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No estamos preparados para lo que se viene: este fenómeno extremo ya está entre nosotros

¿Estamos preparados para enfrentar esta nueva realidad climática? La respuesta, lamentablemente, es no.

Entre 1960 y 2010, las precipitaciones extremas se duplicaron en provincias del centro y litoral del país.
Entre 1960 y 2010, las precipitaciones extremas se duplicaron en provincias del centro y litoral del país. DALL-E
23 marzo de 2025

Los eventos meteorológicos que antes ocurrían cada 100 años pueden volverse mucho más frecuentes. Pasó en Bahía Blanca a comienzos de mes. O, en menor escala, en Rosario este fin de semana. Y hay una conclusión casi obvia: no estamos preparados.

La destrucción material que causan estos fenómenos, además de las vidas humanas que se pierden, es enorme.

Lo bueno: se pueden mitigar los efectos, pero HAY QUE HACER COSAS.


  • Según la Tercera Comunicación Nacional de Cambio Climático de Argentina, entre 1960 y 2010, las precipitaciones extremas se duplicaron en provincias del centro y litoral del país, como Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes. 
  • Además, el informe proyecta que estas tendencias se intensificarán en las próximas décadas, afectando tanto la frecuencia como la intensidad de estos eventos extremos.  

"Sin embargo, las lluvias torrenciales no son la única amenaza. Las olas de calor, otra consecuencia directa del cambio climático, se han incrementado significativamente en áreas como el noreste argentino y las zonas urbanas densamente pobladas, duplicando su frecuencia en regiones cercanas a la Ciudad de Buenos Aires. Y estos fenómenos afectan principalmente a los sectores más vulnerables: aquellos que carecen de infraestructura adecuada, acceso a servicios básicos y recursos para adaptarse a condiciones extremas", dice un trabajo de CIPPEC.  

"¿Estamos preparados para enfrentar esta nueva realidad climática? La respuesta, lamentablemente, es no. Aunque nuestras ciudades representan el hogar del 90% de la población urbana del país, siguen reaccionando en lugar de anticiparse. No contamos con una cultura de la emergencia sólida que nos permita prepararnos frente a nuestras principales amenazas: inundaciones y olas de calor", dicen María Victoria Boix y Marina Picollo de CIPPEC.



Desde el think tank, precisamente, vienen trabajando en la construcción de ciudades más resilientes que puedan prepararse para estos impactos inevitables. Dicen que hay "herramientas esenciales que los gobiernos locales pueden implementar para mitigar su vulnerabilidad. Los mapas de riesgo, por ejemplo, permiten visualizar las áreas más expuestas y orientar mejor las inversiones y acciones preventivas". 

Pero la planificación no puede quedarse solo en identificar riesgos. "Es clave contar con planes operativos de emergencia bien diseñados que organicen la respuesta inmediata ante un desastre. Y aún más importante, debemos enfocarnos en planes de reducción de riesgos a mediano y largo plazo que ataquen las causas estructurales de nuestra vulnerabilidad", agregan.  

Las ciudades deben ir más allá de la infraestructura gris y complementarla con soluciones basadas en la naturaleza

"La infraestructura tradicional —como el entubamiento del Arroyo Maldonado en Buenos Aires— ha sido útil, pero no es suficiente. Las ciudades deben ir más allá de la infraestructura gris y complementarla con soluciones basadas en la naturaleza. Incorporar infraestructura verde y azul, como parques inundables y sistemas de drenaje sostenible, es fundamental para adaptarse a un clima que cambia cada vez más rápido", sentencian.  



El Parque Xibi Xibi en San Salvador de Jujuy ofrecen lecciones valiosas.
El Parque Xibi Xibi en San Salvador de Jujuy ofrecen lecciones valiosas.

En este sentido, iniciativas como el Parque Xibi Xibi en San Salvador de Jujuy ofrecen lecciones valiosas. Aunque fue concebido principalmente como un parque público y espacio recreativo, su diseño también cumple una función esencial en la gestión del riesgo hídrico. "Al integrar terrazas y sistemas de canalización controlada, contribuye a mitigar el impacto de lluvias intensas y crecidas del río que atraviesa la ciudad. No resuelve por completo el problema, pero ofrece una respuesta que combina recreación y adaptación al cambio climático", dicen las investigadoras de CIPPEC.  

