Análisis

¿Por qué Javier Milei no saca el cepo?

La gente votó a Milei con un solo mandato: solucionar la economía. Entonces es la economía lo único que realmente importa hoy. Y ahí es donde Milei le saca ventaja al resto.
¿Por qué Javier Milei no saca el cepo? DALL-E
Roberto Nolazco 14-02-2025
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El tema cambiario vuelve una vez más a ser primera plana. Puede ser por sus efectos económicos nocivos, según quienes acusan al tipo de cambio de estar atrasado, o puede ser porque es, dentro de las políticas de Gobierno de Javier Milei, es el único punto que al levantarse en medios (ya sea algún gobernador elevando la queja del sector agrario de su provincia o algún economista que realiza una crítica) molesta al Poder Ejecutivo. 

La gente votó a Milei con un solo mandato: solucionar la economía. Entonces es la economía lo único que realmente importa hoy. Y ahí es donde Milei le saca ventaja al resto. 

La batalla cultural, las peleas institucionales con el Congreso,el debate por las formas del presidente, todo pasa a segundo plano ante la cuestión económica. A fines electorales, si a Milei le va mal en lo económico, no importa el discurso en Davos, ni en la CPAC, ni la cercanía con Donald Trump ni nada que se les ocurra. Si en lo económico va bien, para las urnas en octubre, nada de eso importa tampoco. 

Fuera de este punto, la segunda variable que importa para las próximas legislativas es la política. Pero política electoral, no políticas públicas de largo plazo. Es decir, importa qué candidatos presente el gobierno en cada distrito, si va con partido propio o no, y qué alianzas forma para lograr mayor fiscalización, poder en territorio (digital y la calle) y candidatos conocidos o atractivos. En alianzas no sólo cuentan los partidos políticos que puedan sumarse a las líneas de La Libertad Avanza, sino también a cómo se desarrolla el mercado de pases. 

Es probable que el partido de gobierno sume políticos de renombre de otros partidos, y también otras personalidades destacadas en sus rubros como artistas, economistas y famosos de distintas yerbas. Esto es más que lógico: el gobierno no cuenta con tantos candidatos propios para cubrir todas las listas de todos los distritos del país, y antes que reciclar viejos políticos es preferible agrandar tu plantel con nuevas caras, fuera de la casta, que renueven a la política. 

Lógicamente, viejos políticos que se sumen como neolibertarios haciendo uso de la tabula rasa y el síndrome del olvido de cualquier pasado, habrán y varios.  

Entonces, si la variable principal es lo económico, y lo segundo es el armado político, ¿por qué Milei no saca el cepo ya y muestra un logro inmenso en lo económico, más allá de la baja de la inflación? ¿Por qué esperar a 2026 cuando puede hacerlo en 2025 y arrasar en las urnas en octubre? ¿Por qué esperar y no agigantar la victoria? 

Simple, porque puede salir mal. 

En parte el gobierno acusa necesidad de cerrar un acuerdo con el FMI o alguna otra fuente de fondos frescos para tener poder de contención y reservas para salir del cepo. Lo cierto es que hoy el oficialismo encara el año electoral sabiendo que, si las elecciones son hoy, gana. Pero no en sentido figurado, sino que gana gana. Gana aumentando su representación en el Congreso. Gana manteniendo a la oposición fragmentada, logrando así que sus votos logrados valgan aún más, al dividirse en mayor cantidad los no logrados. Gana porque sólo pone en juego 2 bancas en diputados, de las 127 bancas que se renuevan. 

Entonces, si las chances están a favor del Gobierno, ¿por qué arriesgar? 

Desde esta visión política, las acciones del gobierno podríamos ordenarlas en tres grupos: 

