Lilia Lemoine habló con El Economista en el Salón Pasos Perdidos del Congreso, pasadas las 23 horas, con la camisa blanca prolijamente arremangada y una corbata que destacaba entre el movimiento de la jornada.
La diputada de La Libertad Avanza se mostró dispuesta a hablar sin filtro y, durante casi treinta minutos, respondió sobre los temas coyunturales más calientes: el CryptoGate y la investigación del The New York Times, el cambio de postura de Argentina frente a Ucrania, el nuevo acuerdo con el FMI, la reducción de la pobreza y la denuncia de Facundo Manes, quien afirmó haber sido amedrentado en el Congreso.
"El New York Times y Forbes cometieron un delito gravísimo. Le mintieron a la gente", disparó al referirse al escándalo de las criptomonedas. En cuanto al conflicto en Europa, defendió la posición del gobierno y fue categórica: "Estados Unidos no tiene por qué seguir pagando la guerra en Ucrania con los impuestos de los contribuyentes". Y ante la consulta sobre el papel de Donald Trump en la política internacional, fue tajante: "A mí no me importa lo que diga Donald Trump".
Sobre el rumbo económico, aseguró que la prioridad es mantener la estabilidad y que el cierre del Banco Central es parte de una transformación que no se va a dar en este período de gobierno, sino a largo plazo.
—Dijo el presidente Milei que ya ha cumplido el 97% de las promesas. ¿Podrías especificar cuáles son algunas de las promesas cumplidas y cuáles están aún en proceso?
—Cuando el gobierno hizo campaña, cuando nosotros hicimos campaña, hablamos de tres generaciones de reformas, y cada generación iba a tomar por lo menos un mandato. En la primera generación de reformas, por ejemplo, se hablaba de la disminución del gasto público, del equilibrio fiscal, de la baja de la inflación. Todo eso se cumplió.
—¿Y cuáles quedan por cumplir?
—La segunda y la tercera generación. El gobierno presentó un plan no a cuatro años, sino a treinta. Hay muchísimas cosas por hacer.
—El presidente Milei anticipó que en los próximos días va a enviar el nuevo acuerdo con el FMI al Congreso. ¿Creés que va a haber apoyo?
—Voy a votar positivamente, obviamente. Eso es lo único que me importa. Los demás, no tengo idea.
—¿Qué impacto va a tener ese acuerdo para Argentina?
—Va a permitir cumplir con nuestras obligaciones, ponernos al día, dejar de ser deudores seriales y terminar de recuperar la confianza del mundo.
—El presidente afirmó que la pobreza se multiplicó por diez entre 1974 y 2023. Sin embargo, expertos señalan que las metodologías de medición han variado. ¿Cómo se llegó a esta conclusión? ¿Y qué fuentes respaldan esa afirmación?
—Siempre lo digo. Cuando era chica, la gente, por lo general, se iba de vacaciones, tenía una casita en la costa, humilde, pero la tenía. Podía tener un auto.
Podía comprarse una casa. ¿Alguien hoy puede comprarse una casa si no la hereda? No, porque ni siquiera se puede acceder a un crédito. A eso se refiere.
Los argentinos cada vez vivimos más de lo que heredamos que de lo que podemos llegar a comprar. Es una realidad innegable. Eso es lo que se está cambiando ahora.
Si no hay estabilidad, no se puede pedir un préstamo. Pasa en todo el mundo. No es que la gente, para salir de la pobreza y dejar de alquilar o vivir en la calle, de pronto tiene que ganar un millón de dólares y comprarse una casa. No, en Estados Unidos y en el resto del mundo, la gente que no tiene una herencia o algo de base, ¿qué es lo que puede tener? Crédito en base a su trabajo, a su esfuerzo. Y comprarse una casa a treinta años.
Eso no se puede hacer si hay inflación. No se puede si cada vez que viene un gobierno, tira todo a la basura. En esta ocasión, si logramos sentar las bases —y ya casi se ha logrado— para que la estabilidad se mantenga, para mí eso va a terminar cuando cierre el Banco Central. Pero no es algo para este período.

—Esos créditos a veces suelen beneficiar más a la clase media-alta, que tiene mejores salarios. ¿No le parece que la clase media-baja no va a poder acceder al crédito?
—No. Porque cuanto más estabilidad haya y menor sea la posibilidad de inflación, más baja va a ser la tasa de los préstamos. Además, hay que entender que por algo existe la familia, ¿no? Para juntarse, hacer fuerza y conseguir algo. No se trata de una persona comprando una casa, sino de una familia. No es solo uno trabajando.
Asimismo, la idea del presidente también es sacar a la gente de la informalidad. Cuando el trabajo está tan regulado que impide que más personas puedan ingresar en blanco, es imposible romper el círculo vicioso. Hace quince años que tenemos la misma base de trabajadores en blanco, mientras que la cantidad de jubilados se duplicó. Así no se puede.
