"¡No voy a perder tiempo en describir todas las des... las inconsistencias de los amarillos fracasados, porque están peleando el cuarto lugar! [aplausos] Vengo a llamarlos para que... demos la puntada final, empecemos a clavar el... la tapa al cajón del kirchnerismo, ¡¡¡ahora en la Ciudad de Buenos Aires!!! [ovación]".
En menos de 30 segundos de alocución, en el cierre de la campaña para las antes intrascendentes y ahora relevantes legislativas locales de la CABA, el presidente Javier Milei atacó con un discurso directo, sin el menor eufemismo, tanto al Pro (fuerza nacida y hegemónica en la Ciudad desde 2007 con Mauricio Macri y Horacio Rodríguez Larreta) y al kirchnerismo -aunque Cristina Fernández de Kirchner no apareció en campaña, y el verde claro elegido para la comunicación visual de Santoro borra todo rastro del celeste "K"-.

Aquel postulado que reza que "la política es el arte de lo posible", atribuido sin mayor sustento a Niccolo Machiavelli (1469-1527, y aún así siempre vigente) podría cristalizarse una vez más, especialmente en la provincia de Buenos Aires, de cara a las elecciones (también antes intrascendentes, y esta vez quizás relevantes, máxime si se postula CFK) si La Libertad Avanza acuerda con algunos dirigentes que hasta hace poco, o nada, eran del partido de Macri. Estos serían los exitosos, o al menos, los que no habrían incurrido en "fracasos".
Algo llamativo sería que los "amarillos" a sumar serían de la provincia de Buenos Aires (más allá del histórico garrochismo en sentido CABA hacia PBA, o en nombres propios, y para esta ocasión, Santilli, Ritondo, etc.), el distrito en el que Pro gobernó, a nivel provincial, sólo cuatro años con Vidal, que perdió la reelección -sacrilegio político electoral que no les ocurrió a Duhalde en 1995, Solá en 2003, Scioli en 2011 ni a Kicillof en 2023-; pero allí donde la crítica ha sido furibunda y la pelea ha pasado a una escala mayor, en la CABA, el Pro sí ha sido arrollador a nivel de votos populares, lo que cabe suponer una adhesión a la gestión, a la marca, a un imaginario y también, a una oposición al peronismo/kirchnerismo.
Esa hegemonía electoral de Pro en la capital del país podría terminarse este domingo 18. El más preocupado debería ser Jorge Macri, que perderá apoyos en el legislativo local y lo que es peor, tendrá una oposición fragmentada -aunque, ya se sabe, "a río revuelto, ganancia de pescadores"-.
La Libertad Avanza sumaría a (ex) integrantes de Pro -¿podría haber un aluvión desde el lunes 19?-, seguramente sin discriminar ya entre "no fracasados" y "fracasados". Cabría esperar que el partido de Macri no se deje cooptar por LLA, y se presente de algún modo en la elección inéditamente separada de legisladores de septiembre. ¿Se unirían una vez más Pro y la UCR? ¿Irían "Juntos" una vez más? ¿Volverían a buscar "cambiar"? En un escenario fragmentado, la UCR tiene incentivos por demás en la provincia de Buenos Aires para aliarse al Pro.
El partido cívico radical (en rigor, los "22" partidos distritales "UCR") goza de cierta salud electoral en las provincias, pero está a punto de hacer un papel casi indigno en la CABA, y solo, sin alianzas con otra fuerza importante, haría lo mismo en la provincia. Lula Levy, primera candidata a legisladora en CABA, no es la responsable de la anunciada debacle de la UCR en la ciudad, ya sin alianza con Pro -ni con la Coalición Cívica, ni con el ahora independiente Rodríguez Larreta-. Que sea electa legisladora podría ser calificado de hazaña.
Falta para septiembre, que es cuando Axel Kicillof agentó la legislativa local. Por primera vez, los bonaerenses verán en primer plano las caras de las y los ocho primeros candidatos a senador y diputados provincial en las secciones electorales. En buena medida, se dejará de utilizar la recurrente "madre de todas las batallas", más aún después de que Milei fue electo presidente de la Nación en 2023 perdiendo en la PASO, en la primera vuelta y en el ballotage en la "provincia-país". Por supuesto: La Libertad Avanza puede darse el lujo de ubicarse segunda en la provincia, desplazando al Pro orgánico, y aún así sumar legisladores y comprometer a Kicillof, en los últimos dos años de su mandato. ¿Cómo llegará su gestión a 2027?
¿Podría disgregarse y virtualmente desaparecer el Pro como partido, y el macrismo como actor medianamente relevante? Eventual golpe demoledor para el ex presidente, que a principios de 2023 casi soñaba con servirle la candidatura de su fuerza al mismísimo Milei que hoy lo asombra con su trato. Nada debería sorprender. Rodríguez Larreta, tal vez como casi nadie, puede dar fe de esto.
Cuando antes del balotaje ante Massa le dio explícitamente todo el apoyo, junto con Bullrich, a Milei, probablemente Mauricio haya supuesto que podría copar el gabinete primero, y dominar a Javier después. Nada de eso sucedió. Ahora, el explícito en contra de lo "amarillo" es el presidente actual.
El límite para la presentación de listas para la elección bonaerense es el 19 de julio. Restan apenas dos meses para conocer si efectivamente en ese territorio hay acuerdo masivo entre LLA y dirigentes "amarillos" (se insiste, "fracasados" o no). Así, después de los eventuales anhelos de 2023, después de las milanesas de 2024, y después de la pelea discursiva de 2025 en la CABA, se verá si otra vez tiene vigencia la famosa "La política es el arte de lo posible".
Antes incluso, el 9 de julio, habrá una señal certera. Ese día deben presentarse las alianzas para la elección de septiembre. Será casi exactamente un año después de que el 8 de julio de 2024, en la noche de la firma del "Pacto de Mayo" en San Miguel de Tucumán, 18 gobernadores, bien a cubierto, firmaban el acta. Entre ellos estaban Ignacio Torres de Chubut, Rogelio Frigerio de Entre Ríos y Jorge Macri, de la CABA. Los tres, por supuesto, del Pro que Mauricio fundó.
Mientras, Macri quedó confinado, en la calle y a la vista de todo el mundo, casi como castigado a tomar frío.

