Historias

Un mundo inmenso: explicaciones de fronteras inexplicables

Un mundo inmenso, el equipo detrás del canal de YouTube de geografía más popular en español, publica su segundo libro en el que se recopilan diversas historias sobre fronteras políticas de nuestro mundo.
Conflicto India-Pakistán. .
09-01-2025
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¿Sabías que en la Franja de Caprivi, por solo 150 metros, no confluye la única cuádruple frontera del mundo? ¿Has recorrido alguna vez la vía verde de Vennbahn, una estrecha franja belga que atraviesa territorio alemán? ¿Has oído hablar de la isla Faisanes, cuyo territorio pertenece seis meses al año a España y los otros seis a Francia? Estas son solo algunas de las historias que se narran en Un mundo inmenso: Explicaciones de fronteras inexplicables, un libro que invita a que el lector se sumerja en lo desconocido y descubra los secretos ocultos detrás de cada línea trazada en la Tierra. 

El proyecto nació como un canal de YouTube en septiembre de 2018. El equipo lo componen Francisco Llorens, encargado de la investigación y la redacción de los guiones; Antonella Grossolano, en el diseño y el desarrollo de la identidad visual y Diego Briano, en la narración y posproducción de los videos. 

A continuación un fragmento del capítulo "Bangladés-India, el infierno de los Chitmahals"

Todos nos hemos enfrentado a dilemas, encrucijadas o situaciones difíciles de resolver. Pero pocas son menos esperables que la decisión que tuvieron que tomar miles de indios y bangladesíes hace algunos años: hogar o nacionalidad. Quienes eligieron continuar viviendo en el lugar en el que lo hacían, en sus hogares, con los mismos vecinos —si es que también ellos optaron por seguir allí—, no pudieron conservar su nacionalidad. En cambio, quienes privilegiaron mantener el pasaporte tuvieron que mudarse a otra ciudad, a varios kilómetros de distancia. Este dilema sucedió en 2015, pero se gestó mucho antes. 

El que separaba India de Bangladés fue, tal vez, el límite internacional más inexplicable desde que existen los Estados nacionales. De por sí es extraño tomar un mapa y encontrarse con un enclave. Es decir, un territorio de un país rodeado por otro. 

En este caso eran decenas de pequeñas porciones de territorio completamente aisladas del resto del país, conocidas como chitmahals

Pero no solo eran enclaves, sino que también había varios metaenclaves: uno dentro de otro. Y también el único enclave de tercer nivel del que se tiene registro: un enclave dentro de un enclave dentro de un enclave. Estamos hablando de una frontera que, de por sí, tiene sus particularidades. Si la vemos actualmente también nos llamará la atención, ya que los límites están trazados de forma muy irregular. 

Esto genera que sean nada menos que 4096 kilómetros de frontera en total entre ambos países. Solo hay otros cinco límites más extensos en todo el planeta. Son los que dividen Canadá de Estados Unidos, Kazajistán de Rusia, Argentina de Chile, Mongolia de China y China de Rusia. Todos son países bastante más extensos que Bangladés, nación que, además de limitar con India, tiene una pequeña frontera terrestre con Myanmar. 

 

Bangladés, que era una colonia británica hasta hace algunas décadas, tiene varios aspectos llamativos. Con 170 millones de habitantes es el país más densamente poblado del mundo. En rigor no, es el sexto. Pero los cinco Estados nacionales que lo superan en esa marca —Mónaco, Singapur, Baréin, Maldivas y Malta— son muy pequeños y no llegan a los 1000 kilómetros cuadrados de extensión. Así que corrijamos: es el país más densamente poblado del mundo entre los que tienen por lo menos 100000 hectáreas. 

Y no, no podemos pasar por alto la confusión que se genera con su gentilicio. Es bangladesí, aunque a veces se confunda con bengalí. 

Los bengalíes son los naturales de Bangladés o de Bengala Occidental, que es uno de los Estados que conforma el país vecino de India. Entonces, todos los bangladesíes son bengalíes, pero no todos los bengalíes son bangladesíes. Algunos son indios. La cuestión es que tanto bangladesíes como indios vivieron durante mucho tiempo con unos límites que no parecían tener demasiado sentido. 

