Barcelona se cansó del turismo masivo y tomó una decisión drástica: "Ni uno más"
Durante décadas, las principales ciudades del mundo compitieron para atraer más vuelos, hoteles, cruceros y visitantes internacionales. Sin embargo, Barcelona decidió avanzar en la dirección contraria: no quiere recibir más turistas que los que ya llegan actualmente.
"Ni un turista más" es el mensaje elegido por el gobierno de la capital catalana para resumir su nueva política turística. El objetivo no es prohibir la llegada de visitantes, sino fijar un techo cercano a los 16 millones de turistas anuales y evitar que la actividad