La muerte de Carlos Alberto "Indio" Solari este 5 de junio sacudió a la música argentina. Referente indiscutido del rock nacional y ex líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, dejó una obra que marcó a varias generaciones y trascendió el ámbito musical para convertirse en un fenómeno cultural. Su fallecimiento cierra una de las páginas más influyentes de la historia del rock argentino.
Según trascendió, el artista murió en su domicilio de Parque Leloir, en el partido bonaerense de Ituzaingó. De perfil bajo y alejado de la exposición mediática durante gran parte de su carrera, su última aparición pública había sido en enero pasado, cuando envió un mensaje al recibir el título de Doctor Honoris Causa de la Universidad de Buenos Aires (UBA).
El legado de Los Redondos y una carrera única
Junto a Skay Beilinson, Solari fundó Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota en La Plata en 1975. La banda construyó una identidad artística propia, basada en la independencia y en una relación directa con su público, lejos de los circuitos tradicionales de promoción. Durante más de dos décadas editó discos fundamentales para el rock argentino, como Oktubre, Un baión para el ojo idiota, ¡Bang! ¡Bang!... Estás liquidado y Luzbelito.
Tras la separación del grupo en 2001, inició una exitosa carrera solista. Publicó álbumes como El tesoro de los inocentes (Bingo Fuel), Porco Rex, El perfume de la tempestad, Pajaritos, bravos muchachitos y El ruiseñor, el amor y la muerte, consolidando una convocatoria masiva que mantuvo intacta la fidelidad de sus seguidores.
La lucha contra el Parkinson y el adiós definitivo
El último recital en vivo del Indio Solari fue en Olavarría, en 2017. A partir de entonces redujo progresivamente sus apariciones públicas mientras avanzaba la enfermedad de Parkinson, diagnóstico que hizo público en 2016 durante un show en Tandil, cuando confesó ante sus seguidores que "el Parkinson me anda pisando los talones".
Con el paso de los años, la enfermedad lo llevó a retirarse definitivamente de los escenarios. Sin embargo, continuó vinculado a la música a través de grabaciones, proyectos virtuales y publicaciones. Incluso exploró formatos innovadores, como conciertos con tecnología holográfica. Su muerte deja un vacío difícil de llenar en la cultura argentina y pone fin a la historia de uno de los artistas más influyentes, convocantes y enigmáticos que dio el país.

