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Curar lo que no está enfermo: el peligro de las terapias de conversión

Buenos Aires no sólo es sede de marchas del orgullo que atraen a miles de personas cada año sino que también ha promovido legislaciones que son un ejemplo para el resto del país y la región.

Estas prácticas surgieron bajo la falsa creencia de que la diversidad sexual era una condición patológica que necesitaba corrección.
Estas prácticas surgieron bajo la falsa creencia de que la diversidad sexual era una condición patológica que necesitaba corrección.

En América Latina, las terapias de conversión —prácticas que buscan modificar la orientación sexual o identidad de género de las personas— siguen siendo un desafío a los derechos humanos. Aunque ampliamente condenadas por la comunidad médica y psicológica internacional, estos procedimientos persisten en varios países de la región, en parte debido a prejuicios sociales, religiosos y la falta de regulaciones claras.

De acuerdo con el informe de ILGA Mundo "Poniendo límites al engaño", las llamadas "terapias de conversión" son esfuerzos sistemáticos que buscan cambiar la orientación sexual, la identidad o la expresión de género de una persona, generalmente con el fin de hacerlas conformar con normas heterosexuales y cisgénero. 

Estas prácticas surgieron bajo la falsa creencia de que la diversidad sexual era una condición patológica que necesitaba corrección.



En Argentina, el avance hacia su prohibición ha sido significativo, con leyes como la N° 26.657 de Protección de la Salud Mental, sancionada en 2010. Esta ley, en su artículo 3°, prohíbe diagnósticos basados en la orientación o identidad sexual de las personas. A pesar de este marco normativo, aún existen terapeutas, clínicas de salud mental y hasta espacios religiosos que buscan "curar" a personas que se identifican como parte del colectivo LGBTIQ+, ofreciendo soluciones para una condición que no tiene base científica ni requiere tratamiento.

Si bien parece innecesario aclararlo, es útil recordar que en 1973 la homosexualidad fue eliminada del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, y en 1990 de la lista de enfermedades mentales de la Organización Mundial de la Salud. La despatologización de la homosexualidad y el lesbianismo dejó claro que ninguna de estas identidades es una enfermedad y, por lo tanto, no hay nada que "curar".

Estas prácticas tienen efectos extremadamente nocivos en la vida de las personas. Las secuelas emocionales de las terapias de conversión son devastadoras, desde la destrucción de la autoestima hasta profundas depresiones y tendencias suicidas. Son pocas las personas que logran sobrevivir a estas prácticas, lo que convierte la prohibición de estas terapias en una obligación moral y legal.



En países como Brasil y Ecuador, ya existen prohibiciones claras, pero el camino ha sido difícil, ya que muchas veces estas terapias se realizan de manera clandestina, bajo el amparo de instituciones religiosas o centros de "rehabilitación". 

  • En otras naciones de la región, como México y Perú, las leyes que prohibirían estas prácticas están en debate, enfrentando una dura oposición de sectores conservadores.

El progreso en la región es evidente, pero la resistencia también es fuerte. Enfrentamos una lucha cultural que exige no solo legislar, sino educar y sensibilizar sobre la importancia de respetar la diversidad sexual y de género. El enfoque debe ser preventivo y que incluya que las políticas educativas fomenten espacios de tolerancia de la diversidad y la convivencia desde la escuela. Las legislaciones en Argentina deben servir de modelo para otros países y ser actualizadas constantemente para cubrir cualquier vacío legal que permita que estas terapias continúen.

En el ámbito internacional, organismos como la ONU y la OEA han hecho llamados urgentes para la prohibición total de las terapias de conversión, reconociéndolas como una forma de tortura.



La Ciudad de Buenos Aires como ejemplo y epicentro del movimiento LGBTIQ+

La Ciudad de Buenos Aires es pionera en América Latina en la lucha por los derechos de la comunidad LGBTIQ+. Como epicentro de las movilizaciones y cuna de grandes avances en materia de igualdad y diversidad, la Ciudad ha sido fundamental en la construcción de una cultura de inclusión. 

  • Buenos Aires no solo es sede de marchas del orgullo que atraen a miles de personas cada año, sino que también ha promovido legislaciones que son un ejemplo para el resto del país y la región.

En consonancia con esto es que acompañamos el proyecto del Legislador Emmanuel Ferrario para prohibir las terapias de conversión en la Ciudad junto a legisladores de diferentes bloque. Es fundamental que temas como estos trascienden las diferencias políticas y nos encuentren juntos.

Desde la Comisión de Mujeres, Géneros y Diversidades, trabajamos activamente para garantizar que esta ciudad siga siendo referente en la protección de los derechos humanos y en la lucha contra todas las formas de discriminación. No podemos permitir que las terapias de conversión, una forma brutal de violencia, tengan lugar en una ciudad que se ha destacado por abrazar la diversidad. 



Abordar este tema es fundamental para seguir consolidando una Buenos Aires inclusiva y comprometida con la igualdad.

Conclusión

Las terapias de conversión no sólo carecen de evidencia científica, sino que además producen efectos devastadores en quienes las padecen. Los sobrevivientes de estas prácticas frecuentemente enfrentan secuelas graves como la destrucción de su autoestima, profundas depresiones y, en los casos más trágicos, intentos de suicidio. 

Enfrentar las terapias de conversión no es solo una cuestión legal, sino un llamado moral para nuestra sociedad. Las leyes pueden prohibir, pero el cambio real radica en la aceptación plena de la diversidad sexual y de género. Como legisladores y como sociedad, debemos comprometernos a erradicar cualquier forma de violencia que busque controlar o reprimir la identidad de las personas. 



El futuro de una América Latina libre de estas prácticas dependerá de nuestra capacidad de avanzar en legislación y conciencia social, construyendo un mundo más justo y respetuoso con las identidades diversas.

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