El 63% de los 14,3 millones de bonaerenses habilitados para votar acudió a las urnas, superando las expectativas de participación que se proyectaban entre el 50% y el 60%. Con más de 9 millones de personas, el distrito con el padrón más grande del país logró una cifra que, si bien se mantuvo dentro de los parámetros de las legislativas provinciales de este año, se posicionó entre las más altas en cuanto a participación.

De todos modos, a nivel provincial, se trató del nivel de participación más bajo de los últimos años. Si bien en las elecciones legislativas de medio término la asistencia a las urnas suele caer, la provincia históricamente había logrado sostenerse por encima del 70%.

En una primera lectura, el resultado puede interpretarse como un triunfo de la estrategia de Axel Kicillof, que defendió el desdoblamiento pese a que en otras provincias esa decisión había implicado una menor concurrencia.
La explicación de la participación bonaerense parece combinar varios factores. Por un lado, la movilización de los aparatos locales, en especial de los intendentes. Pero, sobre todo, la fuerte politización de las últimas semanas: reveses legislativos para el Gobierno, denuncias de presunta corrupción, la polarización creciente y la campaña intensa tanto del gobernador como del Presidente.

