En un despacho amplio, con la estética minimalista de una empresa tech, Darío Nieto acomoda un par de sillas y ofrece algo para tomar con la misma informalidad con la que se mueve entre los mundos de la política, la tecnología y las redes sociales. Nieto fue durante cuatro años el secretario privado de Mauricio Macri entre 2015 y 2019 y en la actualidad es legislador porteño y jefe de bloque de Vamos por Más, la alianza en la Ciudad de Buenos Aires entre el PRO y la Coalición Cívica. Esta alianza de cara a las próximas elecciones legislativas del 18 de mayo va partida, y Nieto ocupa el cuarto lugar en la lista del PRO encabezada por Silvia Lospennato. Nieto es la figura que más diálogo mantiene con Macri dentro de esa nómina.
En su oficina se trabajan leyes y también se graban videos. En paralelo a su rol legislativo, Nieto montó un pequeño estudio de streaming en la Legislatura porteña. La idea nació el año anterior, con grabaciones más improvisadas en estudios ajenos. Aquello que parecía en sus inicios un experimento encontró cuerpo propio cuando decidió invertir alrededor de "$800.000 en luces, micrófonos y cámaras", aclara, restando importancia al monto. Nieto conduce las entrevistas de los episodios de su ciclo de YouTube, #AcaHayData, en la búsqueda de captar el costado político de temas como inteligencia artificial, blockchain y criptomonedas.
Se define como disruptivo dentro del ecosistema político. Tiene movimientos de pez en el agua en Instagram, TikTok, Twitter. Lo que llama "comunicar como se comunica hoy". Uno de sus videos más virales fue un sketch con la cara de Mick Jagger intervenida por la IA. "Quería mostrar cómo la IA ya nos cambia el día a día, y cómo nos va a cambiar todavía más", explica. En su canal conversó con Santiago Siri, Melina Masnatta, Augusto Salvatto y el médico tecnólogo Diego Pereyra, para explorar cómo la tecnología impacta en áreas de la educación, la salud y la economía.
En una charla reciente que llegó a mantener con Sam Altman, creador de ChatGPT, Nieto discutió sobre el futuro de la educación. Según Altman, cada persona tendrá desde su nacimiento una IA personalizada, que guiará su aprendizaje detectando talentos y corrigiendo debilidades. Esta visión, dice Nieto, refleja la enorme brecha entre la política tradicional argentina y la aceleración de los avances tecnológicos. ¿De qué hablamos en Argentina y de qué precisamos estar hablando? Nieto apunta contra una brecha dentro de otra.
"Es una locura que la política y el Estado sigan siendo iguales que en 1950", afirma. Cuando habla de "hackear el Estado", Nieto no se refiere a nada clandestino o anárquico, sino a una transformación profunda a través de la tecnología. "El Estado fue diseñado para un mundo mucho más estructurado, burocrático y menos cambiante", sostiene, mientras describe con convicción cómo el mundo del trabajo pasó de carreras lineales a empleos breves, dinámicos, en los cuales la capacidad más valorada es la adaptación al cambio. "Hoy los pibes quieren picar dos años, aprender y moverse". Esa agilidad, insiste, debería reflejarse en la gestión pública.

Nieto también escribe. Publicó columnas en Infobae, Clarín, La Nación y Seúl. Una de las más visibles cuando se busca su nombre en Google News, es la del "Sindicato Único de Youtubers", en la cual plantea la necesidad de generar mecanismos de convergencia para que freelancers y startups puedan ingresar dólares al país legalmente y a valor de mercado, no según el criterio arbitrario del Estado. Recuerda la época del gobierno de Alberto Fernández, cuando la brecha cambiaria llevó a muchos a trabajar en negro o en cripto para evitar perder la mitad del valor de sus ingresos. Con la reciente liberación del cepo, la situación debería mejorar, aunque reconoce que "de ahí a que funcione de verdad hay una distancia".
La estructura laboral argentina, según Nieto, sigue siendo obsoleta. "Seguimos rigiéndonos por leyes de 1950", dice, contrastando la inmediatez digital de servicios como Rappi, Uber o Netflix con la lentitud burocrática del Estado. Para él, muchas democracias fracasan porque el Estado no logra adaptarse al ritmo de la sociedad moderna.
—¿Te llamó la atención el hecho de que en Inglaterra Uber reconozca un sindicato y ofrezca beneficios como vacaciones pagadas a sus conductores, algo que en Argentina todavía parece lejano? —le pregunta El Economista a Nieto.
—Uber lo que trata de hacer es adaptarse a los tiempos que corren. En este mundo tecnológico que estamos viviendo, el capital humano es muy requerido y se paga muy bien. A los pibes que entienden de estos temas se los llevan rapidísimo y hay una pelea grande entre las empresas para llevárselos. Hay que ver cómo se logra que esos pibes elijan una empresa y no la competencia. Y no es solo plata. Hoy en día, para muchos jóvenes, hay algo muy fuerte en el disfrute diario. Beneficios de trabajar desde casa o desde donde se quiera, o beneficios para viajar. Está muy instalado el tema del disfrute del presente. Y está bien, no lo cuestiono. Igual todos nos vamos al cajón sin nada. Hay una competencia entre las empresas por ver qué beneficios se les ofrecen a los pibes para que elijan una u otra.
Nieto viene de una familia porteña típica de clase media. Su padre fue panadero antes de convertirse en canillita en Lafinur y Las Heras, frente a Plaza Italia; su madre es psicóloga formada en la UBA. Su abuelo paterno, español, llegó a Argentina sin patrimonio de ningún tipo y se insertó en el mundo de la panadería, mientras que su abuela materna trabajó como empleada doméstica. "Mis viejos no se dedicaron a hacer plata, sino a disfrutar y vivir el día a día", resume Nieto. Este origen le marcó una visión del mundo donde lo material no es lo prioritario. "Hoy la juventud no está para acumular bienes materiales. Va por otro lado", sostiene.
Estudió Ciencia Política en la UBA, después de un breve paso por el teatro con Lito Cruz, reconocido actor y director de escena, con quien estudió durante dos años mientras intentaba ser actor. "Fracasé", reconoce, aunque asegura que esa experiencia le sirvió para desenvolverse mejor en público. Nieto quizá nunca abandonó del todo el sueño de la cámara.
Su ingreso al ámbito público fue modesto: en 2008 entró como cadete en el Consejo de Derechos del Niño en la Ciudad. Ahí estuvo hasta 2010. Ése fue su primer destino en el gobierno porteño, y desde entonces no dejó de moverse. Fue cuando empezó a meterse de lleno en el PRO. Paralelamente, su paso por la Facultad fue más bien áspero: lideró una agrupación llamada "Pro Sociales" que apenas sacó un dos por ciento en las elecciones estudiantiles. En 2010, en plena toma del edificio, lo insultaron, lo escupieron, y hasta le tiraron una pizza en la cara. "Siempre agradezco a la Facultad, me dio mucha calle y perdí el miedo a muchas cosas", dice.
Después del Consejo, saltó a la Dirección de Juventud, donde trabajó con Francisco Quintana. "Hacía de todo, hasta de chofer", recuerda. Quintana todavía no era legislador, pero ya apuntaba alto. Nieto se convirtió en su asistente de confianza. De ahí vino el puente hacia Marcos Peña, figura clave para entender el ascenso de Nieto.
"Fran me presentó a Marcos, fue entre 2012 y 2013. A Marcos lo reconozco como uno de los tipos más brillantes que conocí", cuenta. Ese vínculo fue su trampolín. Tras su paso por Juventud, Peña lo llevó a la campaña nacional de 2013, donde trabajó para el "Colo" Mac Allister en La Pampa. El objetivo era difícil: romper el bipartidismo histórico entre peronistas y radicales. Lo lograron.
Después vino Córdoba, donde diseñó la campaña de Oscar Aguad a gobernador. El salto a Nación fue en 2015, cuando lo nombraron jefe de campaña de Gabriela Michetti. Al ganar Macri, Nieto esperaba destino. Lo llamaron a Uspallata, sede del gobierno porteño. Primero Marcos Peña. Luego, Mauricio Macri. Así recuerda Nieto ese momento:
—¿Cómo fue ese encuentro?
—Mauricio me dice: "¿Vos sos Darío, no? Quiero que seas mi secretario privado". Y yo, nervioso, le contesto: "¿Y qué hace un secretario privado?". Me respondió: "No sé, averigualo". Salí convencido de que me había echado.
