El domingo 7 de septiembre, la provincia de Buenos Aires volvió a las urnas en un escenario marcado por el desdoblamiento electoral, la suspensión de las PASO provinciales y la instalación de una polarización artificial, sostenida tanto por el gobierno nacional y provincial como por analistas y consultores de opinión. Por un lado, el oficialismo nacional apeló al presunto miedo al retorno del kirchnerismo como relato ordenador, mientras el oficialismo provincial supo capitalizar ese temor en clave territorial, aprovechando el aceleramiento de la crisis libertaria.
Por otro lado, los analistas de opinión —que en 2023 decretaron el "reseteo" del sistema político argentino y celebraron el ingreso a una era pos-bicoalicional— ahora vuelven a presentar el escenario como una disputa binaria entre oficialismo de derecha y oposición peronista, como si el colapso del dispositivo binario no hubiera dejado huellas ni señales.
Lo cierto es que no existe "la oposición" como bloque homogéneo, sino una constelación fragmentada de sectores en disputa, algunos de los cuales —al menos tres— lograron ingresar al Congreso bonaerense. La elección legislativa de medio término no define presidencias ni liderazgos, sino correlaciones de fuerza: es el momento donde se negocia, se frena, se convalida o se posterga lo ya decidido.
En ese marco, la performance de Fuerza Patria se ve magnificada por el desplome de la Alianza LLA-PRO, pero no implica una expansión territorial ni una adhesión ideológica consolidada. Las elecciones provinciales, incluso en Buenos Aires, responden a lógicas propias, muchas veces desconectadas del tablero nacional, y con escasa incidencia directa en la distribución del poder real.
En efecto, la campaña comenzó con una apelación explícita del oficialismo nacional a aquella estrategia proselitista binaria, con el lema "Kirchnerismo Nunca Más" (impreso en la tipografía del informe de la CONADEP), en un sobregiro simbólico que banalizó el paradigma de Memoria, Verdad y Justicia y convirtió el marketing en provocación performativa.
Por el otro, el oficialismo provincial usufructuó esa divisoria, borrando opciones secundarias y transformando la elección en un plebiscito territorial, donde el contraste entre gestiones funcionó como escudo, no como horizonte de futuro. Pero lo que se instala no es una consolidación, sino una ilusión: Fuerza Patria no creció, sobrevivió. Y su triunfo se magnifica en contraste con el desplome de la fallida Alianza LLA-PRO.
A su vez, debería llamarnos la atención la lectura apresurada del mapa preelectoral que, desde fines del año pasado, instalaron muchos analistas y consultores de opinión. Ellos mismos, en 2023, habían caracterizado el triunfo de Milei como una ruptura fundacional, comparándolo con un "meteorito" que habría pulverizado el bicoalicionismo.
Las encuestadoras, en su mea culpa público, habían reconocido que sus herramientas estaban desfasadas frente a la complejidad del electorado. Pero en la Argentina pos-2023, ese colapso metodológico no produjo una refundación, sino una restauración. Y en esa restauración, muchos analistas no operaron como intérpretes del nuevo escenario, sino como agentes de normalización política de un fenómeno anómalo.
Reinstalaron una lógica binaria, sustentada en el anacrónico par peronismo-antiperonismo, cuyo segundo polo incluye —paradójicamente— a figuras como los Menem: representantes de la casta reciclada y herederos del gobierno peronista más longevo desde la muerte de Perón. Este dispositivo binario forzado y obsoleto no organiza el conflicto, sino que lo distorsiona, clausurando opciones emergentes y reconvirtiendo el voto táctico en falsa adhesión.
Ajuste, corrupción y tarot: una campaña que marchó al compás del hit "Alta coimera"
Aquí es clave señalar el impacto de las denuncias de corrupción que pesan sobre Karina Milei, hermana del primer mandatario y Secretaria General de la Presidencia, apodada "El Jefe", cuyo poder se ha tejido en torno a la opacidad institucional, el silencio público y un blindaje afectivo que opera como escudo narrativo. Aunque muchos remarcan con sorna que su única formación es como repostera y tarotista, lo cierto es que Karina no solo baraja el mazo del poder: es la arquitecta del armado electoral nacional de La Libertad Avanza y responsable directa de decisiones políticas estratégicas.
En ese proceso de construcción partidaria, "El jefe" impuso la estrategia de la pureza como dogma innegociable. Sin expertise en la materia y con el mero beneplácito de su hermano, diseñó un esquema de absorción individual, con el objeto de blindar la marca, evitar la contaminación ideológica y la negociación constante con aliados coyunturales.
En un comienzo -cuando la estrategia orquestada daba aparentes buenos resultados- muchos pensaron que detrás de ese perfil bajo había un talento oculto, una genialidad incomprendida, cuyo silencio era cálculo, cuya ausencia de discurso era una forma sofisticada de poder, cuya estrategia de pureza —extrema, dogmática, innegociable— era una jugada maestra.
La lógica era simple: si el armado libertario funcionaba, entonces Karina debía tener un don, una intuición, una capacidad de lectura política que no necesitaba palabras. Pero, al poco tiempo, empezó a notarse que se trataba de una figura deslucida, sin dotes de oratoria ni ductilidad política. Efectivamente, el poder en Argentina recae sobre un personaje sin labia, sin retórica, sin escena, sin legitimidad electoral, que no podría sostener ni una lectura de cartas, pero sostiene la lapicera del poder, decidiendo sobre candidaturas, alianzas y estrategias nacionales.
De todos modos, si bien LLA consiguió formalizarse como fuerza nacional, no logró dotarse de organicidad ni desarrollar anclaje territorial. Como marca, terminó siendo un dispositivo político-electoral fallido. Ayer, Milei reconoció la derrota y la atribuyó a falencias en la rosca política, como si no fuera Karina —la pastelera del armado— quien la amasa junto a Pareja y a los Menem, la casta por antonomasia. Efectivamente, el silencio de Karina dejó de parecer cálculo y empezó a exhibirse como vacío.
La estrategia mostró fisuras desde las provincias que adelantaron comicios (vg. Santa fe, Corrientes), y en Buenos Aires —madre, no hermana, de todas las batallas— el desplome fue evidente. Lo que se descompone no es solo una fuerza, sino una forma de hacer política basada en el insulto, el marketing y el esoterismo. Si el futuro lo decide Karina, estamos en manos de una pitonisa sin brújula, que baraja corrupción y reparte ajuste, mientras el mapa electoral le devuelve un espejo roto.
Desaceleración y debacle del apoyo gubernamental
A medida que se acercaban las elecciones, el oficialismo comenzó a enfrentar una caída en las encuestas y episodios de violencia en actos públicos. La narrativa del "enemigo kirchnerista" empezó a perder eficacia frente a problemas concretos (inflación persistente, cierre de fábricas, caída del consumo, parálisis de obra pública, etcétera).
El oficialismo sobregiró su campaña porque no podía mostrar atributos propositivos; no exhibió una narrativa de futuro, solo una de negación. Puede ser que el "Nunca Más" haya sido la última intentona fallida de sostenimiento de una épica ya diluida. En este marco, el escándalo de las coimas de la pastelera fue la frutilla del postre, que no hizo más que profundizar el malestar ciudadano y exacerbar la indignación popular.
Finalmente, en la elección bonaerense del domingo 7 de septiembre -con una asistencia un poco superior al 60%- el oficialismo provincial se impuso con el 47,28% de los votos; el oficialismo nacional obtuvo el 33,71%; Somos Buenos Aires sacó el 5,26%; y el FIT-U, el 4,37% del apoyo.
Estos comicios arrojaron una escena que muchos celebran como consolidación, pero que, mirada de cerca, revela otra cosa: Fuerza Patria no creció, sobrevivió. En casi todos los municipios obtuvo menos votos que Unión por la Patria en las generales de 2023, tanto en las categorías de presidente, gobernador, diputados nacionales como legisladores provinciales. Lo que se desplomó fue la Alianza LLA-PRO, y ese contraste genera una ilusión de fortaleza que conviene desmontar antes de que se vuelva a convertir en relato.
El voto fue más táctico que devoto. Y el mapa electoral, lejos de mostrar una expansión territorial del oficialismo provincial, exhibe una permanencia que se magnifica por el colapso ajeno. Efectivamente, en cada una de las 8 secciones electorales, la cantidad de votos del espacio peronista fue inferior que en las elecciones provinciales de 2023. Incluso, en la Tercera, Fuerza Patria mantuvo su núcleo duro, pero sin grandes saltos. En municipios clave como La Matanza, Quilmes o Lomas de Zamora, sacó menos votos que en 2023.
Lo que tuvo lugar, entonces, no ha sido tanto una victoria político-partidaria, sino una restauración táctica. El espacio peronista finalmente supo capitalizar tanto la reactivación de la ficción binaria inicial, como la posterior descomposición del adversario. Por su parte, los analistas que en 2023 hablaban de meteoritos y rupturas hoy vuelven a narrar el escenario como si nada hubiera pasado. En esa misma línea, contrariamente a lo que alguno de ellos había sugerido, el gobierno nacional sí tuvo alguien contra quien perder, y el electorado lo usó como freno, aunque no necesariamente como adhesión.
La elección bonaerense dio lugar a una mezcla de alivio y cautela. De rechazo al escarnio, más que de regreso al modelo anterior. El freno a Milei fue táctico, no redentor. Pese a ello, la efervescencia del momento está llevando a algunos a presagiar el surgimiento del "axelismo" y a ensayar la apresurada construcción de un indiscutible presidenciable peronista para 2027. Como contracara, otros consideran plausible que estemos ante un escenario similar al post PASO 2019 y que la polarización resultante incentive el incremento del voto 'antiperonista' -¡aun con los Menem subidos al estrado!- en octubre.
Sin embargo, mientras que en 2019 se trataba de elecciones presidenciales, las de este año, como se dijo, son elecciones legislativas. A su vez, las PASO -un evento eleccionario nacional- tienen mucho mayor potencial predictivo que comicios legislativos subnacionales realizados en una sola provincia (aun siendo la más populosa del país) respecto de comicios legislativos nacionales. A esto se agrega que en PBA, se eligen 35 escaños, con lo cual hay más fuerzas políticas que pueden aspirar a cargos espectables que en las elecciones del domingo pasado. En efecto, cuanto más se ciña artificialmente la oferta, más distorsiva será la representación parlamentaria obtenida.
Por ello, lo que se impone en esta etapa es resistir el simulacro binario y continuar construyendo dispositivos sin repetir el formato. Se abre una oportunidad para reivindicar el Nunca Más verdadero —el que costó sangre, coraje y memoria colectiva— y para castigar a un gobierno que ajusta con motosierra, insulta con crueldad, reprime sin piedad y se burla de la dignidad popular.
En suma, lo más relevante de estos comicios es que la ciudadanía se expresó -más allá del vehículo electoral que haya escogido en esta ocasión- contra una épica construida desde el desprecio y contra un cambio político que se ejecuta con brutalidad hacia los más vulnerables. Porque entendió que la casta no fue desplazada: simplemente se reconfiguró, con mano de repostería —para repartir la torta entre los mismos de siempre— y con cinismo esotérico —barajando cartas marcadas y falseando el destino colectivo.
La autora es Dra. en Ciencia Política- Investigadora Independiente de CONICET/IEALC- Miembro de Red de Politólogas #NoSinMujeres.