El último refugio del macrismo: la batalla en Macringrado
Mauricio Macri sabe que el poder es, también, un sistema de reparto de crueldad. Lo ejerció sin que le temblara el pulso cuando quiso que Horacio Rodríguez Larreta le ganara la interna en la Ciudad a Gabriela Michetti en 2015; cuando obligó a Alfonso Prat-Gay, quien ya sabía que debía presentar su renuncia como ministro de Hacienda y Finanzas, a viajar para almorzar con él en Villa La Angostura, en diciembre de 2016, para formalizar su salida; o cuando no disimuló su preferencia por Patricia Bullrich en las elecciones primarias de 2023 y terminó con la carrera presidencial de Rodríguez Larreta.
Hoy, la Ciudad de Buenos Aires es su arca, su nido, su último refugio, que está expuesto a la ruina o a la muerte en las elecciones de este año. Para Macri perder su Macringrado implicaría no solo una derrota electoral, sino una amenaza existencial.

Mauricio Macri toma un té de menta junto a su consultor político del presente, su Durán Barba del 2025, Facundo Calegari. Desde su casa de la calle José C. Paz en Acassuso, ambos analizan cómo resistir y evitar el desplazamiento del PRO como fuerza dominante en la Ciudad frente a Milei y La Libertad Avanza.
Milei se muestra como vegetariano, pero actúa como carnívoro
Fue Calegari, cuentan fuentes cercanas al expresidente, quien le sugirió que le respondiera rápidamente a Milei cuando el presidente libertario dijo estar a favor de "un acuerdo total" de La Libertad Avanza con el PRO para las elecciones legislativas y no descartó apoyar una candidatura de Macri a senador por la Ciudad de Buenos Aires: "Lo ideal es que vayamos juntos y que arrasemos con el kirchnerismo", dijo Milei, a lo que Macri le contestó con una propuesta de conformar un equipo de trabajo en conjunto "con quien vos dispongas para avanzar en una agenda profunda de cambios y transformaciones que la Argentina aún necesita". Sugirió para la mesa conjunta a los dirigentes del PRO Cristian Ritondo, Ana Clara Romero, Silvia Lospennato, Hernán Lacunza y Soledad Martínez.
Una semana después, Milei le clavó el visto. En ambos espacios admiten que ninguno quiere ser responsable de romper, pero desde el PRO advierten: "Ahora el que está en offside es el presidente Milei. Mauricio le dijo: 'Querido Javier, tenés razón, vayamos juntos. Mi equipo es este, discutamos una agenda de trabajo y no solo cuestiones electorales', y Milei no le dice cuál es su equipo. Para nosotros no nos clavó el visto, sino que no tiene un equipo para ofrecerle a Mauricio para discutir la agenda".
Lo cierto es que Pilar Ramírez, espada de Karina Milei y jefa de bloque de La Libertad Avanza en la Legislatura porteña, es la repartidora de la crueldad del presidente. Con cada tuit, bombardea al jefe de Gobierno Jorge Macri. A Ramiro Marra lo excluyeron de todo por su actitud constructiva con el PRO en la Legislatura.

El trabajo de Santiago Caputo y de Karina Milei es quedarse con Macringrado y, así, comerse todo lo que esté del centro a la derecha para reducir la cantidad de actores con los que tienen que negociar, depender lo menos posible de los demás y, además, lograr que la Ciudad de Buenos Aires funcione como un punto de quiebre en una guerra ideológica, emocional y territorial con la familia Macri.

Milei se muestra como vegetariano, pero actúa como carnívoro al mandar a sus dos personas de máxima confianza, su hermana Karina Milei y "El Mago del Kremlin", para que estalle la fortaleza porteña, protectora y abrigadora del PRO.
Desde el PRO aseguran estar tranquilos. Con un presupuesto robusto, experiencia acumulada y una estructura bien aceitada tras dieciocho años al frente de la ciudad -desde 2007-, confían en que Macringrado está a salvo. "Si no perdimos contra Cristina, que ganó a nivel nacional en primera vuelta con el 54% en 2011, no vamos a perder contra Milei, que sacó apenas 30% en primera vuelta", dice una voz autorizada del Gobierno porteño.
Leandro Santoro puede ganar
"Hoy en la Ciudad hay un escenario muy parejo de tercios entre el PRO, La Libertad Avanza y el peronismo", asegura Lucas Sebastián Raffo, analista de la consultora Ad Hoc. Leandro Santoro tiene chances de ganar y de salir primero. Por eso el peronismo apoya el adelantamiento de las elecciones porteñas, porque les conviene desperonizar la discusión y alejarse de Cristina.

Si uno analiza el voto de 2007 al presente, el norte de la Ciudad estaba pintado de amarillo, era del PRO; las comunas del centro, el histórico "corredor Rivadavia", eran territorio radical, y los barrios del sur eran peronistas.
El factor disruptivo de Milei, aclara el consultor Raffo, es que es un fenómeno transversal que mide mejor en las comunas del norte de la Ciudad, históricamente macristas, y del sur de la Ciudad, peronistas.
"Lousteau, el Davydenko de la política porteña"
El radicalismo puede implicar un problema para el PRO porque tiene fuerza como para arrebatarle algunos puntos en barrios como Caballito, Almagro, entre otros.
—¿En qué estado está la relación entre el PRO y el radicalismo de Martín Lousteau? —le pregunta El Economista a una fuente cercana al jefe de Gobierno Jorge Macri.
—Lousteau es un dirigente sin rumbo. Se parece a un tenista ruso que se llama Nikolay Davydenko. Jugaba bárbaro, súper rápido de contragolpe, devolvía todas las pelotas a la misma velocidad que se las tiraban, pero no proponía juego. Y, a la vez, nadie lo quería, nadie era fan de Davydenko. Estaba bueno verlo, pero nadie decía: "Me quiero comprar la remera de Davydenko". El fan quería la de Coria, Gaudio, Nalbandian, Nadal, Djokovic, Federer, pero no la de Davydenko porque era como el maligno del tenis. A Lousteau le pasa lo mismo: no propone nada, devuelve el juego del otro. Su juego fue y es mezquino. Por eso a Davydenko, cuando alguien le jugaba lento y le variaba los ritmos, lo destruían. Nalbandian lo pasaba por arriba porque era el campeón de variar el ritmo.

Lousteau es alguien que juega a la misma velocidad que uno le propone. Es una persona súper inteligente, capaz, pero no tan capaz como él cree que es, porque es alguien sin identidad. Aristóteles estableció que si alguien es lo suficientemente inteligente, se da cuenta de que con uno no alcanza. La inteligencia, como conclusión, lleva a la persona a saber que hay algo más grande que ella. Si alguien no entiende eso, no es tan inteligente. Puede ser vivo, pero no inteligente.