Era 2015. Tenía 30 años. Desde entonces, su rutina fue la del Presidente. "Me levantaba, iba hasta Olivos, lo buscaba, y arrancábamos el día: helicóptero, actos, viajes. A China, Japón, Israel. Creo que visité 36 países. Era como un curso intensivo de poder", dice. Y aclara: "Mauricio no te interrumpe nunca. Eso te pone más nervioso. Te mira fijo con esos ojos celestes. Es un tipo que te escucha de verdad". Acompañó a Macri durante todo su mandato. Su día podía empezar en Olivos y terminar en Jujuy, en la Rosada o en Japón. Coordinaba viajes, eventos y la logística presidencial. "Fernando de Andreis, que era secretario general de la Presidencia, se encargaba de la estrategia; yo estaba en la diaria de Mauricio".
Con el tiempo, además del rol de secretario privado, asumió la Secretaría de Asuntos Presidenciales: flota, unidad médica, audiencias, logística internacional. Era el engranaje fino del día a día presidencial.

—¿Y con Macri, cuán seguido hablás ahora?
—Dos, tres veces por semana. Y lo veo una o dos veces también. Hablamos mucho. Mauricio está en Acassuso. Tiene su oficina en Vicente López.
—¿Qué recordás como lo mejor y lo peor del trabajo como secretario privado de Mauricio Macri?
—Lo mejor fue ver cómo se maneja el poder en la Argentina. Mejor que ir a Harvard. Cómo se toman las decisiones, cómo son las relaciones. Lo peor es lo que se genera a tu alrededor. Intereses, gente que se te acerca por algo. Por eso, para mí, mis amigos de la escuela y el fútbol son todo. Mis amigos no hacen política. A la noche no me vas a ver en una rosca. A mí dame Netflix, cena rica y a dormir. El macrismo tiene algo muy sano: no hacer política de noche. Lo mataron a Mauricio cuando dijo lo de cortar a las siete. ¡Mentira! Cortábamos ocho y media. Ya son doce horas de laburo. Y si liderás un país, necesitás la cabeza fresca.
Nieto vivió el vértigo del G20: estuvo en las cumbres de Japón, China, Alemania y Argentina. Cenó con líderes como Putin, Xi Jinping, Obama y Trump, en cenas protocolares con vajilla pesada, arreglos florales elegantes y discursos cronometrados. En Washington, durmió en la Blair House, la residencia oficial para visitas de Estado que se encuentra justo frente a la Casa Blanca. En Europa, conoció palacios reales por invitación de Máxima Zorreguieta en Ámsterdam y del rey Felipe VI en Madrid.
—¿Cómo evaluás el giro diplomático de Macri, que pasó de cultivar un vínculo cercano con Obama a mostrarse alineado con Trump?
—Es parte de la practicidad. No se defienden los intereses de otro país, se defienden los de Argentina. Si eso implica llevarse bien con Obama, con Trump o con Putin, hay que hacerlo. La ideología en política exterior es el bienestar del pueblo argentino.
Nieto vive en una casa adquirida con un crédito hipotecario UVA del Banco Nación. "Los UVA funcionaron. Es tu casa, y al final pagás menos que un alquiler", sostiene. Desde la campaña, impulsa una propuesta concreta: un plan de créditos hipotecarios accesibles para menores de 35 años en toda la Ciudad, con tasas del 3,5%. "Es impresionante, pagás lo mismo que un alquiler y la casa es tuya", repite.
A finales de 2019, cuando se apagaban las luces del gobierno de Mauricio Macri, Darío Nieto vivió un final abrupto, sin red. "Fue durísimo", dice. Y no hace falta preguntarle por qué. Habían sido diez años de trabajo, primero como asesor, luego como secretario privado del Presidente. Desde el 10 de diciembre de 2015, había estado ahí: en helicópteros y cumbres, en Olivos y Japón. Y de repente, el vacío.
"Sentís que el proyecto por el que luchaste tanto tiempo se termina", dice ahora. La derrota en las PASO de 2019 fue un golpe inesperado. Hasta ese momento, argumenta, había signos de recuperación económica: "La economía venía creciendo. Estábamos empezando a dar la vuelta". Y añade, con una mezcla de ironía y melancolía: "Hoy veo los números de esa época del dólar, de la inflación, y pienso: hoy seríamos Finlandia, ¿entendés?".
