Quizás sea demasiado pronto para hacer una evaluación del legado que dejó Jorge Lanata para la historia de la comunicación en la Argentina. Su extraordinaria capacidad para crear formatos que rompieron el molde entró en cortocircuito con su última estación ideológica antikirchnerista, haciendo que la que había sido su base histórica de seguidores cambie drásticamente por otra. Probablemente tuvo la astucia de irse a tiempo antes que su ocaso haya sido más grande, evitando seguir, como le dijo a Charly García, "copiarse a sí mismo". Aquí van algunas coordenadas preliminares para abordar su vida y obra.
Lanata en la biblioteca. Ningún otro libro causó tanto revuelo
La sorpresa y el estupor eran reacciones habituales entre quienes se asomaban a la biblioteca de mi primer departamento en Buenos Aires, ubicado en Santa Fe y Malabia, compartido entre varios estudiantes universitarios. Estaba poblada de libros de ciencias sociales, cine, literatura diversa e incluso una biografía de Albert Speer —el arquitecto de Hitler—, pero lo que verdaderamente provocaba escándalo ante la vista de los invitados era la presencia del lomo de Lanata. Secretos, virtudes y pecados del periodista más amado y más odiado de la Argentina, escrito por Luis Majul.
—¡No! ¿Compraste eso?, me preguntó mi madre cuando se enteró de que había usado su dinero para adquirirlo.
La biografía "no autorizada" de Lanata había salido a la venta el 7 de diciembre del 2012. Por un lado, el libro llegaba a las librerías tras el primer año del controversial desembarco del periodista en el Grupo Clarín, y, por el otro, tenía lugar en el día anunciado por el gobierno como el "7D", cuando estaba previsto que ocurriera un fallo de la Justicia que obligaría a que el emporio mediático se adecue de una vez por todas la Ley de Medios, cosa que no terminó ocurriendo.
Estábamos en pleno clímax de la grieta kirchnerista. La sola presencia de un libro de Lanata —después se fueron sumando más— causaba un efecto performático. Lanata generaba más conmoción que cualquier otro texto, incluso que el retrato de un jerarca nazi.
Para algunos, Lanata se había transformado en un traidor de las causas que siempre había defendido, luchas que siempre lo habían encontrado enfrentado al poder. Para otros, Lanata se había convertido en un héroe de las batallas nobles, de la lucha contra la corrupción y el autoritarismo, esta vez, en formato antikirchnerista.
Para quien esto escribe, al ingresar al Grupo Clarín, Lanata solo había dado un paso más —quizás el más importante— dentro de lo que siempre hizo: querer causar repercusión en su público, hacer show, llamar la atención. Porque, en definitiva, en el campo de los medios de comunicación la lógica central es la producción de repercusión. Todo el resto se inscribe en la tragedia de la historia argentina.
Aquí expondremos tres claves de lectura posibles para abordar la vida y obra de Lanata: Lanata político, Lanata empresario y Lanata artista.

Lanata político. "Soy lo que siempre fui: un liberal (¿de izquierda?)"
"El 2013 será el año de los carpetazos" titula la nota que la revista Noticias le realiza a Luis Majul en sus vacaciones en la costa atlántica a las semanas de publicar su biografía "no autorizada" de Lanata, de la cual asegura que le ofrecieron comprarle los derechos para llevarla a la gran pantalla. El periodista predice el escenario político, advirtiendo que el gobierno kirchnerista planeaba extorsionar con causas de corrupción a quienes podrían asomar como sus posibles competidores: Daniel Scioli y Sergio Massa. En ese contexto, Majul destaca que es fundamental la existencia de un periodismo "independiente" que esté dispuesto a combatir al gobierno falsamente progresista.
Para Majul, Lanata es quien mejor encarnaba el rol de periodista "independiente" siempre enfrentado al poder. Y, como no podía no estar a la altura, en su libro se permite exponer sus bajezas, más allá de que se trate de su ídolo. "Me acuerdo que en 1998 fui a verlo a su oficina de la revista Veintiuno y le dije que tenía una oficina muy chica y que entre su ego y el mío, no entrábamos. Casi vamos a juicio."
El ingreso de Lanata al Grupo Clarín en 2012, al poco tiempo que Cristina Fernández de Kirchner comenzara su segundo mandato como presidenta, impulsó un debate que no era nuevo en la historia argentina: periodismo "independiente" vs. periodismo "militante". Lejos de haber surgido con la Ley de Medios, la discusión sobre si el periodismo debía ser solamente informativo o debía utilizarse como herramienta política se remonta a los orígenes mismos de la nación. Figuras como Moreno, Alberdi, Sarmiento y Mitre ya debatían el papel del periodismo en la promoción de la institucionalización, la pedagogía cívica y el combate contra las tiranías.
La retórica política del kirchnerismo había revalorizado la idea del periodismo "militante", vinculada a la noción de que el comunicador debía estar comprometido con un proyecto político y tenía que aclarar a su público cuál era el lugar en el que estaba hablando. Así, bajo esta óptica impulsada por el kirchnerismo, aquellos periodistas que se jactaban de ser independientes, en realidad, no estaban siendo honestos con sus audiencia y no eran más que vulgares títeres de los intereses económicos concentrados.
Como señaló Pablo Sirvén por aquellos años en un artículo de La Nación, el periodismo "militante" kirchnerista cometía el error de referenciarse con el periodista y escritor Rodolfo Walsh.
Para Sirvén, lo que de verdad hacían los kirchneristas era copiar a Bernardo Neustadt, el híper popular y luego repudiado periodista que brilló en el tabloide sensacionalista, primero, y en la radio y la televisión, después. Tanto Walsh como Neustadt habían nacido casi en la misma fecha.
Recuerda Sirven que Neustad, a diferencia de Walsh quien celebró el derrocamiento de Perón en 1955, ya que veía en la Revolución Libertadora la posibilidad de terminar con un régimen que restringía las libertades, fue puesto en prisión por la dictadura, siendo castigado por haber sido el jefe de prensa del Consejo Superior del Partido Peronista.
Más adelante, Walsh cambiará de opinión y se opondrá fehacientemente a los regímenes de Lonardi, Aramburu y Ongania denunciando crímenes ocurridos en el ámbito estatal o paraestatal en textos de notable calidad periodística, audacia y creatividad, como Operación masacre, ¿Quién mató a Rosendo?, Caso Satanowsky, entre otros.
Para la década del setenta, Walsh se zambulló en la causa guerrillera encabezada por Montoneros —participando de la redacción del diario Noticias vinculado a la organización— y, finalmente, morirá heróicamente en manos de un grupo de tareas tras publicar "La carta abierta a la Junta Militar".
Neustadt, en cambio, terminaría completamente vinculado a todos los poderes de turno y, en especial, al menemismo y moriría olvidado y solo en su casa de Martínez tres días después de escribir en su blog que el matrimonio Kirchner eran sadomasoquistas y que gozaban lastimando.
Para muchos de los históricos seguidores de Lanata, el periodista estrella primero había sido un Walsh y, luego de su desembarco en el Grupo Clarín, se había transformado en un Neustadt. Las circunstancias históricas hacen que las personas cambien sus posicionamientos políticos y se ubiquen en el espectro ideológico de manera diferente.
De hecho, Lanata siempre se jactó de haber luchado contra el Grupo Clarín, enorgulleciendose de haber salido airoso de lo que fue una competencia deshonesta entre Página/12 —diario que fundó en 1987— con el emporio que controlaba de manera oligopólica Papel Prensa —empresa que distribuye el insumo con el que se hacen los diarios— siendo una de las razones por la cuales los ejemplares de Página/12 eran más caros que los de Clarín y La Nación. Incluso cuando Página/12 se habría visto acorralado financieramente y decidió obtener financiamiento del Grupo Clarín en 1995, Lanata dio un paso al costado.
Lanata sabía tan bien el poder y la llegada del Grupo Clarín que decidió hacer una famosa exposición sobre la estructura de los medios argentinos en una pizarra con un conjunto de nodos de grafos que conducían a un círculo rojo gigante que decía "Grupo Clarín". El informe tuvo lugar en su programa Detrás de todo (DDT), emitido por cable en Canal 26, momento en el cuál, luego de su salida de los canales de televisión por aire 2003, Lanata se había visto arrinconado a estar en un segundo plano del debate público.
DDT demostró ser un programa que mantenía la impronta de denuncia al poder de turno que siempre había caracterizado al trabajo de Lanata, pero que daba espacio a cierta instancia de entendimiento o de acuerdo.
Así, a pesar de que el periodista continuaba pataleando contra el carácter falsamente "progresista" que había tenido el kirchnerismo desde sus comienzos, daba lugar a que personas de distintas ideologías se pudieran sentar en una mesa.
En una emisión de DDT del 25 de abril de 2009, Lanata invitó a debatir al piso al actor Fernando Peña y al dirigente político Luís D'elía luego de su mítico enfrentamiento radial ("(...) odio a los blancos, odio a la puta oligarquía argentina, te odio Fernando Peña") y el 8 de octubre de 2009 convocó a los periodistas Nelson Castro y Victor Hugo Morales, quienes coincidían que el kirchnerismo tenía rasgos autoritarios, pero que era necesario regular la concentración de medios.
A pesar de que Victor Hugo Morales siempre había combatido al Grupo Clarín, pocos años después se entregó de lleno a la causa liderada por Cristina Fernández de Kirchner, dejando atrás, como señaló Pablo Sirven en su libro Converso, también editado por Margen Izquierdo —que le valió que una respuesta apresurada del asistente de Victor Hugo que publicó a las pocas semanas Victor Hugo: Una historia de coherencia y convicción— que el relator siempre había sostenido una posturas fuertemente antiperonista y que este giro kirchnerista lo habría hecho dejar de lado los pases matinales que el relator de fútbol hacía en Radio Continental con Magdalena Ruíz Guiñazú; donde hablaban de ópera, teatro y restaurantes de lujo.
Es curioso que los medios kirchneristas hayan querido ubicar a Víctor Hugo Morales como el antagonista de Lanata, ya que lo único que tenían en común era poseer un piso en la Avenida Libertador.
Entonces, ¿qué fue lo que pasó? Probablemente, el segundo gobierno de Cristina Fernández de Kirchner precipitó las posturas e hizo que el clima de debate público fuera más crispado.
Otra opción puede ser que Lanata haya visto la posibilidad de acceder a grandes presupuestos, potenciar su ego y volver a la primera plana de la opinión pública con toda; porque, en efecto, eso fue lo que realmente sucedió.
Periodismo para todos (Canal 13), Lanata sin filtro (Radio Mitre) y la columna de los sábados en Clarín no solo hicieron romper todos los índices de audiencia, sino que también ubicaron a Lanata como el gran enemigo de un gobierno que se perciba muy fuerte (teniendo en cuenta que Cristina había sido reelecta en 2011 con el 54% de los votos y que parecía no tener límite).
Para alguien que siempre buscó llegar al público más amplio posible y asumirse como el protagonista del combate contra el poder "real", el ingreso de Lanata al Grupo Clarín representó la consagración de ese recorrido.
Así lo reconoce en la biografía "no autorizada" de Majul, donde afirma estar atravesando el mejor momento de su carrera: "Yo siempre fui el mismo; en todo caso, los que cambiaron fueron los otros".
Poco antes, en una entrevista con Ernesto Tenembaum en el programa Palabras más, palabras menos emitido por la señal Todo Noticias, Lanata reforzaba esa idea al declarar: "Me voy a poner del lado del más débil, porque siempre lo hice, y el más fuerte ahora es el que parecía el más fuerte, y es Clarín".
Creer que uno es firme en sus convicciones a lo largo del tiempo no necesariamente es un rasgo positivo. Las personas evolucionan y las circunstancias históricas cambian. Pero Lanata dijo que siempre se definió asimismo como un "liberal de izquierda". ¿Por qué liberal? Porque creía en la libertad del individuo sobre el Estado. ¿Por qué izquierda? Porque veía a su alrededor, sabía que las cosas no estaban bien y que necesitaban ser cambiadas.
Bajo esta óptica, puede trazarse una línea de coherencia a lo largo de toda la carrera de Lanata, marcada por una impronta anclada en el espíritu periodístico del Watergate: la investigación del Washington Post que expuso el espionaje ilegal del gobierno de Richard Nixon y derivó en su renuncia. Esa lógica de denuncia atraviesa sus posicionamientos frente a casi todos los gobiernos desde el retorno de la democracia, de Alfonsín y Menem a De la Rúa, Néstor y Cristina Kirchner, hasta Javier Milei.
En la vereda opuesta a esta óptica del periodismo "independiente", se encontraría el periodista "militante" Horacio Verbitsky, con quien compartieron la fundación de Página/12 y la denuncia al menemismo; pero luego, Verbitsky vería en el kirchnerismo la continuación del espíritu setentista que había encarnado su amigo Walsh, mientras que Lanata vería en el kirchnerismo solo un modelo corrupto que debía ser atacado.
¿Dónde se encuentran las excepciones? Elisa "Lilita" Carrió y Mauricio Macri. Con Carrió Lanata admitió siempre tener una buena relación —de amistad incluso—. Siempre valoró su espíritu de denuncia y su "honestismo". Ahí es cuando el periodista "independiente" mostró su primera hilacha.
Como identifican Eduardo Minutella y María Noel Álvarez en su libro Progresistas fuimos todos, entre la segunda mitad del menemismo y el comienzo del kirchnerismo, se creó espacio político que tuvo su caja de resonancia en revistas como Tres Puntos, TXT, Veintiuno, Veintidós y Veintitrés —estas tres últimas fundadas por Lanata. Donde prevalecía una sensibilidad en común entre lo que entendían que podía ser la denuncia contra la corrupción, los derechos humanos y las libertades individuales.
Así como las circunstancias históricas lo llevaron a Walsh a apoyar a Montoneros, Lanata vio en Lilita una posibilidad concreta de cambiar la realidad del país desde la política partidaria. Para el escenario que se abrió luego de la crisis del 2001, Lilita se instaló como una dirigente política competitiva para representar el espacio antimenemista.
Incluso, según relata Lanata a Majul en su biografía "no autorizada", la dirigente chaqueña le habría ofrecido al periodista acompañarla en la boleta de las elecciones del 2007. Lilita como presidenta y Lanata como Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. El periodista consideró la propuesta y reunió a su equipo de trabajo —entre ellos, a la periodista Romina Manguel— para evaluarlo. Luego de darse cuenta de que sería muy complicado dirigir a la enorme cantidad de empleados municipales, Lanata declinó.
Más adelante, Lanata vería con buenos ojos el intento de Lilita de articular, junto a Mauricio Macri (PRO) y Ernesto Sanz (UCR), la alianza Cambiemos, dispositivo que derrotaría al kirchnerismo en las elecciones de 2015.
Para muchos de sus detractores, el informe emitido por PPT —en el que se acusaba al entonces jefe de Gabinete y candidato a gobernador bonaerense, Aníbal Fernández, de ser el autor intelectual del triple crimen de General Rodríguez (2008), a partir de audios de un supuesto testigo que lo identificaba como "La Morsa"— resultó decisivo para la victoria de Macri.
A tal punto había llegado el antikirchnerismo de Lanata, que durante el macrismo fue más bien benevolente —a pesar de que se jactó de haber hecho renunciar a Mario Quintana, el Vicejefe de Ministros de Macri, ya que en su programa PPT denunció un conflicto de intereses en materia de política aerocomercial.
Finalmente, Lanata tendrá con Macri casi una relación de amistad, compartiendo largas charlas sobre la situación del país, e invitándolo a su último casamiento con Elva Marchovecchio.
Por alguna razón, Lanata empatizó mucho más con el antikirchnerismo de Macri que con el de Miliei, a quien empezó a criticarlo rápidamente y amenazó con denunciarlo judicialmente por acusarlo de "ensobrado". Capaz que Lilita y Macri mantenían una impronta más parecida a los demócratas norteamericanos, con quienes Lanata sentía afinidad.

Lanata empresario. "Puedo ser útil en otras cosas"
Lanata fue buen comunicador, pero fue un mal empresario. Hay un límite fundamental para quien quiera hacer periodismo "independiente", que es la búsqueda del financiamiento del espacio donde va a emitir su mensaje.
En un sistema capitalista, los medios de comunicación entrelazan su línea editorial con intereses políticos o comerciales, demostrando que no son ni más ni menos que actores que están inmersos en el barro de la lucha por el poder.
Así, quien acusa a un periodista de estar "ensobrado" —esto es, de no decir lo que piensa porque su mensaje estaría condicionado por intereses económicos— desconoce, en realidad, cómo funcionan y se sostienen los medios de comunicación.
Lo mismo vale para los políticos: aun cuando puedan invocar valores o ideales, en última instancia, lo que les permite acceder al poder o conservarlo son intereses económicos.
Esto no quiere decir que todo valga lo mismo en un momento histórico dado. Tanto el político como el periodista pueden optar por apoyar o denunciar lo que consideran que es mejor de acuerdo a una circunstancia. Pero no existen opiniones exentas de compromisos políticos y comerciales. En este plano, el periodismo "militante" sería más honesto que el "independiente".
Cabría ver, al menos, si los fondos con los que se financian a los periodistas "militantes" son públicos o privados. Por mencionar dos casos de la historia reciente. El programa 6,7,8., que contaba con periodistas que venían del plantel histórico de Página/12 como Sandra Russo y Nora Veiras, creado y producido por Diego Gvirtz, creador y productor de Televisión Registrada y Duro de Domar, formatos en los que panelistas e invitados debatían sobre informes que buscaban "carpetear" o "reivindicar" a figuras del espectáculo, el periodismo o la política, que habían habían estado en la grilla de América TV y Canal 13 (del Grupo Clarín), y que luego se volcaron a defender a la gestión kirchnerista, siendo Lanata uno de los personajes predilectos que se atacaban todas las noches.
También twitteros mileístas, que asumieron en cargos públicos o forman parte de canales de streaming que están sospechados de recibir fondos de los servicios de inteligencia para defender al gobierno también maltrataron a Lanata cuando este denunció judicialmente a Milei por twittear que era un "ensobrado". "Estos chicos —declaró Lanata en el programa de radio Ernesto Tenemambaum, me acusan de K, cuando yo los estaba denunciando cuando estaban aprendiendo a limpiarse el culo".
Este debate se enmarca en un asunto más grande que comprende al uso que hacen los gobiernos tanto nacionales, como provinciales y municipales, le otorgan dinero a los medios y si este es usado para difundir obras de gobierno o tienen un propósito. Por eso, desde el punto de vista de quien esto escribe, hay que analizar tanto a las intervenciones de los políticos como de los periodistas como una disputa de poder inscrita en la tragedia argentina.
Ahora bien, son pocos los periodistas que también triunfaron como empresarios. Natalio Botana fue un empresario exitoso con su diario Crítica, Jacobo Timerman fue reconocido como periodista y creador de medios que innovaron en su momento, como Primera Plana o La Opinión, pero no se consagró como un empresario de la talla de Héctor Ricardo García (Crónica) o Alejandro Romay (Canal 9).
En la historia reciente, podría mencionarse al caso de Daniel Hadad, fundador de Infobae, el portal en español más leído del mundo hoy en día. También podrían señalarse desde otro espectro ideológico y comercial, a Roberto Navarro, fundador de El Destape y a Julia Mengolini, fundadora de Futurock; siendo estos dos últimos medios que supieron crecer y consolidarse principalmente a partir del aporte de suscriptores, que, a su vez, conformaron una comunidad "militante".
En el caso de Lanata, todos sus proyectos periodísticos tuvieron su marca y estilo propio, pero no pudieron ser sustentables a lo largo del tiempo y tuvieron que ser o cerrados o vendidos a algún empresario.
Repasemos: tras el retorno democrático, luego de trabajar para distintos medios en relación de dependencia, Lanata funda una Cooperativa de periodistas independientes desde la cuál compra la revista El porteño al periodista y crítico de arte Gabriel Levinas.
Si bien la publicación aumenta su circulación —tal como reconoce Lanata al sociólogo Marcos Novaro años más tarde— su forma de organizarse resultó ser incorrecta. Todos ganaban lo mismo, desde el cadete hasta el secretario de redacción, a la vez que se ocupaban más por las asambleas internas entre los trabajadores que por el contenido del medio.
Si El Porteño se había visto limitado en el plano comercial, aunque no en el creativo, Página/12 representó una nueva apuesta basada en la convocatoria de plumas prestigiosas (Osvaldo Soriano, Osvaldo Bayer, Juan Gelman, Tomás Eloy Martínez, Eduardo Galeano, Martín Caparrós, Mario Wainfeld, entre otros).
Muchos de ellos habían tenido una participación política destacada durante la década del setenta y habían atravesado la represión y el exilio durante la dictadura; en el proceso de consolidación democrática, buscaban con urgencia un medio desde el cual expresarse.
Tal como le señala Horacio Verbitsky a Luis Majul en su biografía "no autorizada", si bien Lanata dio el puntapié inicial para la fundación de Página/12, en el ambiente ya se percibía una dinámica que, inevitablemente, habría conducido a la conformación de un medio similar. De hecho, el propio Verbitsky estaba por fundar un periódico junto al abogado Eduardo Luis Duhalde, orientado a la militancia por los derechos humanos.
Ahora bien, ¿quién financió tan buen intencionado proyecto? Nunca quedó del todo oficializado, pero, como saca a la luz una vez más Majul en su biografía "no autorizada", Página/12 habría recibido en sus comienzos financiamiento de Enrique Gorriarán Merlo, ex integrante de la guerrilla guevarista ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo), y que, tras el retorno a la democracia, habría seguido conspirando para tomar el poder a través de la armas —una práctica que había tenido mucha acogida en la década previa y que durante las décadas de los ochenta y noventa tuvo sus últimas resonancias.
De hecho, Majul indica que lo habrían llevado a Lanata a una reunión encapuchado a una reunión con Gorriarán Merlo, donde habrían negociado los fondos para llevar adelante Página/12, los cuales, muy probablemente venían del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), organización guerrillera nicaragüense que representaba uno de los últimos retazos del modelo insurreccional armado que había sido muy habitual en varios países latinoamericano las décadas previas.
Luego, Lanata se exculparía en decir que en Página/12 él solo se ocupaba de la gestión periodística y que de la parte comercial se encargaba Fernando Sokolowicz, ex militante del ERP devenido en empresario de medios y de cine.
La vinculación Página/12 con Gorriarán Merlo repercutirá en la relación de varios de los integrantes de la publicación con el Levantamiento de la Tablada, en el que un grupo de integrantes del Movimiento Todos por la Patria (un desprendimiento del ERP liderado por Gorriarán Merlo) tome un cuartel militar con el propósito de impedir un levantamiento "carapintada" (un grupo de militares enfrentados con el nuevo poder demócratico) y dejando un saldo de treinta y nueve muertos.

Antes de su ingreso al Grupo Clarín, Lanata trabajó en medios chicos y medianos que le dieron un margen de autonomía para desplegar una impronta cínica y desencantada, que denunciaba a los manejos oscuros del poder y guiado por un código ético propio.
Participó en la primera etapa de Radio Belgrano como asistente del programa Sin anestesia de Eduardo Aliverti, en un contexto marcado por la flexibilización de los medios durante el alfonsinismo. También formó parte de los inicios de Radio Rock & Pop, la FM fundada por Daniel Grinbank que consolidó un formato radial informal, donde condujo Hora 25, el mítico programa nocturno que se inscribía en una grilla liderada por Lalo Mir y Mario Pergolini.
Su proyección laboral era tan efímera que parecería ser que Lanata no le hizo asco a negociar con la persona que estaba dispuesto a financiarlo. Para Eduardo Eurnekian, dueño de Canal América (1996-2003), Marcelo Tinelli, en ese entonces dueño de Radio del Plata (2005), Jorge Fontechechia, dueño de Editorial Perfil (2008), Alberto Pierri, ex político peronista y dueño de Canal 26 (2009-2011) y grandes holdings internacionales como Turner (2010,2011) y Disney (2022).

Paradójicamente, el empresario que estuvo dispuesto a financiar el diario Crítica de la Argentina, uno de sus últimos grandes caprichos y fracasos, fue Antonio Mata —empresario español denunciado por administración fraudulenta en Aerolíneas Argentinas.
Mata era el arquetipo de todo lo que Lanata se había dedicado a denunciar a lo largo de su recorrido profesional. Fundado en 2008, Crítica de la Argentina tenía la vocación de consolidarse como el último diario en papel.
Un extraordinario documental emitido por América TV muestra la construcción de un proyecto que, desde sus albores, se presentaba como una verdadera "lucha contra la imposibilidad".
Desde la obtención del espacio y su transformación en redacción, hasta la contratación del personal, la organización de las secciones, la redacción, edición y titulación de los textos, la búsqueda de anunciantes y, finalmente, la salida a la calle.
En el film se observa a un Lanata orgulloso de impulsar un proyecto que, desde el inicio, reconoce como anacrónico y que está dispuesto a llevarlo adelante incluso si "el país se va a la mierda".
Finalmente, el diario duró menos de dos años resultando ser un fracaso absoluto. Lanata le echó la culpa al financista Antonio Mata y también a Néstor Kirchner, quien habría anunciado en una reunión en su oficina de Puerto Madero, que haría desaparecer al diario.
Lo cierto es que, como le comenta Alejandro Bercovich a Majul en su biografía "no autorizada" de Lanata, que mientras él lideraba a las asambleas de trabajadores de Crítica de la Argentina, que le habían quedado sin trabajo, y que habían sido convencidos por Lanata para que dejen sus trabajos previos asegurándoles que tendrían un salario asegurado, el periodista se tomó el gusto de renunciar y probar suerte en un espectáculo en el teatral La rotativa del Maipo.
Analizando este recorrido podríamos decir que Lanata tenía una voracidad por armar proyectos e innovar, y que el Grupo Clarín le habría otorgado cierta estabilidad a cambio de exaltar sus posturas anti kirchneristas, pro macristas y anti mileistas, luego.
Sin embargo, más allá de sus reiteradas peripecias con los financistas, Lanata siempre buscó innovar y capitalizar su imagen en espacios asociados a la novedad tecnológica.
A comienzos de los años dos mil intentó lanzar su propio sitio web, jorgelanata.com, concebido como un portal que reuniera sus contenidos de Radio del Plata y sus columnas en Perfil.
Más adelante retomó esa idea, sin éxito, con el proyecto de instalarse en Miami y crear una portal de noticias apuntado a toda la América hispanohablante que se iba a llamar Ducto.com, con la ambición de disputar audiencias a El País de España.
También incursionó en el mundo de las redes sociales con LanataTV, un proyecto multiplataforma pensado para adaptarse a las lógicas de YouTube, Facebook, Instagram, Twitter, Snapchat y TikTok, y así alcanzar públicos y franjas etarias diversas. Al igual que los anteriores, fue un intento que pasó sin pena ni gloria.

Lanata artista. Lanata entrevista a Lanata
Lanata fue un buen comunicador, un mal empresario y un mal escritor. Fue un mal escritor en el sentido de que no tuvo demasiado éxito con los libros de literatura que publicó, siendo la literatura el arte superior de acuerdo a su criterio.
