Quizás ya seamos muy pocos los que recordamos que una vez, hace no mucho tiempo, en la Argentina de Cristina Kirchner nos paseábamos de la mano de Hugo Chávez, Putin y otros amigos de Medio Oriente con dudoso prontuario. Como paradoja del destino, ahora estamos en un romance fellinesco con la Meloni, mientras miramos a las estrellas esperando que una de las naves no tripuladas de Musk no se nos estrelle en la cabeza.
Y así, discurre la excelsa política exterior de la Argentina. Las veces con unos delincuentes con pedido de captura internacional, las otras al alinearnos con Bibi, a quien también le emitieron un pedido de captura esta semana que pasó. Lo bueno es que los extremos se tocan. Y como nuestra amada república nunca se caracterizó por la mesura, en esta hermosa época de libertarianismo somos los mejores de la clase. Porque si de exagerar se trata, ragazzi, nosotros somos los mejores.
A veces pienso qué dirían dirigentes como Illia, Marcelo Torcuato de Alvear o Carlos Pellegrini. Hombres medidos, con una visión clara, y demócratas convencidos de que el país podía avanzar si todos ejercíamos la libertad responsable.
Muchachos, seamos sinceros, exponer al país al terrorismo transnacional para alinearnos incondicionalmente con Trump de liberal no tiene nada, y de responsable tampoco.
La salida de Diana Mondino fue una pequeña trampa de las tantas que se hacen en política. Hoy por ti, mañana por mí. Dos mujeres alfa en el gobierno no puede haber. En esto también coinciden los libertarios con el kirchnerismo. La señora no toleraba sombra, sino preguntémosle a Toloza Paz y todas las que no llegaron nunca a despegar, porque "ella" era todo y el resto era "nada". Un relator onmisciente. Serás lo que te deje ser, o no serás nada.
E cosí va la vita. Con Giorgia a los abrazos, con Musk a los cohetes y con Trump...bonete. Si la gente cree que el Partido Republicano va a permitir el ingreso irrestricto de nuestros productos agropecuarios, mi humilde consejo es que vayan abriendo los ojos.
Un tratado de libre comercio entre países que históricamente son concurrentes, tiene muy poco de economía complementaria. Entonces, si creemos que la mayor economía del planeta tierra va a ceder en que avancemos en la inserción de nuestros productos en sus góndolas, mejor llamemos a Elon para que nos ayude a firmar un tratado con Marte o Saturno.
O quizás nos sale tan bien como cuando quisimos hacer patria latinoamericana, pensando en la hermandad de los pueblos, y mandamos a la quiebra a SanCor por abastecer de productos lácteos a Venezuela. O cuando vendimos cosechadoras a Angola que nunca se terminaron de fabricar.
Mejor, nos sentamos tranquilos y ponemos las barbas en remojo. La economía va bien. Aunque podría ir mejor. Tenemos que afinar la puntería. No vaya a ser cosa que nos entusiasmemos y vendamos también la Casa Rosada.
Quizás podamos alquilarla para eventos: se casa Horacio. ¿Será que si paga se la dan? El presidente adhiere a las ideas de oferta y demanda. ¿Podrá dejar su odio al ex jefe de gobierno para que entren unos buenos pesos a las arcas públicas si se la alquila como salón de fiestas? No sé si a Mili le gustará compartir el alquiler, pero a Horacio no le va a molestar saborear un poco lo que no pudo alcanzar.
Bueno, por las dudas, que alguien le avise a Yuyito que la esperamos de nuevo en el balcón de la Rosada. Que Giorgia ya se fue.