Por ejemplo, si se permite, sacando regulaciones y eliminando trabas para los empresarios —que también son trabajadores—, contratar a más gente, no solo va a crecer el empresario, sino que va a haber más empleo en blanco. Y todo eso va a permitir acceder a créditos. Pero no hace falta un crédito enorme.
Estamos hablando de un departamento, un terreno, una casa.
—El presidente no nombró a Ucrania en su discurso. Hubo un cambio de posición. ¿Qué análisis hace?
—Ucrania es víctima de Rusia. Eso está claro.
—¿Está claro también para el presidente?
—Para todos, sí. Putin es un dictador. Lo que pasa es que Zelenski asumió en un contexto complicado y ahora tiene una deuda enorme con Estados Unidos, que financió la guerra. Esa es la realidad. Estados Unidos no tiene por qué seguir pagando la guerra en Ucrania con los impuestos de los contribuyentes. Y tampoco es culpa de Zelenski. Él salió de su país a pedir auxilio.
Ahora, se denuncian irregularidades y corrupción en los fondos que se enviaron. Y se sabe que, desde antes, la administración de Biden tenía negocios extraños con el gas en Ucrania, por ejemplo, a través de su hijo, Hunter Biden. Son cosas que Trump ya había denunciado.
—Esas denuncias de corrupción que mencionó ya existían antes. Sin embargo, Zelenski fue invitado por Milei el 10 de diciembre de 2023 a su asunción. Hoy, públicamente, ya no se lo apoya como antes. ¿Por qué cambió la postura del gobierno argentino respecto a Ucrania?
—Porque estamos en un momento clave. Hay que entender la geopolítica. Ahora la cuestión es que Trump quiere terminar la guerra. Lo dijo en campaña y lo está intentando hacer. Y cuanto antes pase, menos gente va a morir. Esa es una realidad absoluta.
Los ucranianos tienen miedo. Eso también es una realidad. Pero no es que Trump esté equivocado y Zelenski tenga razón, o viceversa.
Los dos, a su manera, tienen razón. De todos modos, no importa si Zelenski falló en algo o si no es el mejor presidente del mundo. Lo que importa es que se quedó a pelear, como se lo pidieron sus ciudadanos, e hizo lo mejor que pudo. ¿Se equivocó o puede equivocarse? Sí, claro.
Lo que no deja dudas es que Putin es un dictador. Porque nadie puede estar más de veinticinco años en el poder sin serlo.
—¿Por qué Argentina se abstuvo de votar la resolución que exigía la salida "de inmediato" del ejército ruso del territorio ucraniano en la ONU la semana pasada?
—Porque Argentina está a favor de la paz. Siempre tuvo la misma postura, eso no cambió. Cuando el presidente Zelenski presentó los diez puntos para la paz, yo estaba en Ucrania.
—¿Cuándo fue?
—El año pasado.
—¿Cómo estuvo? ¿Qué vio?
—No fui con fondos estatales. Fue un viaje privado.
Cuando alguien llega a Ucrania, no es como en Corea del Norte, donde te ponen un guía y te muestran solo lo que ellos quieren. Ahí te dejan moverte libremente. Lo único que te dicen es: "Tené cuidado, no vayas a la zona de guerra porque es peligroso. Y, ojo, si suenan las alarmas, escondete, alejate de las ventanas porque hay drones".
Después de eso, cada uno es libre de recorrer donde quiera. Crucé a Ucrania cuatro veces en tren. Fui a otras regiones.
Vi lo que hizo Rusia. Bombardearon hospitales. Es terrible lo que pasó ahí, una violencia brutal. Durante casi tres años, Zelenski no pudo avanzar sobre Rusia.
La gente en la calle se manifiesta pidiendo que liberen a los soldados capturados por Rusia. Tienen al escuadrón más preparado y leal de la presidencia, la brigada Azov, que muchos dicen que son nazis. No son nazis. Son la Guardia Pretoriana de Ucrania. Son quinientos hombres que intentaron frenar la invasión y ahora están secuestrados. Las familias de esos soldados todos los días piden que los traigan de vuelta.
Pero si la guerra se termina y Rusia no cumple, ellos no van a volver. Es lógico. Los ucranianos tienen miedo de Putin.
No confían en ninguna garantía porque todos los tratados y ceses al fuego se rompieron. Ya no creen en nada. El miedo es más fuerte.
Y no solo eso. Las mujeres se enlistan voluntariamente en el ejército. El seis por ciento de las fuerzas armadas de Ucrania son mujeres, aunque no tienen la obligación de ir a la guerra.
—¿Hoy el gobierno argentino está más cerca de Trump o de Zelenski?
—Más cerca de Trump.

—¿Por qué? ¿En qué sentido?
—Primero, porque somos todos americanos, ¿no? Y el presidente habla de MAGA [Make America Great Again]. Estamos en situaciones distintas.
