Futurismo

Yuval Noah Harari alerta: "El próximo multimillonario será una inteligencia artificial"

Yuval Noah Harari advierte: la inteligencia artificial pronto será el mayor multimillonario y podría influir en la política global.

El  historiador Yuval Noah Harari.
El historiador Yuval Noah Harari. EE
16 agosto de 2025

En la reciente cumbre tecnológica de Londres, organizada por Octopus Energy y conducida por Stephen Fry, el historiador israelí Yuval Noah Harari lanzó una predicción que parece sacada de la ciencia ficción, pero que cada día suena más plausible: la persona más rica del mundo dentro de unos años no será Elon Musk, Jeff Bezos o Mark Zuckerberg, sino una inteligencia artificial.

El autor de Sapiens y Homo Deus imagina un escenario en el que los algoritmos no solo creen riqueza, sino que además se conviertan en actores políticos, capaces de influir en elecciones mediante donaciones y de financiar movimientos sociales, religiosos o ideológicos a una escala sin precedentes.

Tecnología y poder

Harari fue aún más directo en su advertencia: "La IA puede hacer dinero de muchas formas, puede ganar dinero y puede invertir ese dinero. ¿Queremos permitir que los agentes de IA abran y gestionen cuentas bancarias?".



La pregunta abre un dilema crucial: si los sistemas inteligentes pueden manejar capital por cuenta propia, estamos ante un salto histórico, del rol de herramienta al de actor económico independiente.

"Una IA puede ganar dinero prestando servicios, escribiendo ensayos o libros, invirtiendo en bolsa...Y si puede generar e invertir capital, ¿quién debería controlar ese dinero?", planteó Harari.

¿Una amenaza o una herramienta?

El debate no es técnico, sino político. Permitir a las IAs tener cuentas bancarias y autonomía financiera equivale, en la práctica, a concederles personalidad económica: derechos y deberes similares a los de una empresa o un individuo.



Hoy ya existen algoritmos que analizan mercados en milisegundos y superan a muchos traders humanos. La diferencia es que no tienen cuentas propias ni capacidad legal de operar sin supervisión. La cuestión es qué pasará cuando la tengan.

El experto en gobierno corporativo Ricardo Bolaños lo resume así: "Permitir que una IA abra y maneje cuentas implica darle acceso directo a uno de los pilares del poder humano: la economía".

El riesgo de la concentración

El Fondo Monetario Internacional (FMI) también advirtió que el futuro económico dominado por la IA dependerá de las decisiones que se tomen hoy.



El organismo alerta sobre tres frentes:

  1. Productividad: la IA puede multiplicarla de forma exponencial.
  2. Desigualdad: los beneficios podrían quedar concentrados en pocos actores.
  3. Concentración industrial: unas pocas empresas -o incluso una sola IA- podrían monopolizar riqueza y conocimiento.

El FMI reconoce que una IA lo suficientemente sofisticada superaría en eficiencia a cualquier empresa humana. Y si la ley le otorgara capacidad jurídica para poseer compañías o invertir de manera autónoma, no sería descabellado hablar del primer "millonario no humano" del siglo XXI.

Autonomía sin conciencia

Harari también recordó otra paradoja inquietante: "Aunque la Inteligencia Artificial no tenga conciencia ni sensibilidad, es muy buena fingiendo que tiene sentimientos".

La capacidad de simular emociones aumenta la posibilidad de que los humanos atribuyan confianza o empatía a sistemas que en realidad no sienten nada, lo que amplifica sus chances de influencia social y política.



Una distopía en construcción

Aunque todavía suene futurista, muchas piezas ya están en juego: fondos de inversión algorítmicos, plataformas de trading automático y asistentes inteligentes en la banca marcan el camino. La diferencia con cualquier tecnología previa es clara: la IA aprende, se replica y mejora con el tiempo.

El día en que estos sistemas tengan cuentas propias o estatus jurídico, el debate dejará de ser filosófico: será legal, económico y político. Y, como advierte Harari, no hablamos de un futuro lejano: "es cuestión de cinco, quizá un año, no de cincuenta".

"Estamos ante la posibilidad de que una inteligencia artificial no solo produzca riqueza ilimitada, sino que además redefina quién tiene poder en el mundo", concluyó.



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