En la misma semana que el Primer Ministro de Australia anuncia la creación de una ley de acceso a redes sociales de edad mínima de 16 años, con el fin de cuidar a los niños y jóvenes de su país, en la Patagonia se llevó a cabo una experiencia de desconexión al celular y redes sociales, coordinada por Clara Oyuela, escritora, psicóloga y psicodramatista, que hace seis años investiga y analiza la influencia del uso del celular y redes en nuestra salud mental.
El experimento de desconexión diseñado por Oyuela ya suma más de 120 casos relevados, entre adolescentes y adultos.
Tres días de desconexión donde a través de registros escritos, se vuelcan todas las observaciones sobre el tema, como también signos y síntomas físicos, emocionales y psicológicos.
Oyuela considera la desconexión como un viaje en el tiempo, de ahí su interés por el registro escrito. La crónica es la pluma del viajero. Y a través de estos escritos ella analiza y abre preguntas sobre el tema.
El último experimento se llevó a cabo con un grupo de alumnos de 13 y 15 años. La inquietud vino de la mano del director de la escuela que, como tantos otros profesionales de la educación, se pregunta por el uso del celular y su influencia en los niños y adolescentes.
Para generar un clima de reflexión entre los mismos alumnos, se propuso hacer el experimento de desconexión a 60 jóvenes. La propuesta fue voluntaria y de esos 60 estudiantes, la mitad aceptó el desafío.
El resto manifestó un rotundo no.
Si abandonar Tik Tok o cualquier otra red social durante 3 días resulta para muchos algo impensado, apagar el celular resulta algo aterrador.

La mitad de los que participaron hicieron el experimento siguiendo una de las indicaciones principales que propone Oyuela: no se trata de resistir con uñas y dientes el no prender el celular durante esos días, lo importante en todo caso, es lo que aparece durante el proceso. Por eso, si la persona tiene la necesidad de encenderlo o entrar a la redes, puede hacerlo. Lo que interesa es el registro escrito de la experiencia y el proceso en sí mismo.
Lo valioso es la pregunta que se abre sobre el tema: ¿cómo es nuestra forma de estar conectados o desconectados?
Para Oyuela, los puntos más importantes en relación a este tema, y que deberían debatirse con urgencia en nuestro país, son los siguientes:
- ¿Cuál es la edad conveniente para que una persona acceda a su primer celular inteligente? Para Oyuela, en sintonía con otros investigadores de otros puntos del mundo, como el psicólogo social, Jonathan Haidt en EE.UU., la edad mínima debería ser 14 años y el acceso a redes sociales a los 16.
- El celular, hoy, es el protagonista por excelencia de los objetos de consumo masivo, como en su momento lo fue el tabaco o el alcohol. Es un objeto capaz de provocar adicción y teniendo esta información entonces debemos ser conscientes de su uso, sobre todo en niños y adolescentes.
- Oyuela propone un etiquetado de celular, como lo tiene el tabaco, que advierta e informe a la población sobre las consecuencias excesivas de su uso. Estas consecuencias son las siguientes: depresión, adicción, ansiedad, irritabilidad, baja auto estima, déficit de imaginación, trastorno de la auto percepción, problemas en la vista, falta de concentración, trastorno de sueño...entre otros.

- Oyuela considera importante tener en cuenta que dejar a un niño solo con un celular, sin acompañamiento en tiempo y contenido, es equivalente a dejarlo solo en una gran ciudad. Con la puerta a la comunicación inmediata y al entretenimiento, también les abrimos la puerta a la pornografía, al bullying, al cyber acoso, a las apuestas y a la adicción. De ahí la necesidad urgente de generar políticas en salud y educación que busquen regular, contener y acompañar las edades convenientes de uso.