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Qué ver en streaming: tragedia oculta, crimen viral y vínculos al límite

Tres historias que incomodan y atrapan: un crimen real, una tragedia que se oculta y vínculos que asfixian en una selección ideal para maratonear.

Camila Morrone en Algo terrible está por suceder y Audrey Hepburn en La calumnia.
Camila Morrone en Algo terrible está por suceder y Audrey Hepburn en La calumnia.

Una selección especial con las mejores series y películas, que incluye también estrenos en salas de cine.

Estas son las series y películas para ver en el fin de semana en Netflix y Prime Video.

1. Miniserie para ver en Netflix: Esa noche



Un viaje de placer en la República Dominicana se convierte en tragedia cuando Elena (Clara Galle), Paula (Claudia Salas) y Cris (Paula Usero) atropellan a un policía que muere a causa del impacto. Presas del miedo, las tres hermanas deciden encubrir lo ocurrido para evitar la cárcel. A partir de ese momento, la historia se despliega como una cadena de mentiras que se vuelve cada vez más difícil de sostener.

Las actrices construyen un vínculo creíble y tenso: Galle aporta fragilidad, Salas una firmeza pragmática y Usero una sensibilidad inestable. Juntas delinean una relación marcada por la dependencia emocional y un pasado compartido que las une tanto como las condiciona. Ese lazo es el verdadero motor del relato.

La miniserie (6 episodios) se basa en la novela That Night de Gillian McAllister y no plantea un misterio clásico, ya que desde el inicio sabemos quiénes son las responsables. El interés está en reconstruir los hechos y entender qué llevó a esa noche fatal, alternando entre pasado y presente para revelar tanto el accidente como sus consecuencias.



Con el correr de los episodios, el thriller se transforma en un drama centrado en la historia personal de las hermanas y un trauma que las marcó desde la infancia. Aunque pierde algo de tensión y cae por momentos en excesos, la serie mantiene el interés al explorar cómo el pasado y los vínculos pueden arrastrar a las personas hacia decisiones límite.

Recomendada.

2. Miniserie para ver en Netflix: Algo terrible está por suceder



El miedo a quedar atrapada en un lazo afectivo que se transforme en una mazmorra -algo que también es la base de Love Story: John F. Kennedy Jr. y Carolyn Bessette- es el punto de partida de esta interesante miniserie.

A cinco días de su boda, Rachel (Camila Morrone) y Nicky (Adam DiMarco) se preparan para dar el "sí", pero antes deben visitar a la inquietante familia de él. Allí los esperan sus padres, Victoria (Jennifer Jason Leigh) y Boris (Ted Levine), junto con su hermano Jules (Jeff Wilbusch), su cuñada Nell (Karla Crome) y su hermana menor Portia (Gus Birney). Lo que debería ser una reunión festiva pronto se enrarece: tensiones familiares, secretos apenas disimulados y la ominosa leyenda de un asesino conocido como El Penitente convierten la estadía en una experiencia cada vez más angustiante. A medida que se acerca la boda, Rachel empieza a sentir que una catástrofe es inevitable.

El elenco sostiene con eficacia este clima enrarecido y muy bien conseguido en los primeros episodios. Camila Morrone encarna a una protagonista que oscila entre la ilusión romántica y una ansiedad creciente, aunque su belleza saludable elude el típico estereotipo de las heroínas góticas, generalmente tísicas. Adam DiMarco compone a un novio cuya ambigüedad nunca termina de disiparse. Jennifer Jason Leigh y Ted Levine, como los padres, aportan una presencia perturbadora que remite a una autoridad casi espectral, y el resto del reparto refuerza la sensación de una familia cerrada sobre sí misma, donde cada gesto parece esconder una amenaza latente.



La serie se apoya en varias convenciones del gótico: la casa familiar como espacio opresivo, los vínculos de sangre atravesados por secretos, la figura de la novia que ingresa en un territorio hostil y la constante sensación de fatalidad. A esto se suman elementos del horror moderno -muy en sintonía con los de películas como CarrieEl resplandor-, como lo son la violencia explícita y ciertos toques fantásticos, aunque el verdadero terror proviene más de la atmósfera y de lo no dicho que de los sobresaltos. La leyenda del El Penitente funciona casi como un eco mítico que contamina toda la narración.

El guion dialoga con un linaje más amplio de historias sobre la desconfianza en la intimidad y el miedo a no conocer realmente al otro, como La sospecha (Alfred Hitchcock, 1941) o Durmiendo con el enemigo (Joseph Ruben, 1991). Sin embargo, a diferencia de un thriller clásico, aquí el misterio no es el eje central: el giro principal se revela relativamente pronto, desplazando el interés hacia las consecuencias emocionales y las dinámicas entre los personajes.

Pero... la novia demora demasiado en llegar al altar... sobran 2 de los 8 episodios. El resultado es una propuesta con ideas sugestivas, que explora temas como la proyección amorosa y la fragilidad de los vínculos, aunque no siempre logra desarrollarlos con profundidad. La narración pierde impulso y se vuelve reiterativa, diluyendo parte de su potencia inicial. Aun así, entre sus aciertos visuales y su atmósfera inquietante, el doble final merece verse: dejará cavilando a más de uno.



Muy recomendada.

3. Película para ver en Netflix: 53 domingos

Un conflicto familiar aparentemente cotidiano se convierte en el motor de un drama íntimo: tres hermanos se reúnen para decidir qué hacer con su padre enfermo, cuyo comportamiento reciente ha despertado sospechas. Lo que comienza como una conversación razonable deriva pronto en un torbellino emocional, donde viejos resentimientos salen a la superficie y obligan a cada uno a enfrentarse no solo con la situación presente, sino también con los vínculos que los definen.



El peso del relato recae en un elenco sólido encabezado por Carmen Machi y Javier Cámara, quienes sostienen la película con interpretaciones precisas y profundamente humanas. Sus personajes, lejos de cualquier simplificación moral, encarnan posturas ambiguas y cambiantes frente al conflicto, lo que enriquece la dinámica grupal. Junto a ellos, Alexandra Jiménez y Javier Gutiérrez completan un conjunto donde cada figura aporta matices y tensiones propias, configurando un retrato coral de una familia en crisis.

El director Cesc Gay (KrampackTrumanEn la ciudad), también autor del guion, apuesta por un enfoque contenido y casi teatral, donde la palabra es la herramienta principal. La influencia escénica se percibe en la concentración espacial y en la progresión de los diálogos, que crecen en intensidad sin necesidad de grandes artificios visuales. El director privilegia la observación minuciosa de las relaciones humanas, dejando que el conflicto emerja de manera orgánica, como si el espectador estuviera presenciando una discusión real, incómoda pero reconocible.

El resultado es una tragicomedia que se apoya en su realismo emocional más que en la innovación formal. Si bien la premisa puede resultar familiar, la película encuentra su fuerza en la autenticidad de sus personajes y en la forma en que equilibra momentos de tensión con destellos de humor. Sin buscar espectacularidad, 53 domingos construye un relato honesto sobre la fragilidad de los lazos familiares y las decisiones difíciles que inevitablemente los ponen a prueba.



Recomendada.

4. Miniserie para ver en Netflix: El depredador de Sevilla

Este documental en 3 episodios se centra en una serie de agresiones sexuales cometidas contra jóvenes estudiantes por Manuel Blanco, un guía turístico que aprovechaba su posición para acercarse a sus víctimas y operar con impunidad. La historia reconstruye cómo este hombre utilizaba su conocimiento de los lugares y la vulnerabilidad de las turistas extranjeras para perpetrar los abusos, confiando en que las dificultades legales internacionales impedirían que los casos prosperaran.



El guion introduce el caso a través del testimonio de la estadounidense Gabrielle Vega, una de las víctimas, quien tras sufrir el ataque intentó inicialmente dejar atrás lo ocurrido. Sin embargo, al compartir su experiencia a través de las redes sociales, descubre que no estaba sola: otras mujeres de su país habían pasado por situaciones similares. A partir de ese punto, el relato se articula en torno a su voz, que funciona como hilo conductor para revelar la magnitud de los crímenes y dar forma a una denuncia colectiva.

Los hechos se presentan de manera directa, buscando generar indignación y empatía hacia las víctimas, al tiempo que se subraya el coraje de quienes deciden hablar públicamente sobre experiencias tan traumáticas.

No obstante, el enfoque también plantea ciertas limitaciones. La puesta en escena tiende a lo enfático y, en algunos momentos, roza lo sensacionalista, prolongando una historia que podría haberse contado con mayor concisión. Más allá de su valor como advertencia, y de la magnitud del caso, el documental es sumamente entretenido y merece verse.



Recomendada.

5. Película para ver en Prime Video: La calumnia

Tal el título con que se emite La mentira infame, dirigida por William Wyler en 1961 y que, todavía hoy, suscita polémicas. El argumento es de una crueldad atroz: Karen (Audrey Hepburn) y Martha (Shirley MacLaine), dos amigas que dirigen un internado femenino en una comunidad conservadora, ven sus vidas destruidas cuando una alumna manipuladora y de rasgos porcinos, Mary Tilford, las acusa de mantener una relación "inapropiada". El rumor, amplificado por adultos temerosos y moralistas, se propaga con velocidad epidémica, arruinando su reputación, su sustento y sus vínculos afectivos. Lo que sigue no es tanto la búsqueda de la verdad como la exposición de una sociedad que prefiere condenar antes que cuestionarse.



Vista hoy, la película resulta profundamente incómoda, incluso "políticamente incorrecta", aunque no por las razones más evidentes. Más que celebrar o siquiera representar abiertamente una relación lésbica, el film la rodea de silencio, insinuación y culpa, reflejo de una época donde el mero rumor bastaba para aniquilar una vida. Esa elipsis forzada, producto de la censura y del clima moral de la época, convierte al deseo en algo innombrable y, por momentos, trágicamente asociado al castigo. Para el espectador contemporáneo, esa ambigüedad puede resultar frustrante, pero también funciona como testimonio de una violencia simbólica institucionalizada.

El trabajo actoral es, sin embargo, el corazón palpitante del film. Audrey Hepburn compone a Karen como una figura de racionalidad que se resquebraja lentamente, mientras que Shirley MacLaine ofrece una interpretación devastadora como Martha, cuyo conflicto interno adquiere una densidad emocional que desborda la narración. Entre ambas se construye una tensión afectiva que nunca termina de nombrarse, pero que se siente en cada mirada. A su alrededor, los personajes secundarios, especialmente la niña acusadora, funcionan como catalizadores de una tragedia que parece inevitable desde el primer rumor.



William Wyler, uno de los grandes directores del Hollywood clásico, con una carrera marcada por el realismo psicológico (Jezabel la tempestuosaLa lobaLa cartaLa herederaEl coleccionista), aborda la historia con gran sobriedad. Su puesta en escena privilegia los rostros, los silencios y los diálogos extensos, heredados directamente del teatro, pero también la profundidad de campo, que permite ver con nitidez personajes u objetos que están en segundo plano dentro del encuadre. (Fue Wyler, junto con el director de fotografía Gregg Toland, quien se adelantará al uso que le dio a tal procedimiento Orson Welles en El ciudadano). No hay aquí grandes alardes: la cámara observa, insiste, encierra a los personajes en espacios donde la tensión se asemeja a la de una olla a presión. Ese estilo contenido potencia la sensación de fatalidad, como si cada escena fuera un paso más hacia un destino sellado de antemano.

La película es además un remake de Infamia (1936), la primera adaptación que el propio Wyler hizo de la obra de Lillian Hellman. En aquella versión, debido a la censura del Código Hays, la acusación de lesbianismo fue reemplazada por un triángulo amoroso heterosexual. En 1961, aunque el contexto era algo más flexible, Wyler aún debió maniobrar con cautela, lo que explica tanto la mayor fidelidad al texto original como sus persistentes ambigüedades.



Una vez estrenada las polémicas no tardaron en aparecer. El tratamiento del tema fue considerado escandaloso, y aun así algunos sectores criticaron que no fuera lo suficientemente explícito o valiente. Esa tensión entre lo que se sugiere y lo que se omite es, en definitiva, el núcleo problemático del film: una obra atrapada entre el deseo de decir y la imposibilidad de hacerlo plenamente.

En términos de reconocimientos, La mentira infame recibió varias nominaciones a premios importantes, incluyendo cinco candidaturas a los Oscar, entre ellas mejor actriz de reparto para Fay Bainter, la abuela ofuscada de la niña porcina. Aunque no se alzó con estatuillas, su prestigio crítico se consolidó con el tiempo, en parte gracias a la reevaluación de su audacia temática dentro de un contexto restrictivo.

Hoy, la película se percibe como un retrato implacable de la histeria moral y la fragilidad del individuo frente al juicio colectivo. Más que una película sobre el lesbianismo, es un estudio sobre el poder destructivo del rumor y el miedo. Su puesta puede parecer estática, incluso teatral, pero el incandescente magnetismo de sus estrellas y la acertada dirección de Wyler la transforman en un entretenimiento fascinante. 



Muy recomendada.

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