Dejame a mí
Me imagino la conversación del grupo de colegas, socios, amigos que se encontraron, todos, al mismo tiempo en la cúspide del poder y en EE.UU.
Unos en la cúspide de un país en crisis, medio siglo en problemas y necesitado de oxígeno urgente y al borde del colapso. Pero, tal vez por ser un país en crisis, fuente de fabulosos negocios financieros. Necesitado de ayuda. Urgente. Sin salida propia y luego de haber generado muchas salidas felices y -tal vez- con algunos atrapados en los meandros del carry esperando oxígeno para salir corriendo. Conjeturas.
El otro país, el más poderoso del planeta. Abundante en recursos financieros por ser, además, el emisor de la moneda patrón del sistema occidental.
Y ambos países conducidos -a veces más allá de las reglas, sobre todo las de urbanidad- por dos de los más afamados líderes políticos y los más apreciados por los verdaderos depredadores, en términos de G. da Empoli en su última obra.
Los amigos, cuatro días en sepulcral silencio, todos con la misma especialidad: las finanzas. Todos "traders más que exitosos" en sus años jóvenes. Todos, ahora, dueños del capital de entidades financieras, accionistas o ex accionistas de empresas...algunas comunes. Nada común. Todo realmente extraordinario. Una coincidencia extraordinaria. Proust decía "la vida es una sucesión de pequeñas casualidades". Me suena. Pero tal vez, aunque no premeditado en el origen, aquí se suman coincidencias, casualidades, pero también algo de ingeniería, astucia programada.
Es cierto. Aunque Ud. no lo crea tengo la absoluta convicción que "toda marcha de acuerdo con el plan". No significa que el plan económico haya funcionado. No. Es evidente que estamos ante lo que en castellano se llama fracaso.
Ricardo Arriazu, el mentor ideológico de todos estos programas, acaba de decir (Clarin 9/10): "casi todas las crisis" en Argentina comenzaron por un salto del dólar". El llama "salto del dólar" a una devaluación.
Es increíble que haya que recordar que este programa comenzó con una devaluación gigantesca a la que se la devoró la inflación acaecida durante este programa.
Cualquiera diría que la corrida que termina en los brazos de Scott Bessent es a consecuencia del monstruo que se devoró la devaluación y la pasión por el dólar "barato" que desató el entusiasmo de turismo, fuga e importaciones. Y si no, ¿por qué lo primero que hace Bessent, para ahuyentar el pánico, es vender dólares? Se fueron los dólares, también los del blanqueo (un escándalo mayúsculo, más grave si uno piensa en los narcos que abundan).
Si la crisis se detiene porque Bessent vende dólares, la crisis ocurre porque tuvo que tomarse una decisión política, fuera de mercado, para que la corrida se detenga. ¿O no?
Entonces lo que sí funcionó es el sistema de seguros que Caputo II concretó cuando el ex secretario del Ministerio de Economía Joaquín Cottani -el único economista del equipo- renunció convencido que "el plan Caputo" estaba condenado al fracaso porque ignoraba las reglas elementales de la economía, es decir, que no cuadraba en la lógica de ninguna teoría económica.
Esa renuncia, tal vez provocada, disparó una convocatoria que, tal vez, antes de ese evento no se pudo materializar. Digo que, tal vez, la renuncia de Cottani fue parte del programa. Es que, en ese momento, se incorporó el hombre clave de esta historia: J.L. Daza, ciudadano chileno que nunca antes de ahora fue residente en la Argentina, un famoso "trader" que operó durante años con el actual secretario del Tesoro. La conexión es de tal intimidad que generó un viaje de ese hombre más que importante en el planeta, a nuestra tierra que no figura entre los grandes jugadores, más allá de nuestra proverbial pedantería.
Ese viaje se coronó con la declaración pública de Bessent de que apoyaría a la Argentina en cualquier circunstancia que pusiera en peligro a la conducción económica ya que "atender a la Argentina" implicaba que "el programa estaba enfermo".
Cuando Caputo II, sin Daza, en la anterior gestión fue expulsado del gobierno, a pedido del FMI, durante el período Macri, el programa había fracasado y el ministro también.
Ahora estamos en el fracaso del programa y el rutilante éxito del ministro. La frase, imagino, de Bessent frente al grupete de amigos argentinos y chilenos, cultores de la Patria Grande fue la del título: déjame a mí.
Y sin más miramiento se produjo algo superlativo, inimaginable, el Tesoro a través de entidades locales vendió dólares, compró pesos. Dejame a mí. Ni una firma. Ni un programa. Puso el pecho. Y tiró con la munición más gruesa que uno pueda imaginar: los dólares crocantes que su economía produce.
Una verdadera obra maestra: antes de las elecciones. Después del derrumbe moral, de la patética sucesión de mentiras, de la evidencia de que "cárcel o bala" encerraba la estrategia de disimulo de alguien que ocultaba su proximidad a aquello que decía perseguir. "Dime de qué alardeas y te diré de qué careces". Un tipo con aire de matón, un duro, que no pudo resistir al cañonazo de los verdes de cara grande.
