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El hash rate de la guerra

El mercado descuenta riesgo iraní en el petróleo. Lo hace en los spreads de seguros marítimos, en futuros energéticos y en volatilidades cambiarias. No lo hace —al menos no estructuralmente— en Bitcoin.

El hash rate de la guerra
Pablo Das Neves 27 febrero de 2026

Hay riesgos que los mercados no descuentan hasta que el evento ya ocurrió. El caso de la minería de Bitcoin en Irán es uno de ellos.

Irán ha construido una infraestructura de minería de Bitcoin alimentada con electricidad subvencionada, en gran parte vinculada al Cuerpo de Guardias de la Revolución Islámica (CGRI), y la utiliza como canal estructural de evasión de sanciones. Si un conflicto militar degradara la red eléctrica iraní, ese canal financiero desaparecería de inmediato. Y, sin embargo, el mercado no lo está incorporando aun en el precio de Bitcoin.

Irán ofrece una de las tarifas eléctricas más bajas del mundo gracias a subsidios históricos al gas y al petróleo. Estudios recientes sitúan el costo de minar un Bitcoin en Irán en torno a los US$ 1.300, frente a precios de mercado que en distintos momentos superaron los US$ 60.000-70.000. El margen es demasiado atractivo.



La escala también es significativa. Según datos de Tavanir (empresa eléctrica estatal), a comienzos de 2025 operaban aproximadamente 700.000 rigs ilegales, consumiendo cerca de 2.000 MW —equivalente a la producción de dos reactores nucleares— y representando una porción sustancial (más del 25%) del déficit eléctrico nacional. 

En paralelo, el presupuesto iraní 2025 eximió explícitamente al CGRI y a sus instalaciones asociadas del pago de electricidad y otros servicios. Mientras las tarifas para ciudadanos subían con fuerza, ciertas estructuras estatales consumían energía sin costo. La asimetría no es anecdótica: es estructural e indicativa de una estrategia gubernamental.

En términos globales, Irán representa hoy alrededor del 4% del hash rate mundial —menos que su pico de 7,5% en 2021, pero suficiente para ser el quinto actor global. No es dominante, pero tampoco marginal.



La estimación de que Irán obtiene US$ 1.000 millones anuales por minería corresponde a cálculos de 2021. La dimensión actual, se estima, es mayor.

El flujo total de criptomonedas hacia wallets vinculadas a Irán en 2025 se ubicó entre US$ 7.800 y US$ 10.000 millones, según informes de Chainalysis y TRM Labs. Aproximadamente la mitad de ese volumen estaría asociado directa o indirectamente al CGRI.

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La arquitectura incluye minería, pero también stablecoins como USDT, redes de intermediarios en Emiratos Árabes Unidos y Hong Kong, y exchanges que recientemente fueron sancionados por la OFAC por procesar transacciones vinculadas al sector financiero iraní.

No estamos ante una "actividad paralela menor". Estamos ante una infraestructura financiera alternativa construida para convertir energía subsidiada en divisas duras fuera del sistema bancario global e inmunes a cualquier tipo de sanción.

La minería de Bitcoin no es un hobby del régimen iraní. Es una herramienta perfectamente planificada y ejecutada.



El vínculo entre minería y apagones no es teórico, es real.

Producir un Bitcoin requiere cientos de megavatios-hora de electricidad. Durante los apagones de 2024 y 2025, hospitales suspendieron cirugías y ciudades pequeñas sufrieron cortes prolongados mientras operaciones mineras vinculadas al aparato estatal permanecían activas.

En 2025, un simple blackout de internet desconectó más de 900.000 rigs en cuestión de horas, reduciendo el consumo eléctrico nacional en 2.400 MW. La evidencia empírica es clara: la minería depende críticamente de electricidad y conectividad continuas.



Esta información actúa como un proxy de la actividad militar: Lo que un apagón digital logró temporalmente, un ataque militar sostenido a infraestructura eléctrica podría lograr de forma prolongada.

Ahora bien, ¿qué pasaría en un conflicto militar?: La mecánica básica es sólida: si la generación eléctrica iraní cayera 30%-50%, la minería no se reduciría proporcionalmente, sino que quedaría prácticamente fuera de línea.

No obstante, hay matices de acuerdo a otras experiencias.



Cuando China prohibió la minería en 2021 y eliminó más del 40% del hash rate global, la red Bitcoin se ajustó mediante su mecanismo automático de dificultad en pocas semanas. Una salida iraní del 4% sería absorbible técnicamente.

El riesgo no sería un colapso total del sistema crypto. Pero sí agregaría volatilidad.

De hecho, tras los ataques israelíes de junio de 2025, el hash rate global cayó cerca de 15% temporalmente y Bitcoin retrocedió aproximadamente 4% en 24 horas, mientras el oro subía con fuerza. El mercado trató a Bitcoin como activo de riesgo, no como refugio.



La lección es clara: la red es resiliente, pero el precio sí reacciona ante shocks geopolíticos.

El mercado descuenta riesgo iraní en el petróleo. Lo hace en los spreads de seguros marítimos, en futuros energéticos y en volatilidades cambiarias.

No lo hace —al menos no estructuralmente— en Bitcoin.



mineria
 

Durante años, el relato dominante sostuvo que Bitcoin estaba "fuera del Estado", desconectado de la geopolítica. Pero el hash rate no es abstracto. Es físico. Requiere energía, infraestructura y jurisdicción.

Si parte de esa infraestructura está bajo control de un actor estatal sancionado y sometido a presión militar, el riesgo país se filtra inevitablemente en la red.



La analogía correcta no es con acciones tecnológicas. Es con commodities estratégicos. Nadie valora el petróleo ignorando la geografía de producción. El hash rate tampoco debería analizarse sin un contexto más amplio.

Irán no es una anomalía aislada. Rusia y Kazajistán también concentran porciones relevantes del hash rate global. La minería migra hacia energía barata, y la energía barata suele encontrarse en entornos regulatorios frágiles o políticamente volátiles.

Bitcoin demostró que puede absorber shocks masivos. Pero la resiliencia técnica no equivale a neutralidad geopolítica.



La pregunta ya no es si la red soporta una interrupción regional. La pregunta es cuándo los reguladores considerarán que la concentración geográfica del hash rate en jurisdicciones sancionadas constituye un riesgo sistémico.

La guerra, la política y las finanzas siempre estuvieron interconectadas. Bitcoin no es la excepción.



La reciente decisión de la OFAC de sancionar exchanges por operar en el sector financiero iraní sugiere que ese umbral comienza a acercarse.

En síntesis, Irán ha desarrollado un canal de evasión de sanciones que convierte energía subvencionada en divisas digitales fuera del alcance del sistema financiero tradicional. Ese canal está parcialmente sostenido por infraestructura eléctrica vulnerable.



Lo que suele subestimarse es la escala: no hablamos de US$ 1.000 millones aislados, sino de un ecosistema cripto de hasta US$ 10.000 millones anuales, con ramificaciones internacionales.

La guerra, la política y las finanzas siempre estuvieron interconectadas. Bitcoin no es la excepción.

Cada hash producido en territorio iraní está sostenido por una infraestructura física expuesta a riesgo geopolítico. El mercado ya aprendió a descontar el riesgo iraní en el petróleo.



Todavía no lo hizo plenamente en Bitcoin.

Y ese puede ser el verdadero descalce.

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