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La economía circular puede potenciar el trabajo y la producción en viejas y nuevas industrias

La idea de crecimiento exponencial como camino para llegar al estado de desarrollo ya no sería viable porque fue planteada (hace tiempo) sobre la noción de recursos infinitos y cero consecuencias sobre la biosfera. El cambio climático sentenció de muerte a esa tesis.

La sostenibilidad en necesaria y ya está en marcha.
La sostenibilidad en necesaria y ya está en marcha.
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Cerramos nuestra nota anterior comprometiéndonos al abordaje de la “economía circular” y explicar sus beneficios y la necesidad de adoptarla. Esta sería la materialización como modelo de producción y consumo del paradigma de sostenibilidad al que la sociedad global debe adherir si queremos evitar una fase futura de “colapso” en los términos previstos por Paul Raskin. 

Como parte de la comprensión de la sostenibilidad reiteramos la importancia del diálogo cultural y científico entre la educación ambiental y la sociedad de conocimiento como bases sobre las que podemos construir una sociedad mejor reconstruyendo los significados de las palabras progreso y bienestar. 

Parémosnos previamente en la crisis que vivimos actualmente y que de muchas maneras tocan nuestra vida cotidiana. Marcaremos aquellos componentes que nos afectan a todos en el planeta independientemente de las particularidades de cada territorio: cambio climático y sus impactos en los ecosistemas, siendo una de tantas consecuencias las sequias extremas en todo el globo que impactan en la producción y vida rural; la crisis energética por agotamiento y encarecimiento de matriz fósil; escasez de alimentos; contaminación del aire, tierra y mares; crisis hídrica -por su mal uso y sequias extremas-que hace del agua un recursos cada día más escaso; descontrol y violencia en las grandes urbes además de haberse convertido en los espacios donde se concentra la mayor parte del consumo de energía y materiales; caída de la primera modernidad generando insatisfacción y frustración que pone en peligro el consenso democrático.   

Este catálogo de problemas lo entendemos como el resultado de: 

  1. Un modelo de producción y consumo que devora materia y energía en la convicción que el crecimiento es ilimitado cuando los recursos planetarios no lo son.
  2. Esa idea ya caduca de entender que los beneficios superan las pérdidas, cosa que si fuese real no estaríamos escribiendo este artículo. En este punto basta analizar el permanente aumento de la desigualdad en el mundo que -como lo ha señalado Thomas Piketty- ha llegado al punto que en EE.UU. la actual generación es la primera en más de 200 años de su historia que en menos próspera que la de sus padres. 
  3. La convicción que el bienestar se acrecienta conforme la cantidad de bienes y servicios que uno puede consumir. Esta idea que es muy propia de la sociedad de consumo relaciona igualdad y bienestar con el progreso material. Esto nos lleva a preguntarnos si en los tiempos de nuestros abuelos o antes de ellos las palabras bienestar, prosperidad, felicidad no estaban en los diccionarios y/o en el sentir de los humanos. Por suerte autores como Easterling desde los años '70 y Daniel Kahneman más recientemente contribuyeron a desmitificar ese relato. 
  4. La idea de crecimiento exponencial como camino para llegar al estado de desarrollo ya no sería viable porque fue planteada (hace tiempo) sobre la noción de recursos infinitos y cero consecuencias sobre la biosfera. El cambio climático sentenció de muerte a esa tesis: el crecimiento exponencial en un modelo lineal impulsado con energía fósil ahora sabemos que es insostenible.

Expuesta la crisis con la que nos toca convivir pasemos ahora a una visión optimista que consideramos una oportunidad para reconvertir la vida social y económica de un plano de escasez y conflicto a uno de abundancia, con nueva gobernanza democrática, que se apoye en un modelo de producción y consumo donde la energía sea accesible y limpia, mientras la materia sea aprovechada en diversos ciclos de vida sin generar desperdicio. En síntesis, la Economía Circular -de eso queremos hablar- es aquel sueño de Kenneth Boulding cuando hablaba en 1966 de crear la “economía de la nave espacial tierra”.