Esos verdes de cara grande suenan por todos lados. El abogado de Espert es también abogado de la Droguería y Milei. Spagnuolo se lo presentó Espert y Spagnuolo puede estar próximo a entrar como diputado, mientras Espert sale, lo de Libra se complica y una lluvia benéfica cambia el clima.
El dólar baja, antes de las elecciones: los que quieran salir salen. ¿Algunos entrarán?
Las fuerzas del cielo rescatan lo que era una catástrofe inevitable. Milei -a pesar de todo- puede ganar los votos suficientes como para disponer de los héroes que le garanticen seguir gobernando a fuerza de decretos y vetos. Puede ser. Esta sí es "la construcción de un milagro": el milagro Bessent que ha hecho posible lo que era absolutamente imposible.
Si no hubiera ocurrido, no me quiero imaginar el cimbronazo que todos habríamos sufrido. No ocurrió y las elecciones se llevarán a cabo con el mismo tipo de cambio y con la misma incertidumbre de ayer para el día después de las elecciones. Salvo otra noticia gigante. Que puede ocurrir.
El programa económico, más allá de cuál sea su objetivo, ha generado a lo largo de toda su vigencia condiciones óptimas para el negocio financiero del "carry trade". Carlos Pagni reveló que el mismo día aterrizaron en la Argentina, aunque en aviones diferentes, y pasaron por los despachos oficiales, Bessent en una nave oficial y el dueño del fondo Discovery, en un avión de L. Scaturicce.
Robert Citrone, "inversor internacional y amigo del ministro Caputo" (Infobae 27/1/24) al igual que Bessent trabajo con George Soros. Todo confluye. "Discovery" en 2023 ganó 48% en dólares. ¿Invierte en la Argentina? Dijo que valdría la pena hacerlo. Gente que especula...sobre seguro. Raro pero rendidor.
La conclusión de política económica es que el carácter y tal vez, la dimensión extraordinaria de la ayuda del Tesoro de EE. UU. al gobierno argentino, es la exacta medida del fracaso del programa económico de Caputo y Milei. No hay lo uno sin lo otro. El autor intelectual del programa de dolarización endógena (incumplido) es Caputo y el promotor de "alguna" dolarización fue Milei. Ninguna ocurrió y es una excelente noticia. Nada peor le podría pasar a la Argentina.
En 2023, doscientos colegas sostuvieron que "la dolarización de la economía es un espejismo que hay que evitar".
Un intento de dolarización formal sería una desacertada iniciativa de política para hacer frente a los complejos desafíos con que debe lidiar la economía argentina.
Aunque la promesa de contar con una moneda estable ha generado seguramente la esperanza de amplios sectores de la población castigados por la continua erosión del poder adquisitivo de sus ingresos, la experiencia internacional y la propia situación de nuestra economía indican que la propuesta (de dolarización) está lejos de ser una panacea y que, por el contrario, podría generar múltiples dificultades para nuestro desempeño inmediato y futuro".
A esta altura lo que para todos era un imposible, más allá de lo inconveniente, hoy -después de esta extraordinaria respuesta de EE.UU.- dejó de ser imposible. Queda el Parlamento. Pero, como dice D.Giaccomini, es una jugada posible en pos de la victimización. Todo está en el aire.
Lo único cierto es que nadie podrá argumentar que la descomunal iliquidez a la que nos llevó este programa puede ser catalogada como el éxito o como lo previsto.
Nadie pudo imaginar que el Tesoro de EE.UU. estaría comprando pesos argentinos a través de un banco local y de ese modo intervenir en el mercado cambiario para sostener que el valor del dólar no se escape del techo de la banda. Compra el Tesoro porque la capacidad del Gobierno está agotada. Y con esa presencia del gigante nadie se puede acercar a la puerta. Si Bessent insiste es obvio que gana. La pregunta es cuál de los posibles Bessent gana.
Evitando la disparada, seguramente los ciclistas, dadas las tasas pagadas, encuentran una pista asfaltada para acelerar la marcha. Los más temerarios pueden seguir apostando porque el futuro es promisorio. El carry trade ha sido y sigue siendo la gran verdad.
El concepto "los mercados" incluye enorme cantidad de posturas que celebran la llegada del "Séptimo de Caballería" o de "El Zorro", justo a tiempo. Algo que nada tiene que ver con "el mercado". A Milei lo salvó el Estado. El anarcocapitalista fue salvado por el Estado. Un Estado usado. Nadie es lógico hasta el final.
Hasta las elecciones seguiremos con este tipo de cambio, el nivel del tipo de cambio que las bandas definen, me refiero a "las bandas" como se llaman técnicamente a piso y techo de las cotizaciones y no a "las bandas" que frecuentó, a cambio de unos dólares, el "profe" Espert.
Felizmente, de verdad, la catástrofe no ocurrió gracias a que nuestro equipo tiene a mano esa relación única con un tipo de esos que ponen el pecho y le dicen al amigo protegido en peligro "dejame a mí". No siempre las cosas terminan ahí. Es mas, esto está por empezar. Y esto sí que es absolutamente nuevo, una solución tan extraña que se puede resumir en "dejame a mi". Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar