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¿Por qué cada vez más jóvenes eligen vivir sin smartphone?

Cada vez más personas cambian el smartphone por un "dumb phone". De Washington a Buenos Aires, crece el negocio del detox digital

Un smartphone se derrita y transforma en un teléfono con tapita, mientras las redes sociales se desvanecen y una persona camina hacia la naturaleza.
Un smartphone se derrita y transforma en un teléfono con tapita, mientras las redes sociales se desvanecen y una persona camina hacia la naturaleza. EE
9 noviembre de 2025

El auge global del "modo avión permanente"

Los celulares inteligentes conquistaron cada rincón de la vida moderna: trabajo, ocio, pareja, trámites, salud. Pero la saturación llegó a un punto de quiebre. En plena era de la hiperconectividad, surge una contracorriente inesperada: volver al teléfono tonto.

En Washington, la empresa Dumb and Co. lanzó el programa Month Offline, un "club social sin pantallas" donde los miembros dejan sus smartphones por 30 días y se comunican con un flip phone. Por US$ 100, reciben un celular básico, un nuevo número, acceso a reuniones grupales y hasta programas radiales semanales.

Su base de operaciones, el bar Hush Harbor, es el primer bar sin teléfonos de la capital estadounidense. Sin fotos, sin Wi-Fi, sin likes. Solo conversación real.



"El teléfono amplifica nuestras tendencias evitativas", explica Grant Besner, cofundador del programa. "Sentarte con tus pensamientos puede ser una experiencia transformadora".

El club de los desconectados

Lejos de ser un simple detox, Month Offline se transformó en un fenómeno cultural. Algunos lo comparan con "Alcoholics Anonymous" para adictos al scroll. Los participantes no solo buscan apagar la pantalla, sino recuperar la atención, el tiempo y la calma.

Una de ellas, Lydia Peabody, dejó su smartphone por motivos de salud mental. "No sabía que la vida podía sentirse así", contó. Hoy trabaja en la empresa que la ayudó a desintoxicarse.



La tendencia ya se exportó: Month Offline Brooklyn abrirá su primera sede en enero de 2026 y la lista de espera crece.

De Washington a Madrid: el movimiento se globaliza

El entusiasmo se contagió. En Europa, las comunidades con teléfonos "bobos" están de moda. En España, las ventas de dumb phones aumentaron más de 200% y hasta figuras mediáticas como el periodista David Broncano se sumaron al movimiento.

No todos cambian de dispositivo: muchos descargan apps como Minimalist Phone o Dump-Phone, que limitan el acceso a redes sociales y aplicaciones distractoras. Otros prefieren la propuesta completa de Dumb & Co., que combina suscripción, acompañamiento y comunidad.



La idea es simple pero poderosa: la atención es el nuevo lujo. En un mundo saturado de estímulos, pagar por desconectarse se convirtió en una forma de bienestar.

América Latina también busca aire

En Argentina y Chile, la ola comienza a llegar. El presidente Gabriel Boric sorprendió cuando mostró su celular con tapa durante una conferencia. "La tecnología debe mejorar nuestra vida, no robarnos el control de nuestras decisiones", dijo.

Según un estudio de la Defensoría del Pueblo bonaerense, el 36% de los argentinos reconoce un uso problemático del celular. Más de un cuarto de los adultos lo usa "en todo momento".



Mientras tanto, marcas como Nokia y HMD aprovecharon el boom nostálgico relanzando modelos clásicos y nuevos dispositivos como The Boring Phone, promocionado como "el teléfono más aburrido del mundo".

Su virtud: no tiene Internet ni redes sociales, pero ofrece algo más escaso que cualquier app: paz mental.

El detox digital también es psicológico

El psicólogo Miguel Espeche advierte que la hiperconectividad "satura el sistema nervioso y nos deja hipnotizados por las pantallas". Su diagnóstico: el cerebro necesita espacios de silencio.



Otros usuarios adoptan tácticas más moderadas: apagar notificaciones, limitar el tiempo en redes o usar el modo minimalista de los smartphones.

"Cada notificación dispara dopamina y ansiedad", explica el periodista Rodrigo Álvarez. "Con limitar las funciones y ser más consciente del uso ya es un gran paso".

Su colega Federico Poore, en diálogo con TN, coincide: "Las notificaciones están destruyendo nuestra capacidad de concentración. Puse temporizadores: 30 minutos al día en redes y listo".



De moda wellness a negocio global

Lo que empezó como una reacción cultural ya es una industria del bienestar digital. Desde bares sin pantallas hasta consultorías de desconexión, pasando por apps de bloqueo inteligente (Freedom, One Sec, Forest), el detox se convirtió en mercado.

Incluso existen festivales como el Global Day of Unplugging, apoyado por Verizon, y movimientos como Wait Until 8th, que promueven posponer el uso de smartphones en niños hasta los 13 años.

Los analistas lo llaman "la economía de la atención invertida": empresas que antes competían por captar segundos de mirada, ahora monetizan el silencio y la desconexión.



El precio de recuperar el tiempo

Una encuesta de Harris Poll (2024) reveló que la mitad de los adultos estadounidenses se siente adicta a su smartphone. La paradoja: la herramienta que prometía liberarnos del trabajo y acercarnos, terminó esclavizándonos.

"Hay evidencia de que los digital detox funcionan", señala el psicólogo Kostadin Kushlev (Georgetown). Pero no basta con apagar el celular un fin de semana: se necesita una práctica sostenida y comunitaria.

Por eso, los nuevos movimientos no se venden como retiros, sino como "escuelas de atención". Espacios donde lo offline se vive como un acto de resistencia cultural.



Más allá del detox: la rebelión del tiempo

Cada generación tuvo su contracultura. La de hoy es apagar el teléfono.

En un mundo dominado por algoritmos, datos y dopamina, volver al silencio se volvió revolucionario.

El "teléfono tonto" no es nostalgia: es un síntoma. Una forma de decir que la economía de la atención tiene un límite humano.



Y quizás la verdadera innovación del siglo XXI no sea un nuevo modelo de iPhone, sino aprender —por fin— a vivir sin él.

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