En el campus de la Universidad de Dhaka, en Bangladesh, miles de hinchas se congregaron al amanecer frente a una pantalla gigante para celebrar un símbolo improbable de identidad global: la Selección Argentina. Con camisetas albicelestes, banderas celeste y blancas y una devoción que atraviesa continentes, ovacionaron cada gol de Lionel Messi en el arranque del Mundial, en una escena que volvió a dejar en claro hasta qué punto el fútbol argentino excede fronteras y se convierte en fenómeno cultural y político.
Lo cuenta Andres Schipani, el corresponsal del FT en Asia.
Bangladesh, un país de cricket que se rinde ante Argentina
Bangladesh es, en los papeles, una nación marcada por el cricket. Pero en la práctica, el fútbol ocupa un lugar central en su identidad nacional. Y cuando se trata de elegir una selección extranjera para alentar, la mayoría se inclina por Argentina. El resto prefiere a Brasil.
Entre los asistentes al campus de Dhaka, varios se acercaron a Schipani, que es argentino, apenas supieron su procedencia para pedir una selfie. "Eres lo más cerca que estaré de Messi", dijo uno de ellos, en una frase que sintetiza el nivel de idolatría que despierta el capitán argentino en una de las regiones más pobladas del planeta.

El fenómeno no es nuevo. Cuando Bangladesh luchó por su independencia de Pakistán en 1971, su primer equipo de fútbol —el Shadhin Bangla Football Dal, o Free Bengal Football Team— recorrió India para recaudar fondos y difundir la causa de la liberación. Sus jugadores fueron celebrados como combatientes por la libertad. Desde entonces, el deporte quedó atado a la construcción de una identidad colectiva.
Por qué Messi y Maradona conectan con una sociedad atravesada por la crisis
La selección nacional de Bangladesh nunca logró clasificarse a un Mundial, lo que dejó a una enorme base de fanáticos sin un equipo propio al que seguir en la cita máxima. En ese vacío, Argentina encontró una audiencia masiva y profundamente emocional.
Hasan Kabir, estudiante de 22 años, contó que alienta a la Albiceleste desde la infancia, siguiendo la tradición de su padre. "Crecí escuchando historias sobre Maradona y luego quedé fascinado al ver a Messi. Estuvimos muy felices de ganar el último Mundial", dijo en referencia al título obtenido por Argentina en 2022.
El comentarista deportivo bangladesí Rajib Hasan ofrece una explicación que va más allá del fútbol. "Es algo extraño", señaló. "Dos países a unos 20.000 kilómetros de distancia. La distancia entre los idiomas de ambos países es incluso mayor que la distancia física. Aun así, la gente de este país ha hecho propio al país llamado Argentina".
Hasan estima incluso que en Bangladesh puede haber más seguidores de la selección argentina que en el propio territorio argentino. Con una población cercana a los 46 millones de habitantes, y considerando que más de dos tercios de los bangladesíes siguen el Mundial y que alrededor del 60% simpatiza con Argentina, Messi y su equipo podrían sumar más de 70 millones de fanáticos en este país del sur de Asia.
Del "Gol del Siglo" al legado de la "Mano de Dios"
El peso deportivo de Argentina explica parte de su popularidad internacional, pero no todo. Hay un componente político y emocional que une a ambos pueblos: la idea del fútbol como refugio frente a la adversidad.
En Argentina, marcada por la última dictadura militar, colapsos económicos y una polarización persistente, el fútbol fue históricamente uno de los pocos espacios capaces de unificar al país. En Bangladesh ocurre algo similar, aunque con su propia historia: 15 años de régimen autoritario, ejecuciones extrajudiciales y desapariciones forzadas dejaron una huella profunda en la sociedad.
Los mismos estudiantes universitarios que hoy siguen el Mundial fueron protagonistas de una revolución que derribó hace casi dos años a la autócrata Sheikh Hasina. En ese contexto, la admiración por la Selección Argentina también funciona como una forma de identificación con una narrativa de resistencia, orgullo y desobediencia frente al poder.
El vínculo emocional más fuerte entre ambos países llegó en 1986, cuando Bangladesh vio a Diego Maradona marcarle a Inglaterra en un Mundial apenas cuatro años después de la guerra de Malvinas. La "Mano de Dios" convirtió al Diez en un símbolo de revancha para miles de bangladesíes.
"Fue un héroe para que los desposeídos lo adoraran", dijo Hasan sobre Maradona. En una columna reciente publicada por Prothom Alo, diario en bengalí e inglés de Bangladesh, la estudiante Ayesha Humayra Waresa escribió que "para un pueblo acostumbrado a ver cómo quienes están en el poder ignoran las reglas para hacer las cosas a su favor, la audacia de Maradona se sintió como un milagro... más que un jugador, fue un héroe rebelde para una nación que todavía arrastra sus cicatrices coloniales".
Y agregó una frase que resume la fidelidad de esa pasión: los argentinos fueron hechos fanáticos aquel día y "no han dejado de serlo desde entonces".
Messi, el nuevo espejo de Maradona para una generación que sueña
Las nuevas generaciones de hinchas bangladesíes encuentran en Messi un reflejo contemporáneo de Maradona. Hablan de la "gloriosa era Messi" y lo describen como una figura que motiva, inspira y empuja a soñar.
En Dhaka, cuenta Schipani, murales con los rostros de Maradona y Messi se multiplican sobre paredes y fachadas, transformando a ambos ídolos en símbolos urbanos de una pasión que no reconoce distancias geográficas.
En Argentina existe un dicho que afirma que "para un argentino, no hay nada mejor que otro argentino". En Bangladesh, en cambio, miles de personas parecen haber adoptado esa máxima como propia cada vez que el equipo de Lionel Messi sale a la cancha. Entre banderas celestes y blancas, cánticos y pantallas gigantes, la relación entre ambos países demuestra que el fútbol también puede construir puentes inesperados, capaces de unir historias, identidades y frustraciones a 20.000 kilómetros de distancia.