Pero no hubo Finlandia. Hubo una pandemia.
Su hijo Enzo, bautizado así en honor al líder millonario Enzo Francescoli, nació en marzo de 2020. Diez días después, Argentina entró en confinamiento. Y apenas tres meses más tarde, en junio, la policía irrumpía en su casa con una orden de allanamiento. "Me inventan una causa por espionaje ilegal", explica. "Caen con 28 mil policías en plena pandemia, cuando nadie podía encontrarse. Y allanan también la casa de mis viejos, donde no vivo hace 25 años".
Los agentes, cuenta, venían de narcóticos. "No sabían ni qué hacían conmigo. Me decían: 'Nosotros estamos acostumbrados a entrar a villas a patear puertas'. Uno me dijo: 'Flaco, pensé que íbamos a encontrar un Mercedes'. Y cuando vieron mi auto, se reían. 'Esto es una cama', me dijo otro. 'Yo voté a Macri', me confesó uno, textual".
Lo sucedido fue, según su mirada, una puesta en escena. Y se dio cuenta de la magnitud cuando lo detuvieron junto a la casa de sus padres, en un estacionamiento. "Decían que no me quería bajar del auto. Mentira. Salí a dar la cara porque sentí que no tenía nada que esconder".
La causa pasó luego a Comodoro Py, donde le dictaron falta de mérito.
—¿Y por qué contás esto ahora?
—Porque tuve que salir a explicar quién soy. Nunca había hablado en público. Siempre trabajé desde atrás. Le decía a Mauricio por dónde ir, cómo encarar la comunicación. Y él me escuchaba. No siempre hacía lo que proponía, pero daba la oportunidad de debatir.
Uno de esos debates, recuerda, fue sobre la despenalización del aborto. "Yo estoy a favor. Él no. Pero me dejó explicarle por qué lo estaba. Tuvimos ese diálogo".
2020 fue su año de exposición. El año en que dejó de ser el que organizaba detrás de escena para convertirse, por primera vez, en el que habla frente a cámara. Volver a sacar esa chispa que había aprendido en las clases de teatro. Y ese impulso lo llevó, un año más tarde, a presentarse como candidato: "Fui candidato a legislador por primera vez. Desde mis temas: tecnología, inteligencia artificial, blockchain, cripto".
Ganaron. En todo el país. En la provincia de Buenos Aires, en Córdoba, en Santa Fe. El mapa se tiñó de amarillo. "También porque el gobierno de Alberto fue un desastre", asevera. Y hasta ese momento, dentro de Juntos por el Cambio, había una certeza compartida: Horacio Rodríguez Larreta sería el próximo presidente. "Todo el mundo lo pensaba", dice.
—¿Puede afectarle a Adorni la posibilidad de no ir al debate entre candidatos televisado?
—Los libertarios en la ciudad están atravesados por una disputa de poder planteada por Karina Milei. Y no es solamente electoral. Fui jefe de bloque todo el año pasado y, lamentablemente, han votado en contra de leyes fundamentales para la ciudad que le hacen muy bien a los ciudadanos. Por ejemplo, el código urbanístico, presupuesto y simplificación.
—¿Y cuántos legisladores tienen ustedes en Vamos por Más?
—Ahora está todo muy dividido. No llegamos a quórum. El código urbanístico lo aprobamos con el radicalismo, Confianza Pública, el socialismo, con Marra y con Yamil Santoro. Llegamos a aprobarlo con 31 votos, justos. Sin los libertarios de Karina y sin el peronismo, y sin los tres legisladores de Patricia Bullrich que se fugaron del PRO hacia LLA. Nosotros, del PRO, somos nueve diputados nada más, y para sacar una ley se necesitan, de mínima, 31, la mitad más uno del total del recinto.
Detrás de no dar quórum hay una lógica de destrucción del PRO. Aunque el problema que no ven —o no quieren ver— es que, al querer destruir al PRO, terminan jodiendo a los porteños. Nos había pasado históricamente con el kirchnerismo que, por jodernos a nosotros, afectaba a los porteños. Un ejemplo es la quita de coparticipación.
—¿Cómo definirías el momento actual del PRO en la Ciudad? ¿Considerás que se puede hablar de un intento por "defender Macringrado"?
