La Selección Argentina ya conoce al rival que deberá superar para seguir soñando con el bicampeonato del mundo. Tras la épica clasificación frente a Egipto en octavos de final, el equipo de Lionel Scaloni enfrentará este sábado a Suiza en el Arrowhead Stadium de Kansas por los cuartos de final del Mundial 2026. Los europeos llegan con una identidad muy marcada, una defensa difícil de vulnerar y la confianza de haber eliminado por penales a Colombia, uno de los seleccionados que aparecía entre los candidatos del torneo.
Suiza avanzó después de un empate sin goles ante Colombia en un partido muy cerrado, con escasas situaciones de peligro y que recién se definió desde los 12 pasos gracias a la actuación del arquero Gregor Kobel. El conjunto dirigido por Murat Yakin volvió a demostrar la principal característica que lo acompañó durante toda la Copa: una estructura defensiva muy sólida que apenas permitió tres goles en todo el certamen.
El recorrido de los helvéticos explica el momento que atraviesan. En la fase de grupos igualaron con Qatar, luego golearon a Bosnia-Herzegovina y cerraron la clasificación con una victoria sobre Canadá que les permitió terminar primeros en su zona. En la fase eliminatoria dejaron en el camino a Costa de Marfil y posteriormente eliminaron a Colombia para meterse entre los ocho mejores del Mundial, instancia que no alcanzaban desde hacía más de siete décadas.
Radiografía de Suiza: así juega el próximo rival de Argentina
El sello de Yakin se basa en el orden táctico, la paciencia y el control del partido con la pelota. Suiza intenta construir desde el fondo, prioriza la posesión y evita exponerse a transiciones rápidas. Cuando no tiene el balón, repliega con velocidad, reduce espacios y obliga al rival a atacar por zonas congestionadas. Es un equipo que rara vez queda desordenado y que suele incomodar incluso a selecciones con talento individual.
La experiencia es uno de los principales activos del conjunto europeo. Gregor Kobel se consolidó como una de las figuras del torneo con intervenciones decisivas, especialmente en la definición por penales frente a Colombia. Delante suyo aparece una defensa de enorme jerarquía integrada por Manuel Akanji, Nico Elvedi, Ricardo Rodríguez y Denis Zakaria, mientras que en el mediocampo Granit Xhaka continúa siendo el gran conductor futbolístico y emocional del equipo. El capitán administra los tiempos, organiza la salida desde el fondo y marca el ritmo de cada ataque, acompañado por Remo Freuler, encargado de aportar equilibrio y presión constante.

La principal amenaza ofensiva pasa por Breel Embolo. Cuando la presión rival complica la salida, Suiza suele saltear líneas para buscar directamente a su centrodelantero, que utiliza muy bien el cuerpo para jugar de espaldas y permitir que el resto del equipo avance. A eso se suma una pelota parada muy peligrosa gracias a la precisión de Xhaka, Fabian Rieder y Ruben Vargas, combinada con el poder aéreo de Akanji, Elvedi y el propio Embolo. La única duda pasa por Johan Manzambi, una de las revelaciones del Mundial con tres goles y dos asistencias, que arrastra una lesión de rodilla y llega entre algodones al cruce frente a Argentina.
La Selección también encontrará espacios para hacer daño. Rodríguez suele proyectarse con frecuencia y deja metros a su espalda, una zona que Lionel Messi puede aprovechar para habilitar las diagonales de Julián Álvarez o Lautaro Martínez. La pelota parada ofensiva también aparece como una oportunidad, ya que Suiza suele proteger demasiado el área chica y, en algunos partidos, deja libre el sector del punto del penal para los rebotes y las segundas jugadas, una situación que Colombia logró explotar en los octavos de final.

Más allá de los nombres propios, Argentina afrontará probablemente uno de los desafíos tácticos más complejos del Mundial. El equipo de Yakin construyó su campaña desde el orden defensivo, la paciencia para administrar la pelota y un funcionamiento colectivo muy aceitado. Además, llega con el desgaste de haber disputado 120 minutos frente a Colombia, un factor que la Selección intentará aprovechar si consigue imponer un ritmo alto durante buena parte del encuentro.
Será un partido de paciencia. Argentina necesitará mover la pelota con velocidad para desarmar un bloque que se siente cómodo defendiendo cerca de su arco y aprovechar el desgaste físico que arrastra el conjunto suizo. La presión sobre Xhaka, la eficacia en la pelota parada y la capacidad para atacar los espacios que dejan los laterales pueden inclinar un encuentro que promete definirse por detalles.
El antecedente de Brasil 2014, cuando la Selección necesitó un inolvidable gol de Ángel Di María en el tiempo suplementario para avanzar a cuartos de final, es un recordatorio de lo exigente que suele resultar este rival.