El cine de autor lo había convocado en su juventud, pero más de grande se inclinó por las series de plataforma.
A pesar de su breve y exótica incursión por el Maipo, el teatro no lo convocaba, decía que no le creía a los actores cuando los veía en vivo, a pesar de que su pareja Sara Stuart Brown y su amigo en común Fernando Peña se dedicaban a dicha actividad.
Lo que sí le interesaba, entonces, era la literatura. Veía en ella el núcleo de todas las creaciones.
Su programa de televisión Viaje al fin de la noche, título elegido en homenaje a la novela homónima de Louis-Ferdinand Céline, emitido por América TV en 1995, muestra a un Lanata bucólico, que deambula por la oscuridad de una Ciudad de Buenos Aires inmersa en la violencia, la miseria y en el absurdo de la condición humana. Quizás Lanata se sentía parte de un personaje de novela negra.
Sin embargo, sus libros de ficción Polaroids, La historia de Teller y Muertos de amor, no causaron demasiado revuelo. Quizás el gran público no consume tantos libros de ficción, o quizás no se puede ser bueno en todos los aspectos de la vida.
Según la biografía "no autorizada" de Majul, Lanata comenta que mandaba a sus novias "incultas" a leer los libros que consideraba fundamentales.
Según recuerda Sara Stewart Brown, Lanata la reunía a ella con las periodistas Romina Manguel y María Julía Oliván los domingos a la tarde en su departamento de Belgrano para impartirles lecciones de escritura e instruirse en una lista de lecturas esenciales: en el catálogo internacional asomaban Barthes, Hemingway, Melville, Penrose, Sagan, Hawking, Ortega y Gasset, Chandler, y en el catálogo argentino, aparecían Pizarnik, Cortázar y Borges, de este último le interesaba su concepción por el espacio y el tiempo —siendo esta dimensión filosófica-existencial una de sus grandes obsesiones.
A Lanata le interesaba rodearse de literatura y de mujeres. Por eso, a pesar de la acusación judicial que recibió por parte de la entonces diputada y periodista Gabriela Cerruti, quien denunció a Lanata por ser machista al decir al aire que ella obtenía buena información en los noventa cuando trabajaba en Página/12 porque tenía relaciones "cárnicas" con Menem, Ramón Hernandez o Alberto Kohan, denuncia judicial que Cerruti ganó, Lanata —al igual que Woody Allen, a quien entrevistó en 2018— a lo largo de su carrera tendió a impulsar talentos principalmente femeninos: Romina Manguel, María Julia Oliván, María O'Donell, Maru Duffart, Luciana Geuna, Jessica Bossi, Cecilia Boufflet, Marina Calabró, Verónica Castañares, Adriana Verón, entre tantas otras.
Decíamos que la literatura era su mayor deseo, a pesar de que resultó ser otro de sus fracasos.
En cambio, sus libros periodísticos y, sobre todo, los de historia argentina sí fueron un éxito en ventas. Argentinos vendió más de trescientas cuarenta mil copias y se mantuvo en listas de best-sellers locales (incluyendo prensa internacional) por más de 60 semanas. Así, el libro se inscribía en una tendencia de libros periodísticos de denuncia contra la dirigencia política y empresarial, y que llegaron a ser muy exitosos en los noventa, como Robo para la corona, de Horacio Verbitsky —que tiempo después Lanata dirá con celos "que era un libro que todos compraban, pero nadie leía"—, Los dueños de Luis Majul o El jefe de Gabriela Cerruti.
Pero, si se lee el Argentinos con más o menos detenimiento, se podrá apreciar que el libro no ofrece una prosa fluida, si no que más bien, comprende un conjunto de citas y testimonios fragmentarios, que entrelazan un relato en el cuál los argentinos siempre fuimos unos "chantapufis" que caímos en "la fácil".
Esta impronta también se destaca en el videoclip "La argentinidad al palo" de Bersuit Vergarabat, el cual Lanata dirigió, donde se aprecia un recorrido por inventos, íconos, políticos y figuras polémicas de la Argentina para trazar un retrato crítico de una identidad que, entre orgullo y tragedia, oscila constantemente entre lo mejor y lo peor, el éxtasis y la agonía. Más adelante, esta lógica "noventista" implosionará con la irrupción del kirchnerismo.
Lanata se aferró a estilo "noventista" y, complementándolo con otros datos biográficos, publicó una serie de títulos que en líneas generales pasaron desapercibidos: El nuevo periodismo, La guerra de las piedras, Cortinas de humo, Vuelta de página, Argentinos, ADN. Mapa genético de los defectos argentinos, Muertos de amor, 10K, la década robada, 56, Óxido. Historia de la corrupción en Argentina 1580-2023.