La EC fue definida por la Fundación Ellen MacArthur como “aquella que es restaurativa y regenerativa a propósito, y que trata que los productos, componentes y materias mantengan su utilidad y valor máximos en todo momento, distinguiendo entre ciclos técnicos y biológicos. Se concibe como un ciclo de desarrollo positivo continuo que preserva y mejora el capital natural, optimiza los rendimientos de los recursos y minimiza los riesgos del sistema al gestionar reservas finitas y flujos renovables. Funciona de forma eficaz en todas las escalas. Este modelo económico trata en definitiva de desvincular el desarrollo económico global del consumo de recursos finitos”. 

Esta, revoluciona nuestra mirada de los bienes y otros recursos que en el modelo lineal mueren rápidamente y que de esa muerte se termina alimentando el modelo que nos ha llevado a conductas depredatorias donde consumimos-tiramos-consumimos-tiramos. 

Para lograr sus objetivos la EC plantea un cambio radical que sustituya la cultura y práctica de extraer, producir, consumir y tirar, por un modelo donde los procesos y acciones se sintetizan en “7 R”: Rediseñar - Reducir - Reutilizar - Reparar - Renovar - Recuperar - Reciclar. 

Se concentra además en la importancia de cada una de las etapas del “ciclo de vida” de los productos y el análisis del mismo. Las etapas del ciclo de vida de los productos son: Extracción de materias primas - Producción (manufactura) - Empaque y Transporte - Uso y Mantenimiento - Reciclaje o Disposición Final. 

La EC busca en síntesis lo que se llama “cerrar el círculo” en cada proceso, en todos los ciclos productivos respecto a todos los bienes y servicios. Esto tanto para los sectores de la producción como para la vida de cada uno de nosotros ya que este modelo lo podemos aplicar en nuestra vida dentro del hogar o en el trabajo; la ética de los consumidores también debe cambiar.

Hablar de EC no es hablar de futurología, o buenos deseos. Este modelo se aplica y para eso existe una alianza colaborativa -insistimos en este punto- entre la sociedad, la economía del conocimiento, y los sistemas educativos que ayudan a comprender y transformar la economía del viejo modelo a este nuevo. Lo hacen grandes empresas y lo hacen emprendedores. Estos últimos son actores centrales en la dinámica por una economía sostenible. Veamos ejemplos de viejas y nuevas industrias que surgen bajo esta visión. Pero, enfoquémonos en cuatro de las principales actividades económicas generadoras de emisiones para ver como dentro de ellas se impulsan nuevos modelos de negocios circulares y sostenibles. 

  • Textiles: “Patagonia” es un modelo de empresa internacional que desde su filosofía, insumos y procesos se ha afiliado al paradigma de la sostenibilidad y no solo transmite esos valores a sus clientes, sino que sus productos son el resultado de la generación de procesos productivos circulares que en forma continua buscan mejoras. “Circoolar” es una empresa española que cuenta entre sus fundadores a la argentina Celina Tamagnini. 

Se dedica a la producción de “ropa laboral ecológica” usando como materia prima tejidos reciclados y eco-friendly. El poliéster que utilizan viene de botellas PET o de prendas regeneradas y el algodón es tanto orgánico como regenerado. A su vez se aseguran que todos sus proveedores cuentan con reconocidas certificaciones. Desde ya completan su proceso con eco diseños, con la confección a cargo de talleres sociales locales para generar un además un virtuoso impacto social, y cierra el círculo con la recogida de las prendas al final se su vida útil para ser entregada en plantas de reciclado de forma de dar nueva vida al textil.  

  • Construcción: esta vieja industria está trabajando en nuevos procesos y materiales. Esto les permitirá ahorro y mayor eficiencia además en el consumo de energía. Existe mucha producción académica desde la ingeniería y la arquitectura en pos de la construcción de “edificios sostenibles y passive house”. 

