Enzo Trossero

"A Bilardo le tiré un café porque no me llevó al Mundial"

La decisión de excluirlo de la lista definitiva cayó como un golpe inesperado para un jugador que había sido titular durante toda la Eliminatoria y que sentía que su lugar estaba asegurado
Carlos Bilardo fue campeón con Argentina en México 1986 y la llevó a la final cuatro años después en Italia
Julián Castro 03-03-2026
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En el fútbol argentino abundan las historias que combinan gloria, bronca y revancha. La de Enzo Trossero las concentra todas en una escena tan inesperada como elocuente. Dolido por haber quedado afuera de un Mundial, se plantó frente a su entrenador y le tiró un café. Un gesto impulsivo, casi cinematográfico, que con el paso de los años no perdió fuerza y todavía hoy le retumba en la memoria.

El destinatario fue Carlos Bilardo, el técnico que meses después conduciría a la Selección Argentina a la conquista de México 1986. La decisión de excluirlo de la lista definitiva cayó como un golpe inesperado para un jugador que había sido titular durante toda la Eliminatoria y que sentía que su lugar estaba asegurado.

Trossero fue uno de los grandes defensores del fútbol argentino. Ídolo de Independiente, donde ganó múltiples títulos internacionales, combinó firmeza defensiva con una sorprendente vocación ofensiva. Marcó 89 goles en 534 partidos, una cifra excepcional para un marcador central. Su potencia aérea y su liderazgo lo convirtieron en referencia tanto en su club como en la Selección. Sin embargo, su vínculo con la camiseta de la Selección Argentina estuvo atravesado por frustraciones.

En 1978 integró la preselección de 40 jugadores, pero quedó afuera del Mundial que finalmente Argentina ganaría en casa. En 1982 fue convocado por César Luis Menotti y viajó a España, aunque no jugó ni un minuto: el capitán y titular indiscutido era Daniel Passarella.

Junto al titular en su puesto, Daniel Passarella. Enzo Trossero estuvo en España 1982, pero no jugó ningún minuto.

Cuatro años más tarde, el golpe sería todavía más duro. Con la llegada de Bilardo, Trossero volvió a ser considerado y tuvo un rol clave en el inicio del ciclo. "En las Eliminatorias jugué muy bien, estuve entre los de mejor rendimiento y sentía que iba a México '86", recordó en diálogo con El Economista. Sin embargo, cuando llegó la cita definitiva, el desenlace lo sorprendió.

"Un día Carlos me citó en un bar que quedaba en Juan B. Justo y Corrientes, donde ahora hay una estación de servicio. Me tuvo media hora hablando y después me limpió. Me dijo: 'Bueno, Enzo, no te voy a llevar como jugador, pero si querés te llevo como amigo o como ayudante'. Entonces ahí agarré el café, se lo tiré y me fui. Fue un momento difícil porque yo había jugado todas las Eliminatorias. Hasta el último partido contra Perú, que hay una foto ahí que estoy sangrando porque me rompieron todo el ojo. Fue una injusticia muy grande para mí. Pero bueno, fue así lamentablemente", contó, entre risas. Una reacción impulsiva, hija de la frustración y del sueño truncado.

Meses después, la Argentina se consagraría campeona del mundo en México, con Diego Maradona como líder indiscutido. Para Trossero, el título no borró la herida personal.

Enzo Trosero enfrentando a Brasil en el Monumental, con la camiseta de la Selección Argentina

De la bronca a la reconciliación

Tras quedar afuera del Mundial de México 1986, Trossero regresó a la Argentina con la ilusión de relanzar su carrera. Probó suerte en River durante un torneo internacional, pero no logró quedarse. Su siguiente destino fue Estudiantes de La Plata, aunque una lesión en el tendón de Aquiles terminó acelerando un retiro que llegó antes de lo previsto.

Colgó los botines en 1986. Tenía apenas 32 años y, lejos de la nostalgia, ya tenía claro el próximo paso: quería ser director técnico. "Muchos jugadores se fueron para el lado de empresario y yo quería ser director técnico", aseguró. En una época en la que los futbolistas se retiraban alrededor de los 32 o 33 años, el paso hacia la dirección técnica llegaba mucho antes que en la actualidad. Durante sus últimos años como jugador ya imaginaba ese futuro y lo comentaba con Ricardo Giusti, con quien compartía viajes: "Yo le decía que iba a ser entrenador y él que sería representante. Y pasó exactamente eso".

Mientras cursaba el título en la escuela de técnicos de la AFA, en una etapa en la que las clases eran presenciales y tenían como referentes a pesos pesados como Menotti, Bilardo y Carlos Pachamé, el defensor campeón de América y del mundo con Independiente recibió un llamado inesperado. A través de Julio Grondona, Bilardo lo invitó a su casa. Ese encuentro marcaría el inicio formal de su nueva etapa en el fútbol.

"Grondona me comentó que Bilardo quería hablar conmigo. Fui a su casa y me dijo: 'Pachamé y el profe sostienen que yo me equivoqué con vos en la lista de México, pero para mí no. Ahora quiero proponerte si querés venir de ayudante nuestro, pero sin hablar de aquel tema que ya pasó'", le dijo el DT campeón del mundo.

Tras pensarlo y recibir el consejo de su familia, aceptó. La experiencia se extendió durante casi tres años y lo llevó a participar como ayudante en la Copa América 1989 y en el Mundial de Italia 1990. De aquel gesto impulsivo pasó a una relación profesional basada en el aprendizaje. "Para mí fue una biblia", diría tiempo después sobre Bilardo.

La historia del café quedó como anécdota pintoresca, pero también como símbolo de lo que significa para un futbolista argentino quedarse afuera de un Mundial: orgullo herido, sueños que se derrumban y decisiones que marcan una vida. En el caso de Trossero, aquella bronca terminó transformándose en experiencia y en una nueva etapa dentro del mismo escenario que alguna vez lo dejó afuera.

Carlos Bilardo es una de las figuras más trascendentales en la historia de la Selección Argentina

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