Escenario

Atado con alambre

Hoy, como desde hace 50 años, los ganadores de las estrategias de corto plazo son muy pocos, pero de ganancias inmensas y voces atronadoras.
Atado con alambre
Carlos Leyba 31-01-2025
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"Lo atamos con alambre" describe la intrínseca debilidad de las políticas económicas de 50 años. Las 54 gestiones - nada diferentes en lo fundamental, más allá de los discursos que procuraron diferenciarlas - tuvieron en común el "atar con alambre". 

En nombre de la urgencia, la reparación de emergencia y salir del paso y aventurar que, en otro momento o con un fenómeno favorable posible o con una ayuda pronta, y después que las cosas se aclaren, "lo haremos mejor". Esperen dicen desde el poder. Y la sociedad, siempre, sostiene desde la esperanza que significa "mirar a lo lejos, mirar al futuro" (Byung-Chul Han, El espíritu de la esperanza, p.17 Herder). 

Doble misterio: se alimenta la postergación, por parte de los que mandan, de lo principal (que es el largo plazo) y esa postergación alimenta la generosa tolerancia de los que esperan, y esta tolerancia alimenta la gambeta a lo necesario, que es lo que realizan, uno tras otro, los gobiernos. Por eso estamos siempre en el mismo lugar y por eso, lo que pasa, no nos resulta extraño.  

Para comprender "orientaciones fundamentales no demasiado diferentes", recordemos que todas las gestiones de este medio siglo, más tarde o más temprano, en el primer momento o un tiempo después, utilizaron el dólar (controlado) como ancla del proceso inflacionario. Un proceso que se aceleró dramáticamente desde que se inauguró la estrategia de incendiar el bosque para contener el fuego: el "rodrigazo". 

Hasta entonces la enfermedad inflación no era tantas veces superior a la del primer mundo o a la de los países vecinos, como ocurre desde entonces. Lo dicen los datos.

Todas las gestiones, más tarde o más temprano, acudieron a pedir agua al FMI para apagar el incendio o para prepararse para evitarlo. O si con el Fondo venía complicado, o por prejuicios o insolvencia técnica de los gestores, la alternativa era o pagar, por unos dólares, intereses infinitamente mayores que la tasa de crecimiento posible (p.ej. Venezuela) o inundar con pesos, soñando con que el papel moneda seria incandescente. En ambos casos el remedio fue peor que la enfermedad. 

Los mecanismos "de emergencia", propios de la molicie, eran los que estaban a mano. Útiles para disimular la incapacidad intelectual o la de la política, para abordar las verdaderas cuestiones estructurales que daban lugar a la "crisis" y que, al no transformar lo estructural, hicieron inevitable su repetición. 

¿Qué es lo estructural? Es aquello que demanda un Plan integral multidimensional (básicamente material) para incrementar la productividad sistémica. 

La lista de las cuestiones es enorme, la previsión de cuellos de botella, un desafío: su realización tiene carácter de epopeya. Ampliar fronteras de la producción, de la inclusión social, de la tecnología, del aprovechamiento de los recursos naturales, de la infraestructura, de la eficiencia del Estado, de la integración de la Nación, de las relaciones con el mundo, etc. Esas fronteras se han retraído por décadas y cada vez más encerrados, el tiempo se hace irrespirable y las políticas públicas más impotentes. Sin un plan y el esfuerzo en incrementar la productividad sistémica, la abundancia de recursos, cualquiera sea el origen, será leche derramada: la productividad sistémica es lo que está detrás de todo, es el cuenco en el que las bonanzas - siempre efímeras - se acumulan. Pregúntese qué pasó con la soja y los miles de millones de dólares que generaron en los buenos tiempos de la emergencia china. Sólo queda el recuerdo. 

F. Sturzenegger ha dicho, y con razón, que la discusión política es acerca de lo que debe hacer el Estado. El "coloso" está por el retiro del Estado del campo de juego. Dice: el mercado todo lo resolverá. Del otro lado estamos los que creemos en el Bien Común y en la fórmula de "todo el Estado necesario y todo el mercado que sea posible" (Plataforma UCD, RFA 1978). No hay mercado que procure el Bien Común. Una pena.

Avizore, amable lector, no lo inmediato - que es la mano del Fondo que puede venir - sino ese rumor sólido y esperanzador que la naturaleza otra vez nos regala: Vaca Muerta y la Cordillera para ponerle geografía a lo que viene a multiplicar los recursos de la Pampa Húmeda y la expansión de la frontera agropecuaria. Pues bien, ese rumor, con la nada que estamos haciendo hoy en materia de productividad sistémica, será leche derramada; y con consecuencias negativas muy difíciles de concientizar. Nadie quiere ver.

Es que hoy, como desde hace 50 años, los ganadores de las estrategias de corto plazo son muy pocos, pero de ganancias inmensas y voces atronadoras. Los nuevos ricos de este medio siglo -famosos de buena vida que vienen de la política, como J.L. Manzano, o de la tecnología como M. Galperin- nuevas oligarquías concentradas en pocas manos y con suficiente poder y gimnasia, como para silenciar a quienes puedan reclamar por las consecuencias. Fortunas que hacen ridículos los dichos sobre la "vieja oligarquía ganadera terrateniente", que mirada con los ojos de hoy resulta una legión de pobretones que construía palacios en el país, vivían aquí, donaban colecciones a los Museos y no acumulaban excedentes en el exterior. Tiempos -clausurados hace 50 años- en que los pobres, año tras año, dejaban de serlo; la clase media crecía y la productividad sistémica aumentaba. 

