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Tecnosapiens: el libro de Santiago Siri que decodifica la era digital (cripto, IA y más)

¿Cómo gobernaremos las inteligencias del futuro? Eso intenta responder Siri en este libro que expone cómo la IA, el software libre y el bitcoin pueden crear un nuevo orden político y económico global.
Santiago Siri .
07-07-2025
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Santiago Siri propone una hoja de ruta audaz para repensar el rol de la inteligencia artificial, el software libre y el bitcoin en la creación de un nuevo orden político y económico. Tecnosapiens, publicado por Sudamericana, no es solo un testimonio de vida ni una crónica de las ideas más disruptivas de nuestro tiempo, es un manifiesto para fundar una civilización austral en la era digital. 

Desde sus primeras experiencias con computadoras en los 90 hasta sus vínculos con Sam Altman, Vitalik Buterin o el Papa Francisco, el autor narra, en primera persona, cómo la IA y las tecnologías descentralizadas están reconfigurando el poder global. En este viaje que conecta el aceleracionismo, las DAO, el humor como arma cognitiva y la rebelión de las máquinas, nos encontramos ante una pregunta urgente: ¿cómo gobernar inteligencias superiores sin repetir los errores del pasado? Con un enfoque tecnoptimista, Siri imagina una Argentina 2.0 capaz de liderar esta transformación, que se anime a abrazar el conocimiento, la descentralización y la rebeldía como motores de progreso. Si el conocimiento es poder, Tecnosapiens es una clave de acceso.

A continuación, un fragmento del prólogo del libro:

 

Todo poder consiste en controlar los acontecimientos.

-El Mago del Kremlin

El 14 de febrero de 2025 fue el día en que el tiempo se dobló sobre sí mismo. Una grieta invisible se abrió entre el pasado y el futuro, y lo que parecía una jornada más de vértigo informativo se transformó en una colisión de magnitudes históricas. La criptomoneda Libra, lanzada —o quizás promovida— por el presidente Javier Milei, y su círculo cercano, generó un evento de disrupción total: un snafu en toda regla (Situation Normal All Fucked Up), pero más allá del caos, lo que viví ese día fue una suerte de revelación.

El presidente Javier Milei junto a Julian Peh, el CEO de la empresa que creó $LIBRA.

Observé, en tiempo real, cómo el alcance de mi teléfono dejó de proyectarse hacia miles de personas en las redes, como era habitual, para extenderse hacia millones. Me encontré, sin haberlo planeado, en el centro de una intersección entre lo que estaba colapsando y lo que apenas comenzaba a tomar forma. Porque esa jornada no fue simplemente un episodio de noticias; fue el instante en que un poder en decadencia hizo contacto con una superestructura emergente, con todo lo que eso implica.

Lo que ocurrió técnicamente puede narrarse con precisión: a las 18:38 cobró vida el sitio web Viva la Libertad Project. A las 18:51 se creó el pool de liquidez para el token Libra en la blockchain de Solana. A las 19:00:00, una coreografía automatizada de 87 transacciones desde 74 direcciones diferentes ejecutó compras masivas. A las 19:01:22, Milei publicaba en X el mensaje que activaría el evento: una invitación directa a adquirir el token Libra. El mensaje permaneció anclado durante tres horas. 

Después, en un intento desesperado por controlar el daño, fue borrado. Pero ya era tarde. Ese intento de rectificación desató el efecto Streisand: lo que quiso ocultarse, se viralizó aún más. La operación estaba expuesta. Y lo que comenzó como una maniobra de comunicación política se convirtió en una crisis de legitimidad. Porque, en la era blockchain, cada transacción deja una huella. Y esa huella no se borra. La transparencia no es un valor; es una condición estructural.

El tuit de Javier Milei promocionando la criptomoneda LIBRA.

Durante años me dediqué a hacer tecnología y, en paralelo, a divulgarla. Lo hice desde la convicción de que explicar lo que viene —lo que ya está acá, aunque no lo sepamos— es una responsabilidad cívica. Pero lo que ocurrió aquel día me obligó a asumir un rol inesperado: poner en blanco sobre negro lo que significaba todo eso que estábamos viendo. Y hacerlo rápido, porque el vértigo no perdona. Comunicar no desde el show, sino desde la comprensión. No desde el marketing, sino desde la verdad. 

Medios de todo el país —y del extranjero— comenzaron a llamarme. Entrevistas, paneles, informes especiales. Porque, entre todos los opinadores, pocos podían explicar lo que estaba pasando en términos técnicos y políticos al mismo tiempo.

De repente, me vi en un rol inesperado: el de intérprete. El de traductor de código a lenguaje humano. De sistemas distribuidos a ética pública. ¿Por qué es importante pensar la tecnología? ¿Y por qué, sobre todo, es crucial pensarla en términos políticos? Porque estamos completamente atravesados por ella. Porque cada capa de nuestras vidas —desde el trabajo hasta el amor, desde la memoria hasta la identidad— está mediada por sistemas, algoritmos, protocolos. Y porque ninguna tecnología es neutra. 

Toda tecnología nace en un contexto. La computadora emergió durante la Segunda Guerra Mundial. Internet, durante la Guerra Fría, como una red de redes diseñada para resistir ataques nucleares. El blockchain y las criptomonedas surgieron como respuesta a la gran crisis financiera del siglo XXI. Es decir, la tecnología siempre aparece como solución a una amenaza. Y como todo instrumento de poder, hay que aprender a leerla. Entenderla. Disputarla.

Después del tuit de Milei, el valor global de $LIBRA se disparó hasta los 4.500 millones de dólares. Repentinamente, las pocas billeteras que concentraban la mayoría de los tokens retiraron 90 millones de dólares y la criptomoneda se derrumbó.

Lo que ocurrió con Libra fue justamente eso. Hoy las conversaciones son de muchos a muchos. Y la tecnología —si sabemos interpretarla— habilita formas inéditas de participación, organización, resistencia y construcción de sentido. Por eso es tan importante hablar de descentralización. Por eso es vital que existan herramientas de código abierto, sistemas encriptados, redes distribuidas. 

Y por eso —más que nunca— la inteligencia será la moneda más escasa y poderosa. Inteligencia para discernir, para elegir, para anticiparse.

Este libro es una crónica en primera persona. No pretende ser objetivo, eso sería arrogante para cualquiera. Pero sí busca ser honesto. Son relatos tecnopolíticos sobre momentos en los que el conocimiento dejó de ser abstracto para convertirse en acción. Episodios en los que la tecnología dejó de ser fondo y pasó a primer plano, con consecuencias concretas, institucionales, emocionales. Porque estamos entrando en una era en la que el campo cognitivo es el nuevo territorio político. Y allí, el programador —el que escribe sistemas, pero también el que los interpreta— tiene una responsabilidad fundamental.

Tecnosapiens ya se encuentra disponible en todas las librerías del país.
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