  1. La agenda de estabilización macroeconómica. La misma se encuentra en marcha y mostrando resultados favorables, principalmente, la baja de la inflación. Este indicador es el que más afecta a la población en su totalidad, y el que en caso de llegar a octubre con menos de 1% de inflación mensual, hará que el gobierno tenga motivos de festejo en las elecciones. Aquí también se circunscriben otras variables económicas, como salarios (que se están recuperando), desempleo (que se encuentra a la baja), y otros indicadores que la comparación interanual darán siempre positivo, dado el año de ajuste que fue 2024.
  2. La agenda de desregularización. Aquí se podría incluir la llamada batalla cultural, junto con el trabajo de desregulación que lidera el ministro Federico Sturzenegger. ¿Por qué incluir estas dos variables que parecen diferentes en un mismo grupo? Porque a fines electorales, ambas apuntan principalmente a seguir fidelizando un electorado ya fiel. En todo caso, podría ampliarse, marginalmente, gracias al trabajo de desregulación, el cual puede afectar positivamente a diferentes sectores económicos, donde algunos de sus miembros que no votaron por Milei en 2023 decidan votar al oficialismo en 2025. 
  3. La construcción institucional-partidaria. Esta tarea, realmente titánica para usar un adjetivo común en La Libertad Avanza, está liderada por la Secretaria General de la Presidencia, Karina Milei. Construir un partido nacional es realmente un desafío complejo, más allá de lo que comunmente se cree. Es difícil aún haciéndolo desde el Poder Ejecutivo Nacional (en sí, debe ser la primera vez que se hace desde allí, siempre se hace antes para llegar a la Casa Rosada, no al revés. Pero este gobierno desde la elección de 2023 viene rompiendo patrones establecidos). Implica juntar una gran cantidad de afiliaciones en diferentes distritos y afrontar engorrosos trámites, hechos en parte para que el proceso de crear partidos nuevos sea desalentador para cualquiera que lo encare. Este es el principal esfuerzo por fuera del punto 1, ya que de él depende tener partido propio, con su principal beneficio: no depender de alianzas con "sellos de goma" para llegar a las elecciones. Esta lección el oficialismo lo aprendió a la fuerza en las elecciones de 2021 y 2023.
Luis Caputo y Javier Milei. Imagen hecha con IA

Sacar el cepo, en este escenario, es tomar un riesgo innecesario para hacer una buena elección. Todo parece indicar que de seguir en este rumbo el gobierno logrará los titulares "La inflación dio cero" a pocos meses de la elección, por lo que no hay incentivos a cambiar el rumbo. A quienes hablan de los males del atraso cambiario y la necesidad urgente de salir del cepo, se les podría responder con el siguiente dato: hay cepo desde agosto de 2019, casi 6 años, de manera ininterrumpida. Y previo a eso, hubo cepo desde 2012 hasta 2016. Es decir, de los últimos 12 años, sólo 3 no hubo cepo. 

¿Qué apuro por sacarlo hoy? ¿No puede aguantar 8 meses más? 

Máxime cuando el cepo actual es uno mucho más relajado que los de años anteriores, con pagos de importaciones regularizado y la mayoría de los precios de la economía sin controles ni topes regulatorios. Además, sacar el cepo luego de la elección, ya en 2026, puede ser un excelente acto inaugural para la campaña re-electoral de 2027 para el Presidente Javier Milei.

Entonces, ¿el Gobierno ya tiene ganada la elección? No. Nunca se tiene ganada una elección hasta que se gana. Hay dos factores que pueden hacer que el gobierno pierda la elección:

  1. Descontrol cambiario. Como venimos viendo, esta es la principal razón política por lo que el cepo no sería levantado antes de las elecciones. Un problema cambiario traería aparejada una suba en la inflación, haciendo que el gobierno pierda su principal logro, y la oposición, hoy sin mensaje claro, pueda ganar iniciativa aferrándose a que el plan económico falló y el ajuste de 2024 no tuvo sentido. También puede darse una presión cambiaria a través de los dólares financieros aún con el cepo vigente. Esto es parcialmente controlado con el llamado Dolar Blend, donde los exportadores aumentan la oferta de dólares en dichos mercados al liquidar allí 20% de sus ingresos por exportaciones. El gobierno mira atentamente este punto para evitar cualquier conflicto que ponga en riesgo el plan económico y por consiguiente, la elección de octubre.
  2. Cisne Negro. Nunca hay que descartar una sorpresa, un error de cálculo, algo que, aunque dio señales que iba a suceder, no fue correctamente previsto y sus efectos son devastadores. Generalmente se cree que un Cisne Negro es aquello que no se puede prever. Técnicamente, es aquello que cuando sucede, uno analiza el pasado y se da cuenta que se podría haber previsto si se interpretaban correctamente las señales. Esto es, lógicamente, todavía peor que un suceso totalmente imprevisto, ya que quien lo sufre podría haberse preparado y minimizado sus efectos. Es decir, hay un culpable. Y si estás en el gobierno, probablemente seas el apuntado. Y si esa crisis sucede cerca de unas elecciones, puede ser devastador.

Para cerrar, la respuesta a la pregunta por qué el Gobierno no levanta el cepo ya o por qué no acelera el crawling peg, es bastante sencilla desde un punto de vista político: porque no tiene los incentivos necesarios para hacerlo ahora. Desde un punto de vista económico la respuesta puede variar.  Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar