Lo que los líderes organizacionales deben aprender: el método Scaloni
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Lo que los líderes organizacionales deben aprender: el método Scaloni

Scaloni no solo ganó títulos: construyó una cultura. ¿Qué enseñanzas deja para cualquier organización que busca rendir más sin romper al equipo?

Lina Zubiría 24 junio de 2026

Durante años, el liderazgo estuvo asociado a la autoridad, el control y la exigencia. Se esperaba que los líderes fueran quienes más respuestas tenían, quienes menos dudas mostraban y quienes sostuvieran la presión sin fisuras.

Hoy sabemos que esa realidad ha cambiado significativamente, y el fenómeno Scaloni es quizás uno de los ejemplos más claros de este nuevo paradigma.

Más allá de los títulos obtenidos por la Selección Argentina, el verdadero mérito de Lionel Scaloni fue haber liderado una transformación que no fue solamente técnica o táctica. Fue, sobre todo, una transformación emocional y cultural.



Tomó un equipo golpeado por la frustración, la crítica permanente y el peso de una historia difícil de sostener, y logró construir algo distinto: una identidad compartida basada en la confianza, el orgullo de pertenecer y el deseo genuino de jugar para el otro.

La camiseta dejó de representar el miedo para pasar a representar orgullo de pertenecer. Y esa diferencia no solo es importante: es trascendental.

Si llevamos este ejemplo a las organizaciones, vemos cómo muchas de ellas también atraviesan contextos donde la presión, la incertidumbre y la exigencia erosionan la energía colectiva. En esos escenarios, la pregunta ya no es solamente cómo obtener resultados, sino cómo sostener el rendimiento sin romper a las personas ni al equipo en el proceso.



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El Método Scaloni parece apoyarse en cuatro principios que hoy resultan especialmente relevantes para cualquier líder.

  1. El primero es poner a la persona antes que al rol, en este caso el jugador. En más de una oportunidad, los jugadores han destacado algo que pocas veces se escucha de un entrenador: "Nos conoce de verdad a cada uno". No solamente como futbolistas, sino como personas. Entiende sus momentos, sus necesidades y sus emociones. El mensaje implícito es claro: si las personas están bien, son capaces de desplegar su mejor versión.
  2. El segundo principio es pasar del egocentrismo al ecocentrismo. En una época donde muchas culturas promueven el brillo individual, Scaloni construyó una lógica diferente: nadie está por encima del equipo. Incluso las figuras más importantes pusieron su talento al servicio de un propósito común. Lo que prevalece no es el interés individual, sino la preocupación genuina por el bien del equipo.
  3. El tercer principio es crear las condiciones para rendir al máximo sin romper al equipo. La alta exigencia nunca desapareció. Lo que cambió fue la forma de gestionarla. Scaloni construyó un entorno apoyado en cuatro pilares fundamentales: la cohesión, que fortalece el sentido de pertenencia y el compromiso colectivo; la claridad de roles, para que cada jugador sepa qué se espera de él y cómo aporta al objetivo común; la regulación de la presión, transformando la exigencia en desafío en lugar de amenaza; y la libertad expresiva, que habilita a las personas a mostrarse auténticas, aportar ideas y expresar emociones sin temor. Lejos de ser aspectos secundarios, estos pilares fueron la base que permitió sostener el rendimiento y la confianza en los momentos más difíciles.
  4. Y el cuarto principio es evolucionar sin perder la identidad. La Selección cambió nombres, sistemas y contextos, pero nunca perdió aquello que la hacía fuerte. Supo transformarse sin dejar de ser ella misma.

Quizás una de las enseñanzas más profundas del Método Scaloni sea la redefinición del liderazgo. Durante mucho tiempo se creyó que la vulnerabilidad debilitaba la autoridad. Sin embargo, este proceso mostró exactamente lo contrario. Los líderes vulnerables son valientes, no débiles. Reconocer emociones, pedir ayuda, admitir incertidumbre o emocionarse frente a otros no disminuye la legitimidad de un líder; la fortalece.



Scaloni nos recordó que los líderes también dudan, también sienten y también lloran. Porque son humanos. Y esa humanidad, lejos de ser una debilidad, puede convertirse en una de sus mayores fortalezas.

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También nos mostró que la transparencia, la honestidad y la apertura hacia el otro no son atributos blandos del liderazgo. Son condiciones esenciales para construir confianza.



Quizás por eso logró algo tan difícil de encontrar en cualquier equipo: cuidar a las personas y, al mismo tiempo, desafiarlas a dar lo mejor de sí.

Porque las personas no siguen a quienes parecen perfectos. Siguen a quienes se muestran auténticos.

En un contexto donde las organizaciones buscan transformarse para responder a desafíos cada vez más complejos, el Método Scaloni deja una enseñanza que trasciende cualquier disciplina: los resultados sostenibles son consecuencia de una cultura sólida. Y las culturas sólidas se construyen cuando las personas sienten que son vistas, escuchadas, cuidadas y, al mismo tiempo, desafiadas a crecer.



Ese quizás sea el mayor logro de Scaloni. No haber formado solamente un equipo ganador. Haber demostrado que es posible alcanzar la excelencia sin renunciar a la humanidad.

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