En los últimos 50 la taba se dio vuelta, la clase media no cesa de angostarse y la pobreza de crecer; el PIB ph se estanca y los pocos nuevos ricos son más ricos y aplauden atronadoramente a quienes les multiplican la fortuna. Lo estamos viendo.

El discurso inaugural de todas las gestiones económicas, en medio siglo, ha consistido en la denuncia de la herencia recibida y un conjunto de medidas, en general improvisadas, y distintas de las anunciadas en campaña. Medidas - ni globales ni simultáneas - destinadas a lograr algún equilibrio, sin precisión de objetivos fundamentales. Y la promesa que, una vez alcanzado "ese equilibrio no previamente definido" y que demandará tiempo, "pondremos en marcha nuestro verdadero programa" el que "después te lo cuento". 

Ese ha sido el canon del "atamos con alambre" de la política económica en 50 años. Para no polemizar con el presente, los datos a diciembre de 2023 confirman este punto y así ha sido cada inicio de una nueva gestión, y una nueva crisis cada final. 

Cada herencia, siempre mala, no evitó que quien la recibió haya dejado una herencia peor. Ejemplo, la herencia que dejó Néstor fue mejor que la que habría dejado Cristina a D. Scioli y C. Zanini y a sus asesores G. Francos y J. Milei. Apostilla: de esos cuatro de la campaña K derrotada, hoy nos gobiernan tres. Tiempos de Groucho.    

Ninguna gestión, en 50 años, tuvo un programa para consensuar con la oposición principal, para preservar el largo plazo más allá de su continuidad. Lo que dominó es la ambición de continuidad: "será pingüino o pingüina". Los K detestaban la palabra "plan" porque, recordando a Paul Ricoeur, "el plan es la ética en acción": es decir, rendir cuentas. Sin programa reina la improvisación y la contradicción. 

Javier no se quedó atrás: dolarización, cierre del BCRA, "acá tengo US$ 30.000 millones disponibles". Pero hoy hay superpeso y carry trade. 

Como de habitud hoy "vamos al FMI": mendiga US$ 10.000 millones. Abrazo con Kristalina o como "enamorarse de Lagarde", Mauri dixit. 

Contrató al chileno J.Daza - secretario de Estado - porque tiene amigos en el FMI y puede atajar los golpes a Caputo II. Pero cuidado, Claver Carone se la tiene jurada al kirchnerista G. Francos por la zancadilla que le hizo en el BID y además el discurso de Javier en Davos le atragantó la comida a S. Bessent, secretario del Tesoro, mientras disfrutaba con su esposo y sus hijos por gestación subrogada. En términos de Javi alarma de pedofilia. 

No obstante, el FMI tienen que cuidar al principal deudor: ayuda va a venir. Primero para garantizar el cobro de lo que vencerá en el año y tal vez, luego, "plata fresca" a pesar de que Caputo II tiene control de cambios, carry trade por debajo de la tasa de interés y la tasa de inflación, reservas negativas e interviene en el mercado, además del dólar blend, cuando se amenaza a la brecha. Y nada que indique la probabilidad de aumentar reservas. 

Y además flujos complicados: cuentas negativas, turistas entusiastas al exterior, alegre apertura que ya señala aluvión de alimentos importados, reducción de impuesto a los autos, aviones y barcos importados; el incentivo a importaciones al menudeo y el aumento inevitable de importaciones ante cualquier, por pequeño que sea, aumento de la actividad. 

El atraso cambiario es la condición suficiente para que un poco de salud (aumento de la demanda) genere un incremento de la enfermedad. Nuestra deteriorada productividad sistémica (que no es responsabilidad de un año de Javier) hace que padezcamos de iatrogenia: los remedios de estos "practicantes", nos enferman. 

Y los practicantes sostienen que gozamos de excelente salud. Javier en Davos, entrevistado en Bloomberg, disparó los logros que él (¿fabula?): deflación en dólares, crecemos a ritmo de 17% anual, 10 millones menos de personas pobres en un año, un PBI ph que creció el 120% en 2024. No lo ve el que no quiere. 

El encanto de Milei es que ha terminado con la repregunta. ¿Acaso nadie ve que su nivel de vida se duplicó en un año? ¿O que el número de personas pobres es la mitad de lo que fue en el máximo de pobreza? ¿O no se dan cuenta que la economía vuela, que crece al doble de lo que creció China? ¿O no se dan cuenta que, en dólares, todo vale cada día menos? 

Detengan a los que viajan al exterior, pregunten a esos tontos que cierran las empresas y despiden personal si es que están locos. Visiten los predios descampados donde antes había villas de emergencia. Acepten que disfrutan del doble que en 2023. ¿O vivimos en 1984 y en la neolengua de Orwell?

Liliana Franco, periodista, declaró que Milei es "muy educado" y en "Border Periodismo" nadie le repreguntó. 

Ahora, ¿tendremos el cerebro atado con alambre? 

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