Ucrania está en guerra y Argentina no puede hacer nada para cambiar eso. No podemos ayudar. El kirchnerismo dice que le mandamos helicópteros. No mandamos nada. No es posible. Fue simplemente un gesto de solidaridad.
Ahora, con Estados Unidos tenemos una relación comercial fuerte y nos retroalimentamos. Pero no hay más que eso.
—En su visita a la Casa Blanca, Zelenski fue recibido por Donald Trump y el vicepresidente J.D. Vance en el Salón Oval, donde lo humillaron con su trato. ¿No le pareció una escena de menosprecio?
—Una pavada. Si alguien quiere criticar a Zelenski, puede hacerlo por no haber llamado a elecciones. Pero en realidad puede no hacerlo porque está en guerra Igual, no es un dictador, porque el Congreso sigue sesionando. Yo fui a la Rada Suprema y estuve con todos los diputados.
Lo que pasa es que en Ucrania no hay izquierda y derecha. Hay centro-derecha y derecha. No hay grieta como en Argentina. Por más que haya sectores que no apoyen a Zelenski, igual lo sostienen, porque en términos ideológicos no hay grandes diferencias.
Rusia, durante años, instaló la idea de que los ucranianos no tienen identidad propia o que son nazis. ¿Cómo van a ser nazis con un presidente judío? Es un discurso de los zurdos. Rusia usa las mismas técnicas de la Unión Soviética. Putin es un presidente soviético. Fue agente de la KGB y es el hombre más rico del mundo. Me encanta que los zurdos lo defiendan.
—¿Trump no le está facilitando las cosas a Putin al soltarle la mano a Zelenski?
—A mí no me importa lo que diga Donald Trump. Yo no trabajo para Donald Trump. Pero entiendo que él defienda los intereses de su país y que Biden, durante tres años, haya alimentado una guerra que le convenía políticamente, mientras se hacía el bueno.
—El presidente se refiere al MERCOSUR en términos poco elogiosos. ¿Defiende más un tratado de libre comercio con Estados Unidos que un acuerdo con el MERCOSUR?
—Sí. Hoy podemos decir que Argentina está más cerca de Estados Unidos que del Mercosur.

—¿Por qué?
—Porque es lo que más le conviene a Argentina. Yo trabajo con Iván Dubois, parlamentario del PARLASUR, que fue quien organizó el viaje a Ucrania. Nosotros hicimos un montón de cosas con recursos cero. Ellos ni siquiera cobran sueldo.
Ahora, hay que ver qué rol cumple el Mercosur. Si sigue funcionando como está, si se transforma en otra cosa, si el PARLASUR cobra más protagonismo. Hay que analizar cómo puede servirle a los argentinos.
—The New York Times publicó una investigación detallada sobre el escándalo del CryptoGate, exponiendo la ruta del dinero y el rol de figuras como Mauricio Novelli y Hayden Davis. En paralelo, el gobierno comenzó a instalar el debate sobre la posible intervención de la Provincia de Buenos Aires, lo que algunos interpretan como un intento de desviar la atención del escándalo. ¿Cree que esta estrategia buscó correr el foco del CryptoGate?
—Es falso, porque yo fui a Moreno antes de que estallara el Libragate. El escándalo que hay en la Provincia de Buenos Aires no se puede tapar con nada. Están inventando una estafa que no existió para tapar lo que pasa en la provincia.
—¿Cree que hubo manipulación del mercado y uso de información privilegiada en el Libragate?
—Sí, creo que hubo uso de información privilegiada por parte de figuras como Davis, Novelli o quienes armaron el proyecto en Estados Unidos. Lo que no hubo fue una estafa de parte del gobierno argentino ni del presidente. Eso quiero dejarlo claro. Ahora bien, todo esto debe ser investigado. Lo que sí te puedo decir es que medios como el New York Times o Forbes cometieron un delito gravísimo. Le mintieron a la gente. No se puede confiar en un medio supuestamente serio que dice en su tapa que la estafa fue de US$ 4.500 millones.
—The New York Times también reveló que en la conferencia cripto de octubre, Mauricio Novelli cobró US$ 50.000 a empresarios para acceder a una reunión con Milei, y que incluso se mencionaron encuentros privados por cifras aún mayores, llegando hasta US$ 500.000. ¿Qué opina de estas acusaciones?
—Si eso es cierto, es gravísimo. Espero que no. Ahora, que alguien pague US$ 50.000 para reunirse con un presidente, me parece totalmente posible. No digo que esté bien, pero sabemos que hay gente dispuesta a hacerlo. Lo que sí me parece ridículo es que alguien pague US$ 500.000. Ni un corrupto pagaría esa cifra.
—El diputado Facundo Manes denunció haber sido amedrentado por Santiago Caputo, estratega de Javier Milei, y afirmó que una persona cercana a Caputo le pegó dos piñas. ¿Qué piensa de esta acusación?
—No lo vi, no sé nada, todavía no vi los videos.