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Auge de los ETFs y renovación de los espejismos financieros

Nacieron para simplificar y diversificar, pero ahora son más que las acciones en sí. ¿Estamos frente a una revolución útil o a un nuevo disfraz del marketing financiero?

Auge de los ETFs y renovación de los espejismos financieros
Auge de los ETFs y renovación de los espejismos financieros
1 septiembre de 2025

El presente artículo es motivado por la noticia de que la cantidad de ETFs -Exchange Traded Funds- que cotizan en la bolsa norteamericana acaba de superar al número de empresas que cotizan en dicha bolsa, lo cual resulta un tanto peculiar. Ahora bien, vamos por el principio.

Uno de los ideólogos de los ETFs fue el legendario inversor Jack Bogle -fundador nada más y nada menos que de "The Vanguard Group", segunda compañía de inversiones a nivel global luego de "BlackRock"-, quien en su momento pregonó por la creación de un instrumento que le diera al inversor retail la posibilidad de "participar en todo el mercado". 

En tal sentido, la idea era que el inversor minorista, por lo general menos sofisticado, pudiese invertir sin quedar expuesto a alguna compañía o sector en particular, ya sea por su propia impericia o por la de su broker; en otras palabras, la falta de tiempo o de conocimiento técnico no debería seguir privando al inversor retail de poder participar de las bondades del mercado de acciones. Asimismo, en términos de costos, liquidez y transparencia los ETFs también representaban una opción superadora respecto de los tradicionales fondos de inversión. 



Dicho lo anterior, el mismo Warren Buffett ha sostenido en numerosas ocasiones que si el inversor tiene dudas sobre dónde invertir lo mejor que puede hacer es comprar un ETF, y en especial el más emblemático de todos, el SPY -trackea a las 500 empresas de mayor capitalización de la bolsa norteamericana-, el cual desde su creación allá por 1993 se ha apreciado arriba de 1.300%, con un CAGR del casi 9% -naturalmente han habido muchísimas otras opciones mucho más rentables pero en términos de diversificación y retorno el SPY ha resultado sumamente positivo-.

Ahora bien, treinta años después del primer ETF nos topamos con el hecho de que los ETFs -alrededor de 4.300- superan finalmente en cantidad a las empresas cotizantes en la bolsa norteamericana -4.200-; más concretamente, mientras que de 2010 a la fecha la cantidad de empresas cotizantes se mantuvo casi en el mismo nivel la cantidad de ETFs se cuadruplicó. Siguiendo con ello, y a fin de hacer referencia al título de este artículo, lo más peculiar es cómo esta explosión de ETFs viene nuevamente a generar productos financieros que juegan con la ilusión no sólo de quienes los arman sino también de quiénes los compran.

Como dijéramos más arriba, la idea original de los ETFs era dar al inversor retail exposición al mercado, o sobre algunos sectores en particular, pero siempre de una "forma generalizada y pasiva", mientras que hoy en día lo que se observa, en primer lugar, es que los ETFs pueden llegar a versar sobre cualquier temática particular -p.ej.: el ETF "Unusual Whales Democratic" que cotiza bajo el ticker NANC trackea los movimientos que efectúa la expresidenta de la Cámara de Representantes del Congreso de EEUU, Nancy Pelosi-. En segundo lugar, también se observa que existen ETFs que son prácticamente idénticos, como los son el QQQ, QQQM y QQQI que trackean el Nasdaq, diferenciándose tan sólo por el "expense ratio" y por la "estrategia temporal de inversión", no habiendo una diferencia real de fondo/contenido. 



En particular, lo que últimamente se comenzó a observar con la nueva generación de ETFs es el rol más activo de los managers en reemplazo de la faceta totalmente pasiva que debería tener el replicar la conformación de un sector, lo cual da con la premisa de esta columna: Al parecer, los ETFs -al menos los nuevos- han devenido/se han convertido en una alternativa mediante la cual las grandes compañías de inversión pueden hacer llegar sus fondos a una cantidad ilimitada de inversores, generando así también confusión respecto de las diferencias reales entre un ETF y un fondo en particular. 

Repasando un poco la historia, para poder acceder a los diversos instrumentos financieros -desde los más típicos y sencillos como acciones y bonos a los más complejos como fondos, o más complejos aún, como los derivados- uno debía abrir una cuenta broker/de inversión en una institución financiera. 

Y a los "fondos" a los que uno podía acceder eran por lo general confeccionados por la misma institución para sus clientes o si eran confeccionados por otra institución se adquirían OTC -over the counter- y su valor era definido por el NAV -Net Asset Value- del mismo.



Con la irrupción de los ETFs, y en especial en los últimos 15 años, lo que sucede es que las instituciones financieras empiezan a contar con un instrumento que puede ser comercializado en un mercado centralizado, y cuyo precio está determinado por la oferta y demanda y no por el valor de sus activos, por lo cual los fondos comienzan a tener una liquidez muy superior a lo que históricamente observaban. 

Y cuando ello sucede -liquidez en aumento-, el mercado siempre se ha visto tentado en generar más y más productos iguales, con total prescindencia respecto de la calidad y diferenciación de los mismos -es lo que referíamos más arriba respecto de los ETFs QQQ, QQQM y QQQI-; en otras palabras, con las mismas cartas lo único que hacen es ir agrupándolas de formas distintas a fin de generar falsas "nuevas creaciones". Es por ello mismo que hablar del auge de los ETFs viene en cierta manera a renovar los espejismos, o como diríamos en Argentina, a "renovar los espejitos de colores". 

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