Agenda

Entre libros rotos y sueldos bajos, los maestros siguen creyendo en sus alumnos

Fortalecer la docencia es indispensable para la mejora educativa. La evidencia sobre el impacto de la enseñanza en la calidad del aprendizaje es abrumadora.

La docencia es el corazón del sistema educativo, pero hoy está en jaque en buena parte del mundo.
La docencia es el corazón del sistema educativo, pero hoy está en jaque en buena parte del mundo. .
21 septiembre de 2025

El 11 de septiembre, mientras recordamos a Domingo Faustino Sarmiento, más de un millón de docentes argentinos celebraron su día en un escenario que dista de ser festivo. 

Sus salarios hoy valen menos que en 2005, la violencia golpea cada vez más fuerte en las escuelas, el prestigio social de la profesión se erosiona y la sobrecarga de tareas los convierte en psicólogos, asistentes sociales, enfermeros y administrativos, además de educadores. 

Sin embargo, cada mañana, miles de maestras y maestros vuelven a abrir las puertas de las aulas. Y ese gesto, en silencio, sostiene el corazón del país.



Un deterioro histórico

En 2005, la Ley de Financiamiento Educativo prometió recomponer los salarios. Durante una década, hubo avances: el pico llegó en 2015. Pero desde 2016 la pendiente fue constante, con un derrumbe inédito en 2024. 

Hoy, el salario real de una maestra de grado con 10 años de antigüedad se ubica por debajo de la canasta básica para un hogar de cuatro integrantes. Y en comparación con otras profesiones equivalentes, 15 de 18 pagan más. En la región, Chile, Colombia y Perú ya superaron a la Argentina.

La foto es aún más desigual entre provincias: en Santiago del Estero o Salta, un docente gana casi 50% más que en Entre Ríos, Buenos Aires o Chubut. La eliminación del FONID en 2024 y el abandono de la paritaria nacional en 2025 terminaron de profundizar las brechas.



Los docentes deben lidiar con demandas sociales crecientes que exceden su rol pedagógico.   

Voces desde el aula

Frente a esa precariedad, ¿qué sostiene a quienes enseñan?

"Enseñar transforma vidas", responde Marina Zamora, maestra rural en Mendoza. Marina Bertone, en una escuela parroquial bonaerense, lo sintetiza así: "A pesar de todos los obstáculos, el aula sigue siendo un lugar de encuentro donde suceden cosas extraordinarias".



Ana María Stelman, finalista del Global Teacher Prize, recuerda que la escuela es refugio para niños y familias que buscan contención y futuro. Viviana Postay y Anabella Díaz, en Córdoba, lo definen como una siembra: el fruto no siempre se ve en el momento, pero llega después, en un exalumno que agradece haber descubierto la literatura, la historia o la ciencia.

La docencia, dicen, es un elogio de la lentitud y de la espera, un trabajo artesanal y paciente que desafía la lógica de los "likes" y las gratificaciones inmediatas.

Un sistema en jaque

El informe de CIPPEC es claro: apenas el 13% de los estudiantes llega al último año del secundario con los aprendizajes esperados en lengua y matemática. El sistema formador, con más de 1.300 profesorados, está sobredimensionado y descoordinado: 55% de los aspirantes abandona en primer año, y 4 de cada 10 del último año no comprenden lo que leen.



La formación continua es dispersa, heterogénea y muchas veces irrelevante. La carrera docente, rígida y anticuada: ingreso por suplencias, ascensos por antigüedad y certificados, sin incentivos al mérito ni a la especialización.

La carrera docente en Argentina ofrece limitadas oportunidades para el desarrollo profesional. 

La consecuencia: burnout, ausentismo, falta de candidatos. Un círculo que erosiona no solo la enseñanza, sino la confianza social en la escuela.



Un contrato social pendiente

Los países que lograron mejorar su educación entendieron que ningún sistema puede superar la calidad de sus docentes. Chile, Colombia y Ecuador ya incorporaron mecanismos de evaluación, movilidad horizontal, figuras de mentores y mayores exigencias para el ingreso y ascenso.

En la Argentina, CIPPEC propone una hoja de ruta clara:

  • Reorganizar el sistema de formación docente, con planificación y calidad.
  • Rediseñar la carrera con nuevos roles y oportunidades de desarrollo.
  • Mejorar condiciones laborales y salariales.
  • Reconstruir la autoridad pedagógica y el prestigio de la profesión.
  • Apostar a un nuevo contrato social que reconozca que sin docentes no hay futuro.

Fortalecer la docencia no es tarea de un gobierno, ni de un sector, sino de un esfuerzo colectivo.



Sembrar hoy para cosechar mañana

Imaginemos el 2050: brechas sociales acortadas, jóvenes que terminan la secundaria en tiempo y forma, un país que crece con educación como motor. Ese escenario no es utopía: es la consecuencia de decisiones que deben tomarse hoy.

Enseñar es sembrar en tierra árida, muchas veces sin ver de inmediato el fruto. Pero cada palabra, cada gesto, cada clase deja huellas. Los docentes no son héroes solitarios: son el corazón de un sistema que necesita volver a latir con fuerza.

Si Argentina quiere un futuro próspero, debe apostar a ellos. Porque el corazón del futuro late en cada aula.



Logo de Google
Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos.
+ Agregar

En esta nota



Lee también