El uso de material reciclado para la producción de cemento es un ejemplo. El paso del modelo lineal al circular se basa en materiales y conocimiento ya existentes acerca de los nuevos procesos. Tenemos ambos, y la industria debería contar con incentivos para acelerar el cambio. Barrios nuevos deberían ser sostenibles como Vauban en la ciudad de Friburgo, Alemania. 

  • Transporte: este sector está experimentando el cambio de fuente de combustión a gas o petróleo al uso de energía eléctrica. Y la fuente de esa energía generada en forma limpia como la hidroeléctrica, solar fotovoltaica o eólica (buses y automóviles eléctricos). De hecho, en la argentina ya se fabrican autos urbanos y utilitarios eléctricos con baterías que se cargan con 220 de voltaje en el garaje del hogar. 

En Europa la empresa francesa Alstom ya fabrica locomotoras alimentadas por hidrógeno iniciando el camino de salida del motor diésel. El fin de la movilidad terrestre en automotores de combustión fósil tiene fecha. El año 2035 fue fijado por la Comisión Europea como el momento a partir del cual regirá la prohibición de ventas de estos vehículos. 

  • Energía: Si queremos entender la importancia de la sustitución de la matriz energética debemos leer “La tercera revolución industrial” de Jeremy Rifkin donde conoceremos por qué las fuentes y tecnologías renovables impulsan una verdadera revolución socio económica. Además de leerla, si queremos verla con nuestros propios ojos bastará recorrer Uruguay desde Colonia por la ruta interbalnearia hasta el Chuy para descubrir como en todo el trayecto florecieron en los últimos 15 años los parques eólicos que permiten al país vecino alimentarse parte del año exclusivamente con esas fuentes renovables y limpias. 

Argentina avanzó fuerte en este terreno entre 2016 y 2018 no solo con grandes parques eólicos y solares sino con una legislación que estimula la generación distribuida (autoconsumo), pese al freno que desde entonces existe en algunas provincias. Finalmente destaquemos que, en la inversión bruta en recursos energéticos en el mundo, desde hace ya algunos años las renovables superan a las de energía fósil.

Pero también están los emprendimientos diarios de personas responsables y creativas que logran combinar la salud del planeta con el trabajo y la creación de valor. En todo el país, en muchas ciudades la ONG La Sachetera recibe sachet de leche o yogur (limpios) para sumar mano de obra y con termo sellado convierten ese residuo en bolsas de dormir, pilotos, bolsas de compras, impermeabilizadores de techos y paredes. 

Cielo Ambrosius creó “Materia Prima” en La Plata recogiendo las cámaras de neumáticos descartadas para convertir el caucho en mochilas, riñoneras, carteras y billeteras con atractivos diseños. En muchas Universidades se apoya la capacitación de los ecosistemas de emprendedores (Usina de Ideas en Económicas-UNLP) estimulando la inversión y negocios en la economía del conocimiento y buscando que sean sostenible. 

Las carreras tradicionales también siguen estos cambios generando nuevas o incorporando a las ya existentes los conocimientos disruptivos en proceso. Así, las carreras vinculadas con la agricultura ven cómo se desarrolla en el mundo la “agricultura de cercanía” que es la explotación agraria llevada a las urbes. Las carreras de Diseño se ven obligadas a un matrimonio con la informática y las redes. 

En síntesis, la sostenibilidad en necesaria y ya está en marcha. Con poco relato, con tímida exhibición, pero va paso a paso transformando nuestras vidas. Hay enfrente dos opciones que pueden presentarse como un camino al colapso, o una salida esperanzadora e inclusiva. La humanidad en su conjunto y cada uno de nosotros individualmente debemos entender que la existencia de un mañana prospero dependerá de nuestra ética y acciones. 

Para poder comprenderlo, si el planeta hablara nos diría: “Son ustedes, estúpido”.

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