"Pero la infraestructura por sí sola no resuelve el problema. Las ciudades deben preparar también a su población, con un foco especial en los sectores más vulnerables. Iniciativas como los Comités de Emergencia Barrial en Córdoba, que capacitan a vecinos para actuar antes, durante y después de una emergencia, demuestran que la participación comunitaria es clave para enfrentar las crisis con éxito. Además, aseguran que la respuesta ante un desastre no dependa únicamente de las autoridades, sino también de la preparación y resiliencia de la propia comunidad", dicen y agregan que los eventos extremos como el de Bahía Blanca se volverán cada vez más frecuentes y, sin una cultura de la prevención y un enfoque centrado en las personas más expuestas, sus consecuencias serán cada vez más devastadoras.  



"Aceptar esta nueva realidad y trabajar para adaptarnos es la única forma de que nuestras ciudades puedan resistir el próximo evento extremo, que, con seguridad, no tardará otros 100 años en llegar", dicen, como conclusión.

La construcción está cambiando

Esto también está impactando en la industria de la construcción privada.

"Las tormentas, lluvias fuertes, granizo y vientos huracanados que azotan la región modifican la manera en que se proyectan los edificios, los materiales que se utilizan y las técnicas utilizadas para hacerlos más resistentes a las inclemencias climáticas. ¿De qué manera lo hacen?", comentó el periodista Nicolás Maggi en una nota para La Capital de Rosaio.



La intensificación de fenómenos meteorológicos extremos ejerce una presión muy importante sobre la integridad estructural y el rendimiento de los materiales utilizados en los edificios. Esto puede traducirse en daños prematuros, reducción de la vida útil de los componentes constructivos, filtraciones y problemas de aislamiento térmico y acústico, así como mayores costos de mantenimiento.

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Esto ha derivado en un cambio en cómo las empresas abordan el diseño y la planificación de las construcciones. "Ahora, desde la fase conceptual y en todas las etapas posteriores, incorporamos elementos específicos para garantizar una mayor resiliencia frente al clima extremo. Esto incluye análisis detallados mediante simulaciones computacionales que permiten evaluar anticipadamente la resistencia y durabilidad de las estructuras frente a diversos escenarios climáticos", contó Nicolás Ruggiero, titular de Edilizia, en el artículo de La Capital.



La IA ayuda, comenta Ruggiero. "Realizamos simulaciones avanzadas de posibles daños causados por eventos meteorológicos intensos. Esto permite anticipar situaciones críticas, evaluar alternativas constructivas en tiempo real y optimizar la toma de decisiones. La IA también facilita la planificación más precisa, reduce el margen de error en el proceso constructivo y optimiza recursos materiales y financieros. Esto resulta fundamental para mejorar la seguridad y sostenibilidad a largo plazo de las edificaciones", explicó.

Entre las medidas técnicas que toman, se cuentan el uso de materiales con mayor resistencia mecánica y térmica, mejoras en el diseño de impermeabilizaciones, integración de sistemas de drenaje más eficientes y la incorporación de elementos arquitectónicos, como por ejemplo parasoles, que no solo proporcionan protección térmica sino también resisten el impacto directo de granizo y lluvias fuertes cuando se producen grandes tormentas. También están implementando cerramientos reforzados que mejoran la seguridad frente a fenómenos climáticos extremos.

También hubo materiales, estructuras o formas de construir que demostraron ser vulnerables a fenómenos climáticos intensos y se abandonaron por otras mejores para este tipo de eventos. Entre estas se cuentan cubiertas ligeras de policarbonato poco resistentes al viento, revestimientos superficiales susceptibles al impacto de granizo como tejas de baja resistencia, y sistemas de drenaje insuficientes de materiales no flexibles.



"También hemos dejado de utilizar cerramientos de vidrios simples, optando por vidrios laminados o dobles con cámara de aire. En general, se han abandonado estructuras frágiles y materiales poco duraderos en favor de soluciones más robustas y resistentes que permitan un mejor desempeño frente a condiciones climáticas adversas", explicó Ruggiero.

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