Más allá de que los textos hayan sido pobres, consideramos pertinente destacar la capacidad de Lanata por recrear una estética convocante que complementaban a sus productos.
El caso de Óxido. Historia de la corrupción en Argentina 1580-2023 un buen ejemplo de este enorme talento. El libro tuvo una edición especial con tapa de chapa de aluminio oxidado, operando como una metáfora de la Argentina.
"Lo que buscaba eran los colores complementarios", recuerda Ernesto Tenembaum de su paso por la revista Veintitrés. De lo que se trataba era de esquivar a la intelectualidad pequeño burguesa para hablar con la gente "común", de ahí que una de las referencias que tenía Lanata era Crónica TV.
Colores fuertes, música estridente, sensacionalismo. Por su parte, Martín Sivak recuerda cuando trabajó para Lanata en la revista Veintiuno y Radio del Plata, que no leía los diarios, y tampoco acudía a un número de fuentes importantes: simplemente tenía un olfato único para leer el humor social y llevarlo a cabo con formatos sumamente originales.

A lo largo de su trayectoria se aparecía una escenografía recurrente, compuesta mediante cuadrados de colores verde, rojo, azul y amarillo; esta fue un una constancia que unía a La Luna (América TV) y Hora 25 (TN).
En sus entrevistas, Lanata hacía preguntas un tanto rudimentarias seguidas de un "hmm" tras la respuesta del entrevistado, acompañadas por el infundible e insociable cigarrillo prendido al aire (algo que ningún otro periodista hizo en toda la historia).
En muchas ocasiones, Lanata se permitió entrevistarse a sí mismo al aire, o colocar su figura atravesada por la metáfora que quería representar.
En su película Deuda, del 2004, veamos a Lanata caminar por la Plaza de Mayo en dirección a la Casa Rosada mientras billetes de cien dólares caen sobre él, representando todo el dinero que los poderosos se despilfarraron de los argentinos.
En estos formatos, los textos de Lanata operaron como guión, como soporte discursivo y estético, los cuales, al leerlos por separado, no tenían la misma potencia que un informe televisivo.
Un ejemplo de esta operación tuvo lugar en los documentales que Lanata hizo cuando estaba relegado al ostracismo de la discusión política argentina —lo más destacado de su obra para quien esto escribe.
Allí se encuentran BRICS, 26 personas para salvar al mundo y H: lo que no tiene nombre. En estos documentales se lo ve a Lanata viajando por el mundo, entrevistando y reflexionando sobre los grandes desafíos que tiene la humanidad por delante y las preguntas existenciales más profundas.
Porque parecería que Lanata hacía periodismo político a su pesar, diciendo que a lo último esto ya no le interesaba, que le aburría, que tenía ganas de escribir ficción o el guion de alguna tira diaria romántica.
No leía los diarios, pero sí miraba programas de chimentos; incluso, Yanina Latorre le habría confesado en un reportaje al programa LAM, conducido por Ángel De Brito, emitido por América TV, que él era: "el amor de su vida".
Tuvo más relación con músicos que con políticos. Fue íntimo con Fito Paez en el menemismo y con Chano con el macrismo. Le atraía la imagen del rockstar, quizás más que la del escritor.
Y la pintura lo cultivó en la última etapa de su vida, jactándose de tener lienzos de alto valor distribuidos a lo largo y ancho de su piso en el Palacio Estrugamou en la Avenida del Libertador.
Decía que esta vocación surgió tras transitar múltiples internaciones y problemas de salud, que le habría despertado una necesidad imperiosa de estar "rodeado de belleza".
Cuando a Lanata se le antojaba coleccionar objetos de lujo, el dinero no era un problema. Relojes, corbatas, trajes extravagantes, anteojos con marcos de colores altisonantes y pinturas carísimas adquiridas sin dar demasiadas vueltas.
De hecho, en el año 2022 fue víctima de una estafa millonaria al comprar tres supuestos óleos atribuidos al artista argentino Juan Melé, que años después se comprobó que eran falsos, lo que lo llevó a iniciar acciones judiciales contra la galería vendedora.
Tras la muerte de Lanata, ocurrida el 30 de diciembre de 2024, la disputa por su herencia material parece haber adquirido mayor centralidad que la que rodea a su legado periodístico. Tal vez más adelante sea posible ensayar otras evaluaciones sobre su figura; o quizás Lanata terminó convirtiéndose —como él mismo le dijo alguna vez a Charly García— en víctima de haberse empezado a "copiarse a sí mismo".