Javier Milei afianzó su coalición de votantes LLA y PRO y levantó un liderazgo nuevo a partir de nuevas ideas. Es una organización que funciona. La división de toda la oposición lo ayudó y promete ser la base para continuar competitivo ante un nuevo año electoral.
Milei conserva de su lado a más de la mitad del electorado a pesar de la que la economía recién empezó a dar señales de recuperación en noviembre. Esta relación entre este nuevo liderazgo y sus seguidores puede concebirse como asimétrica pero recíproca, en la que hay quienes ganan más que otros pero todos se ven obligados a otorgar algo a cambio.
Milei está ganando capital político y a cambio otorga nuevas ideas. Por el otro lado sus seguidores se muestran conformes con la baja de la inflación y la atención a la seguridad: comparten la agenda y el rumbo. No se vislumbran zonas de incertidumbre a pesar de que gran parte de la oposición fracturada se la pasó todo el año buscándolas. Esta parece ser una organización que funciona.
Detrás de los 53 puntos de popularidad de Milei, comparados con los 42 de Alberto Fernández y de Mauricio Macri en mismo mes, hay una mejor coalición de votantes. Aunque su gobierno es débil en términos parlamentarios, Milei es el único de los tres que consiguió reunir eficazmente dos electorados. Cruzando datos, a Milei lo siguen apoyando 9 de cada 10 de los votantes propios de primera vuelta, y 7 de cada 10 de los votantes de Patricia Bullrich, también en primera vuelta. Esta es la condición política del apoyo a Milei, que explica tanto su popularidad como la estabilidad de la misma a través de este primer año.
Ahora comparemos. Mauricio Macri ganó en segunda vuelta con el 51% de los votos, y allí había millones de votantes de Massa en primera vuelta que se fueron con Macri en el ballotage. Pero Macri, a diferencia de Milei, no solo marginó a sus aliados radicales y lilitos del Poder Ejecutivo: tampoco le dio nada a los votantes massistas. No nombró a Massa como ministro de Seguridad, ni a Gustavo Sáenz como ministro de Defensa.
Algo similar podemos decir de Alberto Fernández, quien ganó en primera vuelta con 48% en el marco de una amplia coalición. En este caso, su núcleo electoral no atendido era el propio cristinismo, cuyos votantes "termos" se apartaron de él en las encuestas.
Por lo tanto, el secreto de Milei es "Patricia Bullrich adentro", y el blend que logró entre ambos electorados. Al votante de Bullrich no le gustan los modales del león ni la cuenta de la luz, pero acuerda con todo lo demás. Eso confirma la importancia de Bullrich para el Gobierno.
Y es un gran desafío para Mauricio Macri. La mayoría de los "macristas" quieren alianza entre el PRO y La Libertad Avanza. Bullrich y Macri están llamados a confluir, aunque sea en el discurso y el método, porque de lo contrario se trataría de la oferta electoral yendo en contra de la demanda electoral.
Por su parte, y a sabiendas de esto, Milei continúa con formas que lo mantienen nítido en su perfil y hará todo lo que tenga que hacer para continuar liderando. Lo que pesa es la definición y la pertenencia, y focalizarse en crear una comunidad electoral con membresía y homogeneidad.
Armar un mileismo que sea superador que la suma de ambos electorados. Transmitir que es coalición electoral de base entre votantes LLA y PRO es el comienzo de algo. Un inicio que anima e inspira a la acción. Porque, como decía Hannah Arendt, la política es la "libertad de hacer".