Por Ariel Bazán
La nueva función de ChatGPT que permite generar imágenes con la estética del reconocido estudio de animación japonesa Ghibli sobrecargó los servidores de OpenAI y obligó a la empresa a implementar restricciones a los usuarios.
Luego que el CEO de OpenAI, Sam Altman, compartiera una imagen transformada al estilo Ghibli con ChatGPT, miles de usuarios empezaron a convertir fotografías personales y de figuras públicas en ilustraciones al estilo del popular director Hayao Miyazaki. Este fenómeno, conocido como "Ghiblificación", sobrecargó las unidades de procesamiento gráfico (GPU) de OpenAI y obligó a la empresa a limitar la función sólo para los suscriptores pagos.
Además de los desafíos técnicos, la "Ghiblificación" planteó interrogantes sobre los derechos de autor y la propiedad intelectual. Varios artistas mostraron preocupación por la facilidad con que la IA puede replicar estilos específicos sin compensar a los creadores originales y muchas veces sin su consentimiento previo. En respuesta a esto, OpenAI prohibió la generación de imágenes que imiten el estilo de artistas vivos, aunque lo mantuvo para estudios grandes como Ghibli.
Otro debate que se abrió fue el uso político de esta herramienta, luego que la Casa Blanca publicara una imagen con estilo Ghibli sobre la detención de un inmigrante indocumentado. Además, volvió a plantearse la cuestión de los desafíos ambientales, ya que la creciente generación de imágenes requiere un consumo energético significativo para alimentar los potentes GPU.