El origen no es muy claro. Se cree que se remonta a 1713, por un acuerdo entre el Reino de Cooch Behar y el Imperio mogol. Algunas historias señalan que apostaban las parcelas de tierra en partidas de ajedrez. Pero, aunque nos encantaría creerla ciegamente, no podemos fiarnos del todo de esta versión.

La portada del libro Un mundo inmenso: Explicaciones de fronteras inexplicables publicado por editorial Planeta.

Estos extraños límites no tenían importancia cuando ambos países formaban parte de la misma entidad como colonias británicas, ya que dependían de la misma autoridad central. Pero después de la Segunda Guerra Mundial, y con la caída del Imperio británico, tanto India como Pakistán lograron la independencia. Fue un proceso caótico por muchos motivos. Pero uno de los que más complicaciones generó fue la forma en la que se dividieron ambos países. 

Había que generar fronteras. Y, parece, no había demasiado tiempo. 

En 1947 el Reino Unido tenía urgencia por desprenderse de sus colonias. Para establecer las líneas divisorias convocaron a Cyril Radcliffe, un abogado que jamás había estado en la región. Tuvo cinco semanas para hacer el trabajo y los resultados no fueron los ideales. Había distintas posturas en aquel momento para establecer los criterios de los límites que tendrían los nuevos países. Algunos pretendían que fuese una gran federación que contuviera dentro a todos los habitantes, más allá de las etnias. 

Cyril Radcliffe participa en una reunión con Nehru y Jinnah sobre la partición de India en dos estados.

Sin embargo, se optó por la creación de dos Estados distintos: por un lado, hindúes; por el otro, musulmanes. De este modo nacieron dos nuevos países en la comunidad internacional: India y Pakistán. 

Aquella India tenía una fisonomía similar a la actual, pero Pakistán estaba dividido en dos partes. Eran dos grandes regiones del mismo país, una occidental y otra oriental, separadas por casi 1500 kilómetros. Pero no hubo una gran conformidad con la división realizada. 

En agosto de 1946 hindúes y musulmanes se enfrentaron en la Gran Matanza de Calcuta, en la que se calcula que murieron, aproximadamente, unas 2000 personas.

La línea Radcliffe, tal como se conoce, dejó descontentos por todo el subcontinente. Tal es así que se calcula que 12 millones de personas cruzaron los límites impuestos para restablecerse del otro lado. Imaginemos por un momento esa locura limítrofe. Es como si, en pocas semanas, todos los costarricenses y los nicaragüenses optaran por intercambiar sus países e instalarse del otro lado. O que todos los ciudadanos noruegos y finlandeses hicieran lo mismo. Fue tal el descalabro que los problemas persisten hasta nuestros días. 

India y Pakistán son países que rivalizan y que tienen una frontera caliente, con el valle de Cachemira como punto de conflicto más vivo. La división tampoco dejó contentos a los pakistaníes puertas adentro. Existían diferencias políticas y la parte oriental se sentía perjudicada. Las protestas se sucedieron y en 1971, finalmente, nació un nuevo país: Bangladés. En resumen, lo que era Pakistán Occidental se transformó en la República Islámica de Pakistán y lo que era Pakistán Oriental se convirtió en la República Popular de Bangladés. 

En la guerra de liberación de Bangladés fue clave el apoyo que brindó India. Sin embargo, estos dos países, aliados hasta hacía unos minutos, tenían un temita que resolver: los chitmahals. La situación era insólita. En India había 71 enclaves de Bangladés. A su vez, había otros 7 metaenclaves indios dentro. Del otro lado había 102 enclaves indios rodeados por la porción principal de territorio de Bangladés, y dentro de esos lugares había otros 21 metaenclaves bangladesíes. 

Y en uno de esos lugares nos encontramos con un nuevo enclave indio: Dahala Khagrabari es el único enclave de tercer orden que haya existido y del que se tenga registro. Para tener un parámetro de la locura que se vivía podemos imaginar lo siguiente. Si nos encontrábamos en Dahala Khagrabari y caminábamos solo un kilómetro hacia el noroeste, íbamos a atravesar tres fronteras en solo unos minutos. De India pasábamos a Bangladés, volvíamos a India y, de nuevo, ingresábamos en Bangladés. Pero no era tan simple para los residentes, que vivían en una situación caótica. 

