"Este capítulo ya está cerrado". Con esa frase, seca y definitiva, Novak Djokovic volvió a sacudir al mundo del tenis, pero esta vez lejos de la cancha. En un mensaje publicado en sus redes sociales, el serbio anunció una decisión que venía madurando en silencio y que impacta de lleno en la política del deporte: su salida total de la estructura que ayudó a crear para representar a los jugadores. El comunicado no solo cerró una etapa personal, sino que reabrió un debate profundo sobre el poder, la gobernanza y los intereses que mandan en el circuito profesional.
A través de esa publicación, Djokovic confirmó que se retira por completo de la Asociación de Tenistas Profesionales (PTPA), el sindicato que nuclea a los deportistas del deporte blanco, argumentando "persistentes preocupaciones sobre la transparencia, la gobernanza y la forma en que se han representado mi voz e imagen". El mensaje fue breve, pero el trasfondo es pesado: detrás de esas palabras se esconde una ruptura política de alto impacto, protagonizada por el jugador más ganador de la historia del tenis.
La decisión profundiza una grieta que lleva años abierta. Lo que comenzó como desacuerdos públicos con la dirigencia del tenis profesional terminó escalando en un quiebre formal sin precedentes para un jugador en actividad de su calibre. Djokovic, crítico feroz del modelo económico del circuito, vuelve a poner en jaque la representatividad real de los organismos que gobiernan el tenis y deja en evidencia tensiones internas que rara vez salen a la luz con tanta claridad.
El serbio fue uno de los fundadores de la PTPA junto al canadiense Vasek Pospisil en 2020, con la idea de construir una voz independiente para los jugadores, por fuera de la órbita de la ATP y la WTA. A lo largo de los últimos años, se posicionó como referente en reclamos sensibles: una distribución más equitativa de los ingresos, mayor protección para los jugadores de menor ranking y reglas más transparentes en la toma de decisiones. Sin embargo, según dejó entrever ahora, la organización tomó un rumbo que ya no refleja esos principios.

En su comunicado, Djokovic fue claro al marcar ese punto de quiebre: "Estoy orgulloso de la visión que compartimos al fundar la PTPA, dando a los jugadores una voz más fuerte e independiente, pero ha quedado claro que mis valores y mi enfoque ya no están alineados con la dirección actual de la organización". La mención explícita al uso de su "voz e imagen" abre además interrogantes sobre la relación entre las grandes figuras del circuito y las estructuras que dicen representarlas.
El contexto no es menor. En 2025, la PTPA impulsó una demanda contra los principales organismos del tenis mundial -ATP, WTA, ITF e ITIA- acusándolos de prácticas anticompetitivas, abusos sistémicos y desinterés por el bienestar de los jugadores. Aunque Djokovic respaldó el espíritu del reclamo, se mantuvo al margen de algunas formas y discursos, una distancia que hoy parece haber llegado a su punto final.
Por el momento, la ATP optó por el silencio y no emitió una respuesta oficial al anuncio. Sin embargo, el peso político del serbio garantiza que la decisión tendrá impacto inmediato. En el circuito ya se especula con un posible efecto contagio y con una presión creciente para revisar estatutos, esquemas de poder y el reparto del negocio global del tenis.
A los 38 años, único miembro activo del histórico Big Three y con 24 títulos de Grand Slam en su palmarés, Djokovic eligió cerrar este frente y cambiar el foco. "Seguiré centrándome en mi tenis, mi familia y contribuyendo al deporte de maneras que reflejen mis principios e integridad", escribió. El mensaje finalizó con una frase que resume el momento y explica por qué el mundo del tenis quedó en shock: "Les deseo a todos lo mejor, pero para mí, este capítulo ya está cerrado".