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La ONU acorraló a las gigantes de la IA y la respuesta fue un desprecio total

António Guterres exigió a las gigantes tecnológicas revelar cuánta energía, agua y tierra consumen sus data centers y pasarse a renovables para 2030. El Financial Times consultó a siete compañías: ninguna aceptó siquiera discutirlo.
El portugués Guterres. EE
08-07-2026
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La inteligencia artificial quedó en el centro de la agenda climática mundial, y la industria eligió la peor respuesta posible: el silencio. En un discurso pronunciado durante la London Climate Action Week hace unas semanas, el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, apuntó directamente contra las empresas de IA y presentó la Iniciativa de Transparencia Ambiental de la IA, un llamado inédito para que las compañías del sector midan y publiquen la huella completa de sus sistemas.

"Basta de costos ocultos. Basta de trasladar la carga a quienes menos pueden soportarla", lanzó Guterres ante una audiencia que incluyó a Michael Bloomberg y al alcalde de Londres. Y remató con una frase que ya funciona como consigna: "Es hora de sincerarse".

La reacción del sector no tardó en medirse. Y el resultado fue demoledor.

Qué exige la ONU a las empresas de IA

El planteo de Guterres tiene dos ejes concretos. Primero, que cada gran empresa de inteligencia artificial mida y divulgue públicamente el impacto ambiental total de sus sistemas: la huella de carbono, el consumo de agua y la ocupación de tierra. Segundo, que se comprometan a alimentar todos sus data centers con energía renovable para 2030.

El secretario general reconoció el potencial transformador de la tecnología. La IA "puede acelerar las soluciones climáticas", ayudar a curar enfermedades y transformar la educación, admitió. Pero fue tajante con la contracara: "La IA también está hambrienta de tierra, agua y energía".

"Si la IA va a ayudar a construir un futuro mejor, debe ser honesta sobre lo que nos cuesta ahora", sentenció.

Los números que alarman a Naciones Unidas

Según los datos citados por Guterres en su discurso, los data centers que sostienen la inteligencia artificial ya consumen más electricidad que la mayoría de los países del mundo.

Y la proyección es todavía más impactante: para 2030, estos centros de datos podrían usar más energía que todos los países del planeta salvo cinco, y una cantidad de agua suficiente para cubrir las necesidades básicas de los 1.300 millones de habitantes de África subsahariana durante un año entero.

A eso se suma la ocupación de tierras, "a menudo en lugares que ven pocos de los beneficios", advirtió el titular de la ONU. Y denunció que, pese a estas preocupaciones, "las comunidades suelen quedar a oscuras sobre el impacto ambiental de la infraestructura que crece a su alrededor".

La respuesta de las empresas: silencio total

El primer test de la iniciativa de Guterres ya tiene resultado. La periodista del Financial Times Pilita Clark consultó a siete empresas de inteligencia artificial para saber si atenderían el llamado del secretario general de la ONU.

"Mis consultas quedaron sin respuesta de todas excepto Microsoft y OpenAI, que me enviaron su último material ambiental publicado, pero declinaron discutir el pedido de Guterres", relató Clark.

Es decir: ninguna de las siete compañías aceptó siquiera conversar sobre la exigencia de la ONU. Las dos únicas que contestaron se limitaron a reenviar informes ya publicados.

Clark rescató de todos modos un detalle revelador en la política de OpenAI sobre infraestructura de IA. La empresa afirma que apoya "políticas que requieran transparencia en torno al agua, la electricidad y los acuerdos gubernamentales", pero con una salvedad de peso: "con las excepciones apropiadas para mantener la seguridad, las sensibilidades comerciales, los secretos comerciales y la información propietaria".

Para la columnista del FT, esa letra chica lo dice todo. Su conclusión fue lapidaria: "El caso, creo, está cerrado".

El contexto: una "historia de dos crisis"

El reclamo a las tecnológicas no fue un hecho aislado, sino el tercer punto de un plan de siete pasos que Guterres presentó para enfrentar lo que definió —citando a Dickens en plena Londres— como una "historia de dos crisis": la climática y la energética.

El diagnóstico fue lapidario. El mundo acaba de atravesar los once años más calurosos jamás registrados, y el propio día del discurso Londres vivía la jornada más calurosa del año. "Londres no está llamando: se está cocinando", ironizó.

Guterres advirtió además que los científicos anticipan que las temperaturas promedio anuales superarán el umbral de 1,5 grados del Acuerdo de París en los próximos años, y que cuanto mayor y más largo sea ese exceso, mayor será el riesgo de cruzar puntos de inflexión planetarios irreversibles: colapso de arrecifes de coral, pérdida acelerada de las capas de hielo de Groenlandia y la Antártida occidental, y sectores del Amazonas virando hacia condiciones de sabana.

A la crisis climática se sumó el shock energético desatado por el conflicto en Medio Oriente, que según la Agencia Internacional de Energía rivaliza en escala con las crisis petroleras de los años 70 y la invasión rusa a Ucrania combinadas.

Renovables: la salida que propone la ONU

Frente a este escenario, Guterres defendió a las energías renovables como "la piedra angular de la verdadera seguridad energética". Y desplegó cifras contundentes: desde 2010, el costo de la energía solar cayó casi 90%, el de la eólica terrestre más de 70% y el del almacenamiento en baterías, 95%.

El año pasado, la generación eólica y solar superó todo el crecimiento de la nueva demanda eléctrica mundial, y más del 90% de la nueva capacidad renovable ya es más barata que las alternativas fósiles de menor costo.

"No hay embargos sobre la luz del sol ni bloqueos sobre el viento", resumió el secretario general, en uno de los pasajes más citados del discurso.

El mensaje de fondo fue una advertencia a los inversores: quienes apuesten a expandir carbón, petróleo y gas arriesgan quedarse no solo con activos varados, sino con "economías enteras" varadas. El motor de crecimiento del siglo XXI, insistió, "funciona con energía limpia".

Qué viene ahora

Guterres anunció que convocará a líderes mundiales en septiembre para avanzar en una transición energética ordenada, de cara a la próxima conferencia climática de la ONU, la COP31, que se realizará en Turquía.

Para las empresas de inteligencia artificial, el mensaje quedó planteado en términos binarios: transparencia total sobre su huella ambiental o el costo de ocultarla. 

Por ahora, y a juzgar por el sondeo del Financial Times, eligieron la segunda opción. "La transición será inevitable", cerró Guterres. Las gigantes de la IA, de momento, ni siquiera atienden el teléfono. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar