Proyectos

Una epidemia evitable

Sin esos límites legales no se podría reprimir las conductas que atentan contra la seguridad, la vida y la propiedad de todos nosotros.

Lamentablemente y a pesar de nuestra insistencia, la Ciudad no aplica la Ley de Alcohol 0.
Lamentablemente y a pesar de nuestra insistencia, la Ciudad no aplica la Ley de Alcohol 0.

La Ciudad de Buenos Aires enfrenta una epidemia de accidentes viales. Un informe del SAME, uno de los organismos más prestigiosos de nuestra Ciudad, revela que en agosto se produjo un accidente cada 28 minutos, totalizando 1590 siniestros. 

El 38% de estos ocurrieron entre las 12 y las 18 horas de lunes a viernes. En consecuencia, es considerablemente lógico de que los controles deban intensificarse también durante el período diurno y en la semana laboral y no solo durante la noche de viernes, sábados y domingos. 

Los accidentes más frecuentes fueron colisiones entre autos y motos, y atropellos de peatones. Aunque el informe no especifica las causas, históricamente se atribuyen al incumplimiento de normas de tránsito y consumo de alcohol y/o drogas.



Entendiendo que absolutamente ninguna sociedad puede funcionar correctamente sin orden, he sido siempre un fuerte defensor de la seguridad vial. Sobre todo, teniendo en cuenta que es ese ámbito, el que compartimos diariamente, el que expresa de mejor manera nuestra forma de ser en sociedad.

En tal sentido, impulsé la Ley de Alcohol 0 al volante en CABA y he presentado días atrás un proyecto orientado a exigir la implementación de narcotests en los controles vehiculares atendiendo al simple hecho de que hoy se verifica un aumento considerable del uso de diferentes tipos de psicotrópicos que tienen como consecuencia la alteración de las capacidades psico-cognitivas de los conductores.

Cuando suelo debatir este tema, mucha gente responde que leyes de este tipo no evitan nada, porque el uso y costumbre o la cultura de nuestro país, hace que se incumplan. Este tipo de argumento, desconoce algo tan sencillo como que sin normativa de fondo dejan de existir los límites legítimos de aquello que consideramos bueno o malo para todos. 



Por otro lado, en consecuencia, sin esos límites legales no se podría reprimir las conductas que atentan contra la seguridad, la vida y la propiedad de todos nosotros.

Lamentablemente y a pesar de nuestra insistencia, la Ciudad no aplica la Ley de Alcohol 0: una decisión a contramano de la mayoría de las jurisdicciones de nuestro país que han comprendido que sin erradicar el uso de cualquier sustancia que altere las capacidades de los conductores la seguridad vial resulta simplemente un imposible.

Cada día, lamentamos la pérdida de vidas de vecinos, familiares y amigos. En mi caso, seguiré insistiendo con este y otros flagelos que, trágicamente, han sido normalizados en las últimas décadas por quienes nos han gobernado. Una muestra más de que aquellos que han tenido la responsabilidad de conducirnos han olvidado cuáles son los pilares que hacen posible la convivencia y el desarrollo en nuestro maravilloso país.



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