Quienes nacían dentro de los chitmahals no tenían ningún servicio público. No había electricidad, hospitales ni escuelas. Ni siquiera poseían documentación que acreditara sus identidades. Claro, no podían cruzar legalmente la frontera porque no tenían documentos, y no podían tramitar los documentos porque para hacerlo debían cruzar la frontera. Era un círculo vicioso que no parecía tener solución para los más de 50000 habitantes de estos enclaves. En la práctica eran apátridas y vivían olvidados y encerrados. 

Los chitmahals en la práctica eran apátridas y vivían olvidados y encerrados.

En 1974 se firmó un acuerdo entre Indira Gandhi, en ese entonces primera ministra de India, y Sheikh Mujibur Rahman, su par de Bangladés. La idea era simplificar los límites y que desaparecieran los enclaves. Sin embargo, pasaron varios años y el acuerdo no se implementó. Las mayores resistencias estaban en India, ya que si se intercambiaban los territorios, el país perdería 40 kilómetros cuadrados. 

Hubo que esperar hasta 2015 para que se pusiera fin a esta locura fronteriza. Ese año se intercambiaron los enclaves de primer orden. Los de segundo orden permanecieron bajo la misma soberanía, aunque ya no los encerraba el país vecino. ¿Y el de tercer orden? Dahala Khagrabari también cambió: pasó de ser tierra india a bangladesí. Solamente hubo un enclave que no cambió de manos: Dahagram-Angarpota, de Bangladés, el más poblado de todos. 

Unos años antes del acuerdo ya se había explorado una solución. India había cedido mediante un arrendamiento el corredor de Tin Bigha, una franja de 85 metros de ancho para que los residentes pudieran acceder al resto de su país. La decisión administrativa de poner fin a los enclaves produjo consecuencias en los 50000 residentes de la zona. Todos tuvieron la oportunidad de elegir entre dos opciones. 

Sí, el dilema planteado al principio: se podían quedar donde estaban y cambiar de nacionalidad o podían mudarse y mantenerla. 

 

La gran mayoría de las personas optó por conservar su hogar. De los 37.000 residentes en enclaves indios, solo 979 quisieron mantener su nacionalidad. Para hacerlo tuvieron que mudarse unos kilómetros al oeste, al estado de Bengala Occidental. Por otro lado, ninguno de los 14000 que vivían en enclaves bangladesíes eligió conservar su nacionalidad, por lo que se convirtieron legalmente en indios. Las previsiones de las autoridades indicaban que mucha más gente tendría intenciones de conservar su bandera. Sin embargo, esto no fue así, y la enorme mayoría la cambió. 

Según una investigación posterior del académico Azmeary Ferdoush hay tres posibles causas. La primera es que, poco después de la división de 1947, muchos residentes de los enclaves aprovecharon e intercambiaron tierras para establecerse en los lugares elegidos. 

Además, durante los siguientes años desarrollaron un profundo sentimiento de pertenencia hacia el país que los rodeaba, al que debían recurrir constantemente. En cambio, habían vivido desconectados de sus países de origen. 

En tercer lugar, cuando se simplificaron los enclaves ya habían pasado varias décadas y la mayoría de los residentes eran de segunda o tercera generación, por lo que no tenían demasiado vínculo con el Estado de origen. De esta forma, podemos imaginar casos algo llamativos. Alguien que nació en uno de estos lugares en 1947 lo hizo en una colonia, el Raj británico. Con el tiempo, sin moverse de su hogar, se convirtió en pakistaní, luego en bangladesí y finalmente en indio. Todo en el transcurso de 68 años. 

A lo largo de los 3.323 kilómetros de la frontera entre India y Pakistán se establecieron alambres de espino para evitar cruces no autorizados.

Unos límites internacionales intrincados, difíciles de explicar y heredados de una situación colonial. Pero que, después de unas décadas, se simplificaron gracias a un acuerdo pacífico. Y que enfrentaron a miles de personas a un dilema, por lo menos, inesperado: optar entre su hogar o su nacionalidad. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar