Un escándalo judicial, un asesino de TikTok y Bergman: qué ver en Netflix, HBO Max y Prime
Una selección especial con las mejores series y películas, que incluye también estrenos en salas de cine.
Estas son las series y películas para ver en el fin de semana en Netflix, HBO Max, Prime Video y YouTube.
1. Miniserie para ver en Netflix: Vladimir
Una profesora universitaria de literatura, interpretada por la siempre cautivante Rachel Weisz (El jardinero fiel, La favorita), combina en su personalidad lucidez intelectual, ironía y una creciente sensación de vacío. A su alrededor orbitan dos figuras decisivas: su marido, también profesor, interpretado por John Slattery (Mad Men), cuya relación con varias estudiantes desencadena un escándalo académico, y el joven colega Vladimir, encarnado con voluptuosa sensualidad por Leo Woodall (Bridget Jones: Loca por él, Siempre el mismo día) cuya presencia despierta en la protagonista una mezcla de fascinación, deseo y curiosidad emocional. Weisz construye una figura llena de matices, atrapada entre el desencanto y la imaginación, mientras Slattery aporta una ambigüedad moral que oscila entre el cinismo y la autocomplacencia. Woodall, en cambio, funciona menos como un objeto romántico convencional que como un detonante simbólico del conflicto interior de la protagonista.
La trama se pone en marcha cuando salen a la luz las aventuras del marido con sus alumnas. Aunque la revelación no destruye el matrimonio, ya que ambos habían establecido ciertos acuerdos de libertad, sí deja a la protagonista enfrentada a una inquietud más profunda. Poco después aparece Vladimir, un profesor más joven que despierta en ella una vida imaginaria cada vez más intensa. La profesora comienza a sorprenderse a sí misma sumergida en fantasías (algunas sumamente divertidas), muchas de ellas de carácter erótico, que contrastan con su incapacidad para transformar ese deseo en una acción concreta. Así, la serie desplaza el foco desde el escándalo sexual hacia un territorio más ambiguo, donde la imaginación, la frustración y la introspección se entrelazan.
El guion apuesta por una historia de seducción consumada y se concentra en el mapa mental del deseo. Incluso cuando el relato parece insinuar temas asociados al clima cultural posterior al movimiento Me Too, la narración opta por un enfoque más introspectivo que polémico. Existe una diferencia de edad y de jerarquía profesional entre la profesora y el joven colega, pero esos elementos no se convierten en el centro del conflicto, sino en un telón de fondo que subraya la complejidad de las relaciones humanas y las proyecciones afectivas.
La adaptación de la novela de Julia May Jonas, quien también desarrolló la serie, se articula en torno a una búsqueda de sentido. La protagonista atraviesa un bloqueo creativo que le impide escribir, como si su vida hubiera quedado suspendida en una rutina sin horizonte. En ese contexto, Vladimir aparece menos como una aventura potencial que como un estímulo que la obliga a mirarse hacia adentro y a reconsiderar su relación con la escritura, la imaginación y el deseo. La serie reflexiona así sobre la forma en que la realidad y la creación artística se contaminan mutuamente, mostrando cómo los individuos terminan convirtiéndose en personajes dentro de las fantasías de los otros.
En sus 8 episodios de media hora, emerge un tono de comedia negra. El humor surge de situaciones incómodas, conversaciones que se desbordan en justificaciones absurdas y personajes que quedan atrapados en su propia torpeza emocional. La vida académica, las relaciones sentimentales y la crisis de la mediana edad son observadas con una ironía constante. A todo lo antedicho, se le suma el placer de ver a Weisz en acción, cometiendo desatinos cada vez más gravosos, algo que bien vale la pena.
Recomendada.
2. Película para ver en Prime Video: Traslados
Cercanos a cumplirse los 50 años del inicio de la dictadura de 1976 el próximo 26 de marzo, la plataforma exhibe este documental dirigido por Nicolás Gil Lavedra, que adopta por momentos la estructura de un thriller de investigación para reconstruir uno de los mecanismos más siniestros del terrorismo de Estado. A partir de pistas dispersas, documentos olvidados y testimonios fragmentarios, la película sigue el rastro de los llamados "vuelos de la muerte": operaciones clandestinas en las que prisioneros políticos eran sedados y arrojados con vida desde aviones militares al Río de la Plata o al océano Atlántico. La revelación paulatina de datos, el armado de un rompecabezas aún incompleto y la búsqueda de pruebas materiales imprimen al relato un suspenso sostenido, en el que cada hallazgo parece acercar un poco más a la verdad.
La investigación avanza a través de testimonios de sobrevivientes, periodistas y especialistas que reconstruyen el funcionamiento de este método de exterminio aplicado a detenidos provenientes de centros clandestinos de detención. Entre ellos sobresale la figura de la periodista Miriam Lewin, que fue prisionera en la ESMA y décadas después participó en una investigación que permitió localizar en Estados Unidos una de las aeronaves utilizadas en estos traslados clandestinos. Su doble condición de víctima e investigadora le otorga al relato una perspectiva singular, donde la memoria personal se entrelaza con el trabajo periodístico y judicial.
El film recuerda cómo muchos detenidos desaparecidos eran seleccionados para un supuesto "traslado", un eufemismo que ocultaba su ejecución. A partir de allí reconstruye casos emblemáticos como el secuestro de Azucena Villaflor, una de las fundadoras de las Madres de Plaza de Mayo, y el de las religiosas francesas Alice Domon y Léonie Duquet, todas ellas asesinadas en uno de esos vuelos clandestinos organizados por un grupo de tareas en el que participaba el marino Alfredo Astiz. El documental muestra cómo estas historias pudieron reconstruirse con el paso de los años gracias a investigaciones judiciales, testimonios y hallazgos forenses.
Desde el punto de vista formal, Traslados combina entrevistas actuales, material de archivo y dramatizaciones que recrean momentos clave del proceso represivo. Estas reconstrucciones buscan transmitir la atmósfera opresiva de los secuestros y de los preparativos previos a los vuelos, aunque el film alcanza mayor potencia cuando se apoya en el peso de los documentos y en la palabra de los testigos. En particular, la investigación sobre el avión Short SC.7 Skyvan aporta un elemento concreto que transforma la narración en una suerte de pesquisa histórica.
Más que ofrecer revelaciones espectaculares, el documental funciona como una pieza de memoria que vuelve sobre un proceso aún incompleto. El relato sugiere que la historia del exterminio clandestino durante la dictadura sigue siendo un rompecabezas al que todavía le faltan piezas. En ese sentido, la película se inscribe dentro del corpus del cine argentino dedicado a revisar críticamente el pasado reciente, subrayando que la búsqueda de verdad y justicia continúa abierta y que cada nueva investigación permite iluminar un fragmento más de esa zona oscura de la historia.
Muy recomendada.
3. Miniserie pafra ver en HBO Max: Portobello
Esta serie reconstruye el célebre caso judicial que sacudió a Italia en los años ochenta: la caída del popular presentador televisivo Enzo Tortora, acusado de pertenecer a una organización de la Camorra dedicada al narcotráfico. En 1983, Tortora se encontraba en el punto más alto de su carrera gracias al enorme éxito de su programa Portobello, un fenómeno de audiencia que reunía a millones de espectadores cada viernes por la noche. Sin embargo, una serie de acusaciones provenientes de criminales detenidos, del grupo en torno al jefe mafioso Raffaele Cutolo, desencadena un proceso judicial que transformará al ídolo televisivo en protagonista de uno de los mayores escándalos judiciales de la historia italiana.
El relato sigue la progresiva construcción de esa acusación y el clima mediático que la acompañó. Tortora, interpretado con solidez por Fabrizio Gifuni, pasa en cuestión de meses de ser un rostro familiar para millones de espectadores a convertirse en sospechoso público de tráfico de drogas y asociación criminal. Las declaraciones de arrepentidos vinculados a la Camorra encuentran eco en sectores del aparato judicial y político, dispuestos a convertir al presentador liberal en ejemplo de corrupción moral. A partir de allí la historia se desarrolla como un largo proceso de degradación pública, en el que la fama, la manipulación mediática y las tensiones políticas se entrecruzan con el funcionamiento ambiguo de la justicia.
El caso real ofrecía material dramático suficiente para una reconstrucción extensa, y Marco Bellocchio opta por abordarlo en una narración de gran aliento que puede verse tanto como una miniserie de seis episodios como un largometraje de duración monumental. Bellocchio, una de las figuras centrales del cine italiano contemporáneo desde clásicos como Con los puños en el bolsillo (1965), ha alternado a lo largo de su carrera entre el cine político, la exploración psicológica y el retrato histórico. En los últimos años extendió además su campo de acción hacia la televisión con proyectos ambiciosos como Esterno notte, sobre el secuestro de Aldo Moro, consolidando una etapa marcada por reconstrucciones históricas de gran escala.
En este nuevo trabajo el director vuelve a interesarse por un episodio emblemático de la vida pública italiana, como ya había hecho en su film anterior La conversión centrado en el caso Mortara. Aquí, sin embargo, el eje no es solo judicial sino también mediático: el ascenso y caída de un personaje televisivo cuya figura estaba íntimamente ligada al espectáculo popular. El propio programa Portobello, con su mezcla de concurso, reportajes y participación del público, se convierte en símbolo de la cultura televisiva de la época y del poder que la pantalla podía ejercer sobre la opinión pública.
Paradójicamente, el rasgo más sugestivo de la puesta en escena reside en esa dimensión televisiva. Los decorados de estudio, el estilo frontal de las actuaciones y el uso de material de archivo subrayan que la historia funciona en dos niveles: como relato judicial y como reflexión sobre la maquinaria mediática que fabrica y destruye celebridades. El resultado es un retrato sólido, con rasgos caricaturescos que lo alejan de lo convencional, desarrollando hasta la medula un escándalo judicial donde se cruzan poder mediático, errores del sistema judicial y tragedia personal, reafirmando el interés constante de Bellocchio por los momentos en que la historia pública irrumpe violentamente en la vida privada. (Hasta Ahora la plataforma ha emitido 3 de los 6 episodios)
Muy recomendada.
4. Miniserie para ver en Netflix: El asesino de TikTok
Este documental en dos episodios parte de la misteriosa desaparición de Esther Estepa, una mujer española de clase media baja de 42 años que en 2023 se esfuma sin dejar rastro mientras viajaba sola por el país. La última señal que reciben sus padres es un mensaje en el que ella asegura que quiere empezar una nueva vida, pero el tono de esas palabras y las faltas de ortografía despiertan sospechas inmediatas en la familia. Convencidos de que algo no encaja, comienzan por su cuenta una búsqueda obsesiva para reconstruir sus últimos movimientos. En ese proceso aparece un personaje inquietante: José Jurado Montilla, que anda de mochilero con sus 7 dientes, un viajero que registraba sus recorridos en redes sociales y que se había cruzado con Esther durante su trayecto.
La investigación avanza siguiendo el rastro digital que dejó la desaparecida. Ante la falta de respuestas por parte de la policía, la familia revisa publicaciones, mensajes y videos en internet con la esperanza de descubrir qué ocurrió en los días previos a la desaparición. En ese sentido, las redes sociales se convierten en una herramienta central del relato. Los contenidos publicados por Montilla en TikTok funcionan como material clave para reconstruir su personalidad pública y su relación con la víctima, ya que el acusado, como ocurre a menudo en este tipo de producciones, no participó en entrevistas directas.
Gran parte del peso emocional recae en las entrevistas con los familiares de Esther, quienes evocan aquellos meses de incertidumbre y describen el proceso de búsqueda desde una perspectiva íntima. Aunque el tema podría prestarse a una explotación sensacionalista, el director Héctor Muniente opta en general por un tono relativamente contenido, evitando caer en el voyerismo excesivo que suele caracterizar a muchas producciones de este tipo.
Desde el punto de vista formal, la serie encuentra su rasgo más distintivo en el uso de videos de redes sociales como piezas narrativas. Los registros del propio Montilla, grabados originalmente como contenido de viajes para internet, adquieren aquí una dimensión perturbadora al ser revisitados bajo la luz de los hechos posteriores. Esa transformación del material aparentemente cotidiano en evidencia potencial aporta al relato un clima inquietante, donde la banalidad del vlog turístico convive con la sospecha de un crimen.
Las revelaciones sobre el pasado de José Jurado Montilla, su accionar en lo cercano, sus veleidades de poeta, su boca desdentada, los agujeros negros de sus ojos, dejan al descubierto una personalidad cercana a lo monstruoso.
Recomendada.
5. Película para ver en YouTube: Fanny y Alexander
Esta obra monumental de Igmar Bergman se presenta, en apariencia, como el relato íntimo de una familia burguesa sueca a comienzos del siglo XX, pero pronto revela una dimensión mucho más amplia: la de una memoria personal transformada en fábula cinematográfica. La historia sigue a los hermanos Fanny y Alexander Ekdahl, hijos de un actor y director de teatro que muere repentinamente. Tras la tragedia, su madre se casa con un austero obispo luterano, cuyo hogar se convierte para los niños en un espacio de disciplina, represión y miedo. Lo que comienza como una crónica familiar se transforma progresivamente en un cuento oscuro sobre la infancia, la imaginación y el poder de la fantasía para resistir a la autoridad.
