional. ¿Por qué es tan relevante? Sin acceso genuino a crédito, el Estado queda restringido a cuatro fuentes: organismos multilaterales, ayudas soberanas como el esquema Trump-Bessent, financiamiento doméstico en un mercado pequeño y volátil, o emisión monetaria. Ninguna de estas alternativas es sostenible en el tiempo y todas conllevan costos macroeconómicos o políticos significativos.
La ausencia de financiamiento voluntario dificulta la administración de vencimientos, impide la construcción de un perfil de deuda ordenado y, en última instancia, condiciona cualquier estrategia de consolidación fiscal.
Recuperar ese acceso también es clave para reducir el riesgo país. Un soberano que vuelve a emitir deuda a tasas razonables no solo mejora su propio costo de capital, sino que facilita el financiamiento corporativo: cuando el Estado está excluido de los mercados, las empresas terminan pagando un sobrecosto que limita la inversión y frena proyectos productivos.
Además, el ingreso de capitales de largo plazo contribuye a fortalecer las reservas internacionales, reduciendo la vulnerabilidad cambiaria y ofreciendo un mayor margen de maniobra frente a shocks externos. La propia señal de retorno al mercado —basada en disciplina fiscal, estabilidad regulatoria y menor incertidumbre política— ayuda a reconstruir credibilidad y previsibilidad.
En definitiva, volver al mercado voluntario no es un objetivo en sí mismo, sino un paso necesario para que la economía argentina funcione con menos fricción, más inversión y un sendero de crecimiento sostenible.