La UEFA le impuso una durísima sanción a Prestianni por conducta discriminatoria y podría perderse el Mundial con Argentina
La sanción que oficializó la UEFA este viernes contra el delantero de Benfica, Gianluca Prestianni, no es una más: marca un punto de inflexión en la política disciplinaria del fútbol internacional y expone un caso que escaló de un cruce en cancha a un conflicto con impacto potencial en la Selección Argentina.
Tras más de dos meses de investigación por el episodio ocurrido ante el atacante del Real Madrid, Vinícius Júnior, en un partido de Champions League, el Comité de Control, Ética y Disciplina resolvió aplicar seis partidos de suspensión por conducta discriminatoria, encuadrada en el Artículo 14 de su reglamento.
Aunque en un primer momento la denuncia apuntaba a racismo, el fallo concluyó que los dichos del jugador argentino fueron de carácter homofóbico, algo que no atenuó la pena. Por el contrario, la UEFA equiparó explícitamente este tipo de insultos con otras formas de discriminación, reforzando una política de "tolerancia cero".
Tres partidos del castigo son de cumplimiento efectivo (uno ya fue cumplido de manera provisional en la revancha disputada en el Santiago Bernabéu) y los otros tres quedaron en suspenso por dos años, sujetos a que no haya reincidencia.
Sin embargo, el verdadero alcance del caso va más allá de esa sanción inicial. La UEFA dio un paso inusual al solicitar formalmente a la FIFA que extienda la sanción a nivel global. Si prospera, la pena dejaría de estar limitada al ámbito europeo y pasaría a convertirse en una restricción total para el futbolista, que con apenas 18 años había sido transferido en 2023 al Benfica por 9 millones de euros.
Si ese pedido es aceptado, el impacto sería directo: Prestianni no solo quedaría fuera de competiciones de clubes en Europa, sino también de cualquier partido oficial bajo jurisdicción FIFA, incluyendo compromisos con la Selección Argentina. En ese escenario, Lionel Scaloni podría verse impedido de convocarlo para el Mundial 2026, dependiendo del calendario en el que deba cumplir las fechas restantes.
El caso también se vuelve paradigmático por el contexto en el que ocurrió. Durante el partido disputado en el Estádio da Luz, el encuentro llegó a detenerse durante varios minutos tras la denuncia de Vinícius, en una de las aplicaciones más tensas del protocolo antidiscriminación de la UEFA en los últimos años. La investigación incluyó análisis de imágenes, testimonios y el propio descargo del jugador, quien admitió haber utilizado un insulto homofóbico ("maricón"), intentando desmentir la acusación de racismo, pero terminando igualmente dentro del mismo marco sancionatorio.
El mensaje del organismo europeo es contundente y deja en claro que ya no hay matices ni zonas grises para los insultos discriminatorios dentro del campo de juego. Incluso prácticas habituales como taparse la boca para evitar ser detectado dejaron de ser una garantía de impunidad frente a los avances en los sistemas de control y las investigaciones éticas.
Así, lo que comenzó como un episodio puntual en un partido entre Benfica y Real Madrid terminó derivando en una sanción que puede sentar precedente a nivel mundial, poniendo en jaque el futuro inmediato de un jugador joven y trasladando el problema desde un club a toda una selección nacional.