Pregunta más frecuente en el país

¿Hay salida?

La desesperanza que surge de liderazgos tóxicos es consecuencia de la incapacidad para formular un programa

Claramente son los halcones de todos los aviarios.
Claramente son los halcones de todos los aviarios.
Carlos Leyba Carlos Leyba 05-05-2022
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La del título es una de las preguntas más frecuentes en nuestro país. No es nueva. Pero cada vez se pronuncia con más angustia. Sólo se escucha en la boca de los más optimistas. 

El resto, los que están lejos de ser optimistas, sólo preguntan: ¿hasta cuándo seguiremos cayendo?

¿Cuándo tocamos el fondo del pozo?

Una digresión necesaria para recordar. 

Durante la Dictadura Genocida, para mantener a los altos mandos en calma, se mostraba que aumentaban las reservas –por endeudamiento externo–, con una inflación galopante y José Alfredo Martínez de Hoz decía “la luz se ve al final del túnel”. 

Lo podía decir. La clase media, que todavía era inmensa, a pesar del “pelo y barba” del “Rodrigazo”, estaba lanzada al “deme dos” en Miami. Consumo externo financiado con deuda externa, carry trade, tablita. Sabemos cómo terminó. En realidad nos negamos a aceptar que todavía no terminó. Ese es el problema. 

Seguimos en ese túnel con varias locomotoras pasando por encima nuestro.

Después la doble hiperinflación “Raúl Alfonsín-Carlos Menem”, Erman González pronunció la célebre frase “estamos mal, pero vamos bien”.  La sociedad quería creer. 

González no mentía sobre el presente (estamos mal) y pronunciaba bien  el sentido del futuro: “vamos bien”. Se ganó el título de Superman. Pero no íbamos bien. 

Su caída fue inexorable y surgió Domingo Felipe Cavallo que, si no hizo lo contrario a Erman, hizo todo diferente: es decir, entonces no íbamos bien para los mismos que lo habían dicho. 

Pero igual mucha gente quiso creer. Hasta la fecha, sigue siendo válida la primera parte “estamos mal” y lo estamos desde hace 46 años. Fin de la digresión.

Vuelvo al principio. En el túnel, aplastado por una legión de locomotoras, hiperinflaciones, y seguimos estando mal. Por eso la pregunta optimista: ¿hay salida? 

Al menos, la pregunta admite que alguien diga sí. 

Pero hay una activa legión de los que responden con preguntas: ¿hasta cuándo seguiremos cayendo?

¿Cuándo tocamos el fondo del pozo?

Entre estos últimos, pesimistas con fórmula, están los que entienden que la condición necesaria, para “salir”, es el derrumbe. El derrumbe necesario. ¿Cómo lo imaginan?

Dicen “condición necesaria”. Pero, admiten, que no es suficiente. 

La condición suficiente, dicen, es “el programa”. 

De lo que se colige el primer apotegma de los pesimistas creativos “sin derrumbe no hay programa”. 

Primero nos aconsejan o promueven o proponen (no es broma) el derrumbe. 

Afirman que después del derrumbe nos cuentan el programa. 

Que será una sorpresa, posterior a la hecatombe necesaria, pero no suficiente, para aquellos que la sobrevivan. 

¿Derrumbe necesario? ¿Pero dónde estamos? 

¿Cuán sólida es la construcción para que no la consideremos ya un verdadero derrumbe?  Veamos la palabra oficial.

El Consejo de Coordinación de Políticas Sociales de la Presidencia considera que el 54,9% de la población es pobre con una mirada multidimensional (carencia de ingresos, vivienda, servicios básicos, educación, rezago escolar, logro educativo insuficiente, empleo y salud). Mas de la mitad de los argentinos la sufre. Lo midió Victoria Tolosa Paz que no lo contó cuando era candidata a diputada nacional. Pícara. 

Su oficina lo dice después de que la eligieron. No nos privamos de nada. Como te digo esto, te digo lo contrario. 

¿Si esto no es derrumbe, el derrumbe dónde está?

Pero si alguien cree que hace falta algo más, todos sabemos cómo lograrlo. 

Aunque, algunos entre los que me cuento no lo queremos y queremos evitar una caída mayor. ¿Se puede? Eso viene después. Veamos el presente.

Para lograr el derrumbe tan querido -¿por quiénes?- la primer alternativa es dejar todo como está y esperar a que las cosas se derrumben en las manos de los tres chiflados (aquellos que han perdido el juicio o se comportan como tal, dice RAE) que supuestamente nos gobiernan. Atahualpa Yupanqui decía, en lugar de chiflado, “su mente no andaba correcta”. 

¿Cómo explicar ciertas cosas si no es con esa calificación?

Si nada cambia, vamos mal, en el final del túnel no está la luz, sino el derrumbe.

La alternativa dos, la de los hombres lúcidos, los que “la saben”, la pléyade de consultores y economistas ad hoc –siempre hay excepciones– es la acelerar el derrumbe ya que “esto” no se soporta más. 

Frase que goza de simpatía porque “esto”, lo que nos está pasando, sin rumbo, sin criterio, es insoportable para la inmensa mayoría. Todos quieren terminarla. 

Pero, ¿querrán que pase algo peor aún? ¿Las encuestas revelan que hay un deseo tanático?

En ese lago pescan “encuestatorialmente” los feroces de todos los palos: cuanto peor mejor.

Claramente son los halcones de todos los aviarios. Todos ellos mejoran en las encuestas por ser halcones, lo que refleja la indignación de la situación. 

Hay halcones en el Frente de Todos. El Cuervo Larroque es un ejemplar magnífico en el arte de la distracción. Los carteristas usan personas que distraen para poder robar. Larroque distrae para que todo siga como está. 

Un predicador del derrumbe espontáneo: que siga. 

Pero insinúa que, en el interior de la fuerza, hay quien también promete acelerar el derrumbe. 

¿Qué les pasa a los que no aceptan, en todos los aviarios, la posibilidad de una salida?

Hay vocingleros afónicos en Juntos porque vienen gañando desde fines de los '60 cuando ponían bombas para lograr el socialismo. 

La nueva especie es la de los libertarios, y entre ellos sobresale Javier Milei, que no es el único, y que dijo: “Si soy presidente, el precio de los antidiarreicos subirá porque todos los políticos van a estar cagados” (Laura Di Marco, La Nación). Es una contradicción más. 

Como los precios son inflexibles a la baja, el libertario reconoce que su presencia será inflacionaria: suben los antidiarreicos y sube el promedio. 

Pero no es su única contradicción, en el programa de Viviana Canosa –el 16 de agosto de 2021– llevó a un actor al que le hizo el solemne juramento de “antes de bajar un impuesto me corto un brazo”. Obvio estaba preparado para decir lo contrario y habló el inconsciente. Habla todo el tiempo. 

Una breve digresión: los halcones son aves rapaces del género Falco. ¿Los más viejos se acuerdan del Falcon verde? Claro. 

Tienen en común, con nuestros recuerdos horribles, la violencia. 

La de los “estúpidos imberbes” y la de sus perseguidores genocidas. La luz al final del túnel. Dios los cría y finalmente ellos se juntan. ¿Quién lo iba a decir? Mario Montoto y la seguridad. Los hermanos Schoklender a cargo del geriátrico.

Estamos meditando en la alternativa dos para el derrumbe, la que conjuga la lógica del terremoto o la de los encerrados. 

La primera alternativa es la de la simple continuidad: que todo siga como está hacia el derrumbe. 

En la alternativa dos, la única salida es que –dado que estamos encerrados–  se derrumben los muros, caigan los techos y que, saltando los escombros, encontraremos la manera de salir. A campo abierto. Nada podrá detenernos. Una epopeya. 

Tienen, como parte del programa, el derrumbe autoinfligido.

Los primeros en proponer esa tesis, antes que Milei, que se ha convertido en el altavoz de esa generosa y sensata proposición, han sido los economistas –por cierto formados y formateados– del PRO 'versión  halcón'.  

La propuesta que fue concretada sin pelos en la lengua en un reportaje dado al diario Clarín a fines de 2021. 

Lo propuesto fue “más inflación y algo más de recesión en el corto plazo. Eso es inevitable” (sic).  “Pero si hay un plan económico creíble se puede salir adelante”, “importar más y abrir la economía” “hay que bancarse un shock inicial de recesión e inflación”. El periodista, tal vez convencido del valor y audacia de esa proposición, preguntó: ¿Se animaría a decir que el shock de inicial de recesión e inflación se convertirá en algo reactivante en un plazo más o menos corto? Respuesta: “Con un plan creíble y giro 180 grados creo que sí”. 

Continuidad o derrumbe provocado. Por aquí transita el debate televisivo, radial y político.

Pero hay otra mirada. La búsqueda de la salida. De este laberinto no se sale por arriba, como decía Leopoldo Marechal. Se sale por la puerta y hay que recorrer el laberinto hasta encontrarla porque por la puerta entramos. 

Argentina abandonó un camino por decisión política: de un lado los estúpidos imberbes bombas y asesinatos por el socialismo. Los éxitos del Estado de Bienestar en términos económicos y sociales no hacían, según ellos, la felicidad del pueblo. Había que destruir y luego sobre los escombros vendría el socialismo. 

Los que no murieron en ese afán o son empresarios millonarios o funcionarios de los gobiernos que siguieron empujando el derrumbe. 

“Los que tiene derecho de hablar no pueden hacerlo” (Albert Camus). Es decir, los que pueden hacerlo, no tienen ese derecho. 

Y la respuesta genocida realizó la tarea de la destrucción material que se sintetiza en una sola palabra “industricidio” que fue el camino acelerado para la pobreza y el endeudamiento. En ese túnel continuamos y nunca dejamos de avanzar hacia el derrumbe.

La continuidad ha de provocarlo y los halcones libertarios lo desean y quieren acelerarlo.

Pero es la situación presente la que exige el programa o los programas para evitar el derrumbe y el sufrimiento de mas gente ¿el 55% de pobreza no es suficiente? 

¿Mas inflación y más recesión como predican los economistas del PRO o lo que ha de resultar de la continuidad del Frente de Todos?

Argentina hoy está plagada de oportunidades inmensas, por los recursos que tenemos y que se han valorizado y para los que la nueva globalización, el quiebre de la anterior, también es una oportunidad si somos capaces de generar un programa para aprovecharla. 

La desesperanza que surge de la ausencia de liderazgos sanos y del predominio de liderazgos tóxicos es la consecuencia de la ausencia de trabajo para formular un programa capaz de aprovechar la salida que hoy está más cerca, gracias a este proceso de nueva globalización o globalización selectiva. Hay una salida. Hay que juntarse para buscarla.   

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