Un nuevo estudio del Trinity College de Dublín reveló que el daño cerebral en ex jugadores de rugby y boxeadores puede ser mucho más duradero de lo que se creía. La investigación, publicada en Science Translational Medicine, detectó signos de encefalopatía traumática crónica (CTE) incluso 12 años después del retiro, junto con alteraciones inmunológicas y deterioro cognitivo.
El trabajo pone el foco en la barrera hematoencefálica, una estructura clave que actúa como filtro protector del cerebro. Según los investigadores, los impactos repetidos en la cabeza pueden dañarla de forma persistente, volviéndola más permeable y permitiendo el ingreso de sustancias inflamatorias que afectan el tejido cerebral a largo plazo.
Para comprobarlo, el equipo analizó a 47 ex atletas de deportes de contacto y los comparó con un grupo de control. Los resultados fueron contundentes: los cerebros de los ex deportistas mostraron mayor permeabilidad en esta barrera, aun después de más de una década alejados de la actividad. Además, quienes presentaban mayor daño obtuvieron peores resultados en pruebas de memoria y funciones cognitivas.
Uno de los hallazgos más relevantes es que no solo los golpes fuertes generan daño, sino también los impactos repetidos de menor intensidad, conocidos como subconmocionales. Estos microtraumas, acumulados en el tiempo, podrían desencadenar procesos inflamatorios crónicos que terminan afectando las neuronas y aumentando el riesgo de enfermedades neurodegenerativas.
El estudio también sugiere que las herramientas actuales de diagnóstico son limitadas, ya que los análisis de sangre no lograron detectar con precisión el deterioro cognitivo. En cambio, las imágenes cerebrales y los marcadores inmunológicos podrían convertirse en claves para identificar riesgos a futuro. El hallazgo obliga a repensar la prevención y el seguimiento médico de quienes practican deportes de contacto, aunque los expertos advierten que no todos los ex atletas desarrollarán estas patologías.


