Rafael Grossi lanzó un mensaje de alto voltaje político al presentar los lineamientos de su candidatura a secretario general de la Organización de las Naciones Unidas. "En 2026 vamos a jugar dos mundiales, y yo creo que vamos a ganar los dos", afirmó el actual director del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), durante un encuentro organizado por el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI) en La Rural, en alusión tanto al plano diplomático como al deportivo.
Ante un auditorio integrado por funcionarios, embajadores y referentes de la sociedad civil —entre ellos Daniel Scioli, Sandra Petovello y el canciller Pablo Quirno, quien horas antes oficializó el respaldo del gobierno de Javier Milei—, Grossi expuso los ejes centrales de su postulación. Allí remarcó la necesidad de reconstruir el rol de la ONU como actor central en la resolución de conflictos internacionales y de encarar una reforma profunda de su funcionamiento.

En ese marco, el diplomático defendió el multilateralismo y cuestionó el desplazamiento de la ONU frente a otros foros globales. Sostuvo que el organismo debe seguir siendo la principal plataforma de diálogo internacional, en contraposición a la creciente centralidad de espacios como el G7 o los BRICS, y advirtió sobre los riesgos de debilitar su capacidad de intervención global.
Grossi también puso como ejemplo su experiencia como mediador en conflictos de alta tensión. Recordó sus gestiones en la guerra entre Rusia y Ucrania, con contactos directos con Vladimir Putin y Volodímir Zelenski, para garantizar la supervisión internacional de la central nuclear de Zaporiyia, así como sus esfuerzos para inspeccionar instalaciones nucleares iraníes pese a amenazas. En ese sentido, sintetizó su visión de liderazgo con una definición tajante: "Necesitamos un secretario general que se ponga las botas y vaya donde existe el problema".

Finalmente, el candidato argentino llamó a asumir con realismo las falencias del organismo internacional. "Hay muchas cosas que no están funcionando bien", afirmó, y reclamó una "mirada sin hipocresía, reconociendo los defectos de aquello que queremos cambiar". Al agradecer el respaldo del Gobierno, remarcó: "Es necesario ese coraje de la reforma. Y la Argentina lo sabe". Y concluyó con una defensa explícita del organismo: "Hay algunos que dicen que el tiempo de las Naciones Unidas ya pasó. Yo disiento".


