Lo que debía ser una noche de mística copera terminó en un escenario de violencia y destrucción. El partido de vuelta por los octavos de final de la Sudamericana entre Independiente y Universidad de Chile, disputado en el estadio Libertadores de América-Ricardo Enrique Bochini, se suspendió a los dos minutos del segundo tiempo cuando empataban 1-1, con ventaja para los trasandinos en el global. La Conmebol resolvió cancelar el encuentro tras los gravísimos incidentes que comenzaron en la tribuna Pavoni Alta, donde se ubicaban 3500 hinchas visitantes.
Desde el inicio ya se percibía tensión: los simpatizantes chilenos arrojaron objetos hacia la parte baja, utilizando como proyectiles butacas, chapas, maderas, caños y hasta partes de inodoros arrancados de los baños. Con el correr de los minutos, la violencia escaló y derivó en una batalla campal que dejó un saldo desolador.
Los pasillos y tribunas quedaron convertidos en un paisaje de posguerra: baños destrozados, portones derribados, rejas arrancadas, luminarias arrancadas, chapones de las paredes utilizados como proyectiles y decenas de butacas esparcidas. También se vandalizaron kioscos y puestos de comida, mientras que el micro del plantel de Universidad de Chile fue atacado cuando los jugadores aún estaban en su interior.
La barra de Independiente ingresó en medio del caos y emboscó a hinchas chilenos, dejando ropa tirada y manchones de sangre en varios sectores. El operativo, integrado por unos 650 policías y 150 agentes privados, fue claramente insuficiente: nunca se ingresó a la tribuna visitante mientras crecían los disturbios.
El saldo provisorio es grave: al menos 23 heridos —dos con traumatismos craneoencefálicos graves—, 11 lesionados leves y entre 125 y 350 detenidos, según distintas fuentes. La dirigencia de Independiente repudió los hechos y advirtió que los daños estructurales requerirán reparaciones millonarias. Desde Chile, en cambio, apuntaron contra la deficiente organización y pusieron la mira en la Conmebol.
La justicia argentina ya trabaja en la investigación para determinar responsabilidades y se esperan sanciones de la Confederación Sudamericana tanto para el club como para las parcialidades involucradas. Mientras tanto, el Libertadores de América permanece como un testimonio silencioso de una noche en la que el fútbol quedó completamente opacado por la violencia.