El centro emocional del relato es Alexander, interpretado por Bertil Guve, un niño sensible y rebelde cuya mirada convierte el mundo en un territorio ambiguo donde la realidad convive con visiones, sueños y presencias espectrales. En este personaje se reconoce con claridad un alter ego del propio Bergman, quien a lo largo de su obra volvió una y otra vez sobre los recuerdos de su infancia marcada por la severidad religiosa de su padre pastor protestante. Alexander encarna esa tensión entre el miedo y la imaginación que atravesó la vida del cineasta: un niño que encuentra refugio en el teatro, en las historias y en la fantasía para escapar de un universo adulto dominado por la culpa y el castigo.
En ese sentido, la película funciona como una suerte de autobiografía transfigurada. Bergman recrea aquí un mundo que recuerda al de su propia niñez, pero lo hace filtrándolo a través de la memoria, la ficción y el mito. La familia Ekdahl, bulliciosa, sensual y teatral, representa un espacio de libertad creativa y vital que contrasta con la rigidez moral del obispo. Entre ambos polos se despliega una reflexión sobre la infancia como territorio de formación emocional, pero también como campo de batalla entre la imaginación y la autoridad.
Al mismo tiempo, Fanny y Alexander puede leerse como una síntesis de los grandes temas que atravesaron toda la filmografía de Bergman. La confrontación entre religión y libertad, la presencia de lo sobrenatural, la importancia del teatro como espacio simbólico y la exploración de la vida familiar aparecen aquí condensadas en una narración de tono casi novelístico, de a ratos dickensiana. Ecos de films como Gritos y susurros, El séptimo sello o Persona resuenan en la forma en que el guion combina introspección psicológica, simbolismo y momentos de abierta dimensión fantástica.
El proyecto surgió en un momento decisivo de la vida del director. Tras años de tensiones con el sistema fiscal sueco que lo llevaron a un exilio temporal en Alemania, Bergman regresó a Suecia decidido a realizar una obra de gran escala que funcionara como despedida del cine. La película fue producida por el Instituto Sueco de Cine que le destinó el mayor presupuesto de su historia y concebida en dos versiones: una versión cinematográfica de poco más de tres horas (la que exhibe YouTube) y una extensa versión televisiva de más de cinco horas, pensada para Sveriges Television, donde la estructura narrativa adquiere un ritmo más amplio y novelesco.
Desde el punto de vista visual, el film despliega una riqueza extraordinaria. La fotografía de Sven Nykvist, colaborador habitual del director, convierte los interiores burgueses en espacios suntuosos, cálidos y casi mágicos durante las escenas en la casa Ekdahl, mientras que el hogar del obispo aparece dominado por una austeridad sombría y opresiva, tan reseca como la piedra. Ese contraste visual subraya el conflicto central de la película: el enfrentamiento entre un universo regido por el placer, la imaginación y el arte, y otro marcado por la represión espiritual.
El reconocimiento internacional fue inmediato. La película obtuvo cuatro premios Oscar: mejor película extranjera, mejor fotografía, mejor dirección artística y mejor diseño de vestuario, consolidando su prestigio en el circuito internacional. Además, recibió el BAFTA al mejor film en otra lengua y múltiples galardones en Europa, confirmando que el supuesto "adiós al cine" de Bergman se transformaba en una de las cumbres de su carrera.
Con el paso del tiempo, Fanny y Alexander ha sido vista cada vez más como el testamento cinematográfico de Bergman. No porque haya sido literalmente su última obra filmada para la gran pantalla, sino porque condensa de manera luminosa y melancólica toda su visión del mundo: la infancia como territorio de descubrimiento, el arte como refugio frente al dolor y la imaginación como forma de resistencia ante la oscuridad. En esa mezcla de memoria, fantasía y reflexión sobre el teatro y el cine, la película se convierte en una despedida monumental de uno de los autores más influyentes de la historia del cine.
Imperdible.
Nota: La plataforma exhibe dos versiones: una doblada al español neutro y otra en sueco con subtítulos en español, es cuestión de buscarlas
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