—El PRO siempre fue efectivo en la Ciudad. Más si se piensa lo que era la ciudad antes de que llegara Mauricio. Y nosotros siempre bancamos a los porteños. Ahora, con los libertarios, sentimos que pasa algo parecido a lo que nos pasaba con los kirchneristas. Que por jodernos a nosotros, se llevan puesto en el medio a todos los porteños.
¿Qué van a decir los legisladores libertarios con esta deuda que hay de US$6.000 millones de la coparticipación? Esos US$6.000 millones pueden servir para hacer dos líneas de subte.
—Según algunos consultores, la ciudad tiene un superávit fiscal de alrededor de US$2000 millones. A la par, en el presente, la ciudad registra un récord de 30% de pobres, el pico más alto desde que se mide, y hay 4500 personas en situación de calle. ¿Es factible poder destinar recursos concretos a paliar esta situación?
—Las políticas macro de Milei generan eso, que a mi entender eran necesarias después del gobierno de Alberto Fernández y Sergio Massa, que fue un desastre.
Y lo segundo, también está la gestión de Kicillof en la Provincia, que es un desastre. Porque si se mira la gestión en seguridad, es muy mala. De hecho, de los 14 efectivos muertos de la Policía de la Ciudad este año, 13 fueron en la Provincia de Buenos Aires, cuando volvían a sus casas.
Asimismo, hay tres grupos de personas que duermen en la calle. Uno es el que se quedó sin laburo hace poco, que lo primero que necesita es una reinserción laboral lo antes posible.
Otros son los que tienen algún tema de salud mental, que eso es más complejo, y para eso está el SAME y los dispositivos de salud mental. Y el tercero están vinculados a situaciones de violencia, que eso directamente tiene que ver con la Policía de la Ciudad. Cada persona en situación de calle tiene una problemática distinta, y la vía pública no es un lugar para dormir.
—¿El desgaste del macrismo en la Ciudad es más fuerte por derecha (La Libertad Avanza) o por izquierda (peronismo con Santoro)?
—Nosotros estamos donde queremos estar y donde siempre estuvimos. Por un lado, está el candidato del peronismo, que es Leandro Santoro, que es una especie de nuevo Alberto, le cambian el sombrero y es lo mismo.
Un tipo que es radical, pero no se reconoce como radical. Dice que está con el peronismo, pero tampoco le gusta mucho decir que es peronista, ni mucho menos kirchnerista. De hecho, esconde a los candidatos del kirchnerismo, como el Pitu Salvatierra.
Y del otro lado, hay una lista puramente armada por Karina Milei encabezada por un candidato vocero que no quiere ser candidato, vueltero y poco conocedor de la ciudad. Y después, si se desgrana la lista, en la mayoría de los casos no hay una persona que tenga una opinión sobre la ciudad.
—¿La estrategia es criticar más a Adorni o a Santoro?
—Nuestra estrategia es tratar de escuchar a los vecinos y comunicarnos directamente con los porteños. Pongamos legisladores que puedan votar a favor del financiamiento para el subte de la línea F. ¿Vamos a poner a todos kirchneristas que votan en contra de todo? ¿Vamos a poner libertarios que votan en contra por interés político partidario y por beneficio personal? Se va a complicar.
—¿Qué tan sólida es en este momento la base electoral del PRO en CABA? ¿Hay una fuga de votantes?
—Lo vamos a ver el 18 de mayo. Soy súper optimista. Los porteños van a tener en cuenta nuestros años de gestión, todo lo que se hizo en este tiempo en el gobierno, y también los proyectos para el futuro. No es un tema de fuga de votantes. El voto es personal. Y en un mundo cada vez más descentralizado ya no existe el votante cautivo. El voto es persona a persona.
—¿Considerás que pueden salir primeros?
—Sí, por supuesto. Pero aparte porque nunca quiero que el kirchnerismo gane en la ciudad. Y desafortunadamente hoy en día los libertarios son funcionales a que gane el kirchnerismo en la ciudad. Lamento que no hayamos podido tejer un acuerdo con los libertarios. Me hubiera gustado porque más allá de algunas diferencias compartimos el modelo macroeconómico. Y además, la sociedad está cansada de ver políticos pelearse. A nivel nacional nosotros apoyamos lo que teníamos que apoyar.
—¿Cómo fue recibido el armado de la lista dentro del propio espacio? ¿Lograron apaciguar internas?
—Hoy en el espacio no veo internas. El PRO tiene una propuesta sólida en su lista, con diferentes perfiles. Una propuesta de futuro clara, con una gestión histórica que funciona en la Ciudad de Buenos Aires. Y ser el PRO, bien amarillo, es algo que también necesitamos todos los que nos sentimos representados en el PRO.
—Leandro Santoro viene planteando que el gobierno de la Ciudad contrata empresas que hoy no están funcionando bien porque nadie las controla. Más allá de la acusación de que son empresas de amigos, ¿considerás que puede haber un problema real en el funcionamiento de esos contratistas? ¿Hay falencias en los servicios que le prestan al gobierno de la Ciudad?
—Creo que el ejemplo que él pone es el de la basura. Te cuento tres formas de control que tiene hoy la recolección de residuos. Una: cada camión tiene un sistema de traqueo que indica cuál fue su recorrido y cuántos tachos levantó, incluso con cámara incluida. Dos: hay personas ubicadas en distintos puntos de la Ciudad, con apoyo de los comuneros, que verifican si el camión pasó o no, y reportan en caso de que no lo haya hecho. Tres: estamos incorporando inteligencia artificial en los camiones para que informen automáticamente cómo limpiaron, no solo si pasaron, sino cómo levantaron el contenedor y si quedó limpio abajo. Esas son tres formas distintas de control, puntualmente en el tema de la basura, y lo mismo pasa en cada área que Santoro cuestiona. Control claramente hay, no hace falta más.
—¿Cómo evaluás la idea de que las familias puedan calificar la comida que se sirve en los colegios? Si el servicio no es bueno, ¿no podría eso ayudar a corregirlo o a cambiar de proveedor?
—Se puede evaluar, sinceramente. Aunque las viandas que se arman en las escuelas de la Ciudad cumplen con los requisitos nutricionales. Está definido qué necesita un chico para estar bien nutrido durante la semana, y se planifica en base a eso. No se arma al tun-tun.
—¿Tienen pensado encarar algún tipo de transformación urbana en la Villa 31? Al ser Buenos Aires una de las ciudades más ricas del país, ¿no debería estar en condiciones de avanzar con proyectos de integración urbana más ambiciosos, como se hizo en el playón de Chacarita, construyendo viviendas nuevas y planificando una reubicación progresiva de las familias?
—La discusión sobre la Villa 31 siempre implica un tema federal. Ahí hay una cuestión puntual con Nación que hay que ver cómo se resuelve.
—¿Y Nación no puede colaborar?
—Eso forma parte de la discusión sobre la autonomía. Con Nación hay que discutir muchas cosas que hoy en día no se están discutiendo. Coparticipación, por ejemplo: US$6.000 millones en deuda que podrían usarse para hacer tres líneas de subte.
—¿Esos US$6.000 millones son los que el gobierno de Alberto Fernández le quitó a la Ciudad y que después la Corte Suprema reconoció que le correspondían?
—Exactamente. Hoy en día están devolviendo lo que corresponde mes a mes, pero sobre la deuda anterior (el retroactivo) no pasa nada. Hoy están cumpliendo con lo del presente, con el día a día.
—Santoro señala en algunos videos que los presupuestos oficiales de algunas plazas porteñas parecen desproporcionados en relación con lo que realmente se ejecuta. Por ejemplo, según vecinos, en la Plaza Félix Lima, en Núñez, el cartel indica un costo de más de 750 millones de pesos, pero solo se está interviniendo un tercio del espacio. ¿Cómo se justifica ese presupuesto en ese caso?
—Todas las licitaciones son públicas. Si Santoro encuentra algún delito ahí, que me avise y lo acompaño a denunciarlo públicamente, entre los dos. Si él dice "acá se llevaron tanta guita", perfecto, Leandro, vamos y lo denunciamos juntos. Después, hay que ver qué hay detrás de eso, porque es muy casuístico. Hay que ver, caso por caso, qué implica esa plaza. Qué sistema de juegos tiene, qué sistema de riego. Hay que ver la situación de forma integral, porque ir a hacer denuncias sin información, parándose en cualquier lado y contando solo una parte de la realidad, es fácil. Pero, de nuevo: es todo público, transparente, no hay nada raro. Y si Santoro encuentra algo raro, vamos juntos y lo denunciamos.
