Terrorismo y ChatGPT: cómo Boko Haram y el Estado Islámico usan la IA para ganar en el campo de batalla
Cuando un grupo de combatientes de Boko Haram se topó con una zanja defensiva que protegía una base militar en el este de Nigeria, recurrió a un asesor inesperado para replantear su estrategia: un chatbot de inteligencia artificial.
A través de consultas detalladas sobre el peso de sus motocicletas y las distancias de aceleración necesarias, mecánicos insurgentes lograron modificar los vehículos para saltar las trincheras con éxito.
Este episodio, documentado en una investigación preliminar de la Universidad de Cambridge, marca una peligrosa evolución: la inteligencia artificial generativa ha dejado de ser una simple herramienta de propaganda y reclutamiento para convertirse en un asesor táctico en tiempo real dentro del campo de batalla.
De la guerra informática al terreno de combate
Hasta ahora, el consenso analítico dictaba que organizaciones como el Estado Islámico y Al Qaeda utilizaban los modelos de lenguaje principalmente para la guerra de la información: traducción masiva, diseño gráfico y propaganda.
Sin embargo, el trabajo de campo de la doctora Antonia Juelich, que incluyó casi 60 entrevistas a exmiembros de Boko Haram, demuestra que los extremistas consultan a la IA en cada etapa de sus operaciones militares.
Las células terroristas emplean las plataformas para la preparación de misiones, la optimización de armamento, el análisis técnico posterior a los ataques y la búsqueda de fallos en la seguridad enemiga. Un excomandante de la Provincia de África Occidental del Estado Islámico relató cómo la IA operaba como un "robot humano" capaz de entregar instrucciones detalladas paso a paso para la fabricación de explosivos improvisados ante preguntas directas o manipuladas lingüísticamente para evadir los filtros de seguridad.
Evasión de barreras y agnosticismo de plataforma
El hallazgo más alarmante para la industria tecnológica es que los grupos insurgentes son completamente agnósticos respecto a las plataformas. Los informes confirman que los operativos alternan sin distinción entre ChatGPT de OpenAI, Claude de Anthropic, Gemini de Google, Grok de xAI y la china DeepSeek. Cuando un sistema bloquea una solicitud peligrosa, los terroristas aplican técnicas de persuasión persistente y jailbreaking para eludir los protocolos, una habilidad que socializan mediante sesiones de entrenamiento organizadas a través de redes yihadistas transnacionales con computadoras encriptadas y conexiones VPN.
Aunque representantes de Anthropic, Google y OpenAI aseguran que sus modelos más recientes cuentan con defensas reforzadas para rechazar solicitudes vinculadas a la violencia, auditorías externas muestran que las barreras aún son permeables. E
n pruebas realizadas por la organización Tech Against Terrorism sobre miles de casos reales, los modelos líderes solo emitieron rechazos totales en el 57% de los intentos, mostrando vulnerabilidades críticas en consultas sobre armas químicas improvisadas. Por su parte, el Future of Life Institute advirtió en su última evaluación que las garantías de seguridad de la industria se han erosionado de manera generalizada, otorgando calificaciones reprobatorias a firmas como xAI y DeepSeek.
El dilema de la seguridad nacional y las armas digitales
La integración de la IA en la logística terrorista coincide con el incremento de las advertencias de inteligencia en Washington. El director de la CIA, John Ratcliffe, comparó recientemente a los modelos avanzados con "armas nucleares digitales", mientras la administración Trump presiona a los principales laboratorios para que el gobierno audite las plataformas antes de su lanzamiento público. Sin embargo, las autoridades federales han centrado sus alarmas en los riesgos de ciberseguridad a gran escala, subestimando aplicaciones tácticas inmediatas, como el uso de algoritmos para optimizar la impresión 3D de componentes para drones y la fabricación de piezas de repuesto en el frente de batalla.
La inteligencia artificial no transformará el terrorismo de la noche a la mañana ni reemplazará la confianza, la financiación y la experiencia real que requieren los operativos de alta complejidad.
Sin embargo, el peligro actual radica en el aumento automático de la competencia operativa en actores de bajo nivel y células independientes, quienes hoy cuentan con un instructivo militar interactivo, inagotable y disponible en el bolsillo que acelera los tiempos de movilización y optimiza sus esquemas de fraude para el financiamiento ilícito. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar