5 estrenos impactantes: del incendio más letal con McConaughey a la gran mentira detrás de Grey's Anatomy
Una selección especial con las mejores series y películas, que incluye también estrenos en salas de cine.
Estas son las series y películas para ver en el fin de semana en Netflix , Apple TV, HBO Max, MUBI y cines.
1. Película para ver en cine: Downton Abbey: El gran final
Tras seis temporadas y dos películas, el guionista Julian Fellowes exprime hasta la última gota del universo Downton Abbey, donde el té de las cinco sigue sirviéndose con precisión británica: puntual, predecible y absolutamente irresistible. El creador parece decidido a bordar con hilo dorado el mantel de la nostalgia, ofreciendo una despedida en la que todos sonríen, lloran y miran al horizonte como si la aristocracia pesara menos que la seda de sus trajes. Ambientada en los años treinta, la película presenta a Lady Mary (Michelle Dockery) cancelada en los salones por su reciente divorcio, a su madre (Elizabeth McGovern) recibiendo al hermano pródigo (Paul Giamatti) que dilapidó la herencia familiar, y a Lord Grantham (Hugh Bonneville) enfrentado a la humillación de vender la mansión citadina para mudarse a un apartamento: un drama por minuto, servido con elegancia y sin despeinarse.
Dirigidos por Simon Curtis, los personajes se mueven a velocidad de crucero, igual que los diálogos. Bonneville repite su rol con la dignidad de quien lleva tres películas diciendo "sí, querida" con entereza, mientras Dockery confirma que la represión emocional subrayada por una voz grave aporta dignidad a su rol. El vacío dejado por la inolvidable condesa viuda interpretada por la magistral Maggie Smith se disimula con trucos de guion: aparece el dramaturgo Noel Coward, en un guiño meta que remite al del actor Ramón Novarro en Gosford Park (Robert Altman, 2001), aquella antesala espiritual por la que Fellowes se ganó el Oscar, cuando era más consciente de las tensiones sociales. Aquí, en cambio, los fantasmas del pasado se visten de gala para seguir el baile, aunque las emociones lleguen con el mismo ritmo de un vals aprendido de memoria.
El guion, fiel heredero de la televisión británica, se complace en su propia ceremonia. No hay sobresaltos narrativos ni escándalos que manchen la vajilla: todo se resuelve con cuerdas musicales, conversaciones al atardecer y un sentido del deber tan pulcro como sus encajes. Pero sería injusto pedirle innovación a quien siempre prometió confort. Downton Abbey nunca quiso ser revolucionaria, sino reconfortante. Su final logra exactamente eso: envolver al espectador en batas de terciopelo emotivo perfumadas con gotas de la vieja lavanda Fulton, y dejarle la ilusión de que el mundo, dentro de esas paredes, sigue siendo decente, ordenado y, por supuesto, fotogénico.
El elenco secundario —ese ejército doméstico que sostiene tanto la mansión como el relato— sigue siendo el corazón palpitante del film. Jim Carter (Carson) impone respeto con solo arquear una ceja; Phyllis Logan (Mrs. Hughes) mantiene la moral y la compostura; y el resto, de cocineras a chóferes, actúan con la devoción de esos monitos de peluche que bailan mecánicamente cuando uno introduce una moneda. Esta vez la trama se atreve a ser inclusiva: se ve a una india -una sola- entre los asistentes al hipódromo de Ascot y a un antiguo personaje gay que asciende, literalmente, a las habitaciones nobles junto a su amante famoso. Incluso hay un comentario sobre la Argentina y la timba financiera —ocurrencia tan absurda que solo se le puede ocurrir al más enfebrecido de los guionistas.
El cierre, entre pavadas tratadas con solemnidad filosófica y escenografías que quitan el aliento, emocionara hasta las lágrimas a los fieles, dada la sucesión de recordatorios de personajes que ya no están. Downton Abbey: El gran final no pretende reinventar nada, y ahí radica su encanto. Quienes busquen realismo pueden recurrir a El sirviente (Joseph Losey, 1963) o La ceremonia (Claude Chabrol, 1995). En el azucarado mundo de los Crawley, ningún piquete detendrá jamás el ritual del té.
Muy recomendada.
2. Serie para ver en Netflix: La casa Guinness
Esta serie de 8 episodios ambientada en la Irlanda de la década de 1860 comienza con el entierro de Sir Benjamin Lee Guinness, apagándose toda una era para la legendaria cervecería familiar que lleva su nombre. La gran pregunta es: ¿quién tomará las riendas ahora? Según su testamento, sus dos hijos mayores, Arthur (Anthony Boyle) y Edward (Louis Partridge), deberán dirigir juntos el negocio. Los otros dos, Benjamin (Fionn O'Shea) y Annie (Emily Fairn), quedan prácticamente fuera del reparto: reciben algo de la herencia, pero sin ninguna función importante. Y el contexto no podría ser más tenso: la competencia crece, Irlanda está dividida entre quienes buscan la alianza con Inglaterra y quienes luchan por la independencia. El aire se corta con cuchillo.
La casa Guinness muestra cómo el dinero y la ambición fermentan conflictos más peligrosos que el propio alcohol. Siendo un producto de Steven Knight, el creador de Peaky Blinders, no falta brutalidad. En una de las primeras escenas, Sean Rafferty (James Norton), capataz y encargado de seguridad, demuestra que no le tiembla la mano al eliminar obstáculos humanos. La violencia se siente latente, aunque la serie no busca ser un thriller ni un desfile de peleas. Su motor es la intriga: cada personaje, dentro y fuera de la familia Guinness, intenta quedarse con una tajada del pastel empapado en cerveza.
El difícil vínculo entre Irlanda e Inglaterra atraviesa la historia, otorgándole un tono político constante. Además, la expansión hacia Estados Unidos introduce un choque de culturas, ambiciones y estilos de vida. Estos desvíos a veces se apartan de la trama central, pero enriquecen la atmósfera y refuerzan la sensación de estar ante un fresco histórico más amplio que una simple disputa de herederos.
Conviene no esperar una lección de Historia: Knight no busca precisión académica, sino entretenimiento. Y en eso acierta. Entre intrigas familiares propias de una telenovela, enfrentamientos, alianzas fugaces, una puesta en escena con una iluminación demasiado fabricada y abundantes anacronismos en la banda sonora, La casa Guinness se bebe con placer.
Recomendada.
3. Película para ver en Apple Tv: A través del fuego
No es un motivo feliz el que lleva a Kevin (Matthew McConaughey) de regreso a su pueblo natal: su padre ha muerto. Pero la tristeza no viaja sola. Su vida se desmorona, la relación con su hijo Shaun (Levi McConaughey) es tensa, el dinero escasea y su trabajo como conductor de autobús apenas le permite mantenerse a flote. Todo cambia cuando un incendio devastador arrasa los bosques cercanos. Kevin recibe entonces una misión desesperada: rescatar con su autobús a un grupo de niños atrapados junto a su maestra Mary (America Ferrera, ganadora del Oscar por Barbie). Aun sabiendo el riesgo, acepta, decidido a recuperar el respeto de los suyos, aunque eso implique poner en juego su vida.
Producida por Jamie Lee Curtis —quien perdió su casa durante los incendios que inspiraron la historia— y dirigida por el ex documentalista Paul Greengrass (Domingo sangriento, La supremacía Bourne, United 93), A través del fuego es una sólida muestra de cine catástrofe que reconstruye el "Camp Fire" de 2018, el incendio más mortífero de la historia de California, con 84 víctimas fatales. A través de una puesta de enorme realismo, el film transmite la sensación de estar atrapado en el corazón del infierno, con efectos visuales de altísima calidad y un montaje que no da respiro. La cámara en mano y el estilo cuasi documental refuerzan el caos y la urgencia, mientras el pulso de Greengrass se impone sobre un guion convencional.
Superados los primeros diez minutos —de una amargura insondable—, el relato toma ritmo y ya no se detiene. La amenaza de que veintiún niños queden rostizados en el autobús mantiene un suspenso eficaz y genuino. McConaughey y Ferrera aportan solidez y carisma con sus interpretaciones, convirtiendo una historia de supervivencia en una experiencia tan conmovedora como visualmente impactante. Este es un formidable entretenimiento —y, en ciertos momentos, un recordatorio estremecedor de cuán frágil y bello puede ser todo cuando el fuego decide hablar.
Muy recomendada
4. Miniserie para ver en HBO Max: Anatomía de una mentira
Esta absorbente miniserie de 3 episodios narra, con el pulso de un thriller psicológico, el ascenso y caída de Elizabeth Finch, guionista estrella de Grey's Anatomy que convirtió su vida —o mejor dicho, su ficción personal— en un guion de éxito. Finch, famosa por transformar su dolor en material televisivo, se ganó la confianza de la productora Shonda Rhimes y el respeto de Hollywood, hasta que una investigación de la revista Vanity Fair reveló que sus desgarradoras historias —el cáncer, la muerte del hermano, el tiroteo en la sinagoga Árbol de la Vida de Pittsburgh— eran pura invención.
A través de documentos, testimonios y grabaciones inéditas, los directores Evgenia Peretz y David Schisgall muestran cómo Finch se inventó cada una de sus tragedias: nunca tuvo cáncer, su hermano sigue vivo, y nadie la conocía en Pittsburgh. Sin embargo, esos relatos falsos le aseguraron poder y compasión en el competitivo mundo de la televisión, donde fue coproductora de más de 170 episodios de la serie Grey's Anatomy. En un giro digno del propio melodrama para el que escribía, su ex esposa Jennifer Beyer —una enfermera con la que compartía una relación turbulenta— fue quien terminó desenmascarándola.
El relato de Beyer aporta el núcleo emotivo del documental: una mujer que creyó encontrar a su alma gemela en el dolor, solo para descubrir una red de manipulación y control. Su testimonio, junto al de sus hijos, convierte el documental en una historia sobre la vulnerabilidad y el abuso emocional disfrazado de empatía. Los realizadores la retratan con respeto, como una víctima que logra recuperar su voz al exponer la mentira que casi destruyó su vida.
Antiguos colegas de Finch reconstruyen cómo su credibilidad se sostuvo en la cultura de la compasión y la corrección política que domina Hollywood: sin sensacionalismos, pero con agudeza, el guion examina cómo el mito de la "víctima heroica" puede volverse un capital simbólico, y cómo incluso los más escépticos caen ante una mentira bien contada.
Sabiamente, no se busca diagnosticar a Finch ni absolverla: el interés radica en mostrar los efectos colaterales del engaño, el trauma de quienes fueron manipulados y el poder que tiene una historia cuando apela a la empatía. Es, en última instancia, un retrato fascinante y perturbador de la cultura de la imagen y del deseo desesperado de ser reconocido, aunque sea a través de una mentira.
Muy recomendada.
5. Película para ver en MUBI: Lamb
Dirigida por Valdimar Jóhannsson y escrita junto a Sjón —poeta y guionista habitual colaborador de Björk y Robert Eggers—, el cine islandés se adentra en una inquietante parábola sobre la pérdida, la naturaleza y la fragilidad del instinto humano. La historia sigue a María (Noomi Rapace) e Ingvar (Hilmir Snær Guðnason), una pareja de granjeros que vive aislada entre montañas y neblinas, atrapada en una rutina silenciosa marcada por el duelo. Todo cambia cuando una de sus ovejas da a luz a una criatura imposible: mitad humana, mitad cordero. Sin buscar explicaciones ni horrorizarse, los protagonistas la adoptan como su hija, un acto tan tierno como perturbador que reabre heridas y provoca la lenta irrupción de lo sobrenatural.
El tratamiento de lo fantástico es deliberadamente sobrio. Jóhannsson renuncia a los sobresaltos del terror y apuesta por la naturalización de lo imposible. Lo maravilloso se integra al mundo rural con la serenidad de un mito antiguo: el espectador no se enfrenta a lo monstruoso, sino a una cotidianidad levemente torcida, donde lo extraordinario se acepta sin preguntas. Esa aceptación refleja una sensibilidad profundamente arraigada en el folklore finlandés e islandés, donde los espíritus de la tierra y las transformaciones animales no representan el caos, sino una continuidad entre el ser humano y la naturaleza.
El guion de Sjón impregna la fábula de resonancias míticas que remiten al Kalevala y a las leyendas pastoriles del norte, en las que la transgresión de los límites naturales siempre reclama un precio. La criatura híbrida encarna tanto el deseo de maternidad de María como la negación de la pérdida; un intento de reemplazar lo que el mundo real ya no puede devolver.
La fotografía de Eli Arenson transforma el paisaje islandés en un personaje vivo, majestuoso y ominoso. Las montañas cubiertas de niebla, los prados infinitos y la luz lechosa del norte enmarcan el relato con una belleza casi sacra. Ese entorno implacable no solo contextualiza la historia, sino que refleja el aislamiento emocional de los protagonistas: un mundo que ha expulsado lo humano y conserva lo divino en la forma de una bestia. Cada plano parece filmado con devoción, como si la naturaleza observase en silencio el error de sus criaturas.
Lamb es una fábula moderna sobre el deseo y la culpa, sobre el quebrantamiento de la ley natural, una relectura del mito rural bajo una estética minimalista y poética. Jóhannsson logra que lo fantástico se vuelva cotidiano y lo sagrado, doméstico. Con actuaciones contenidas y magnéticas —en especial la de Noomi Rapace, que sostiene el film con una mezcla de ternura y desesperación—, Lamb se instala en la tradición del folklore nórdico para recordarnos que, en los confines del mundo, la naturaleza sigue siendo un dios caprichoso que no se ha olvidado de emitir juicios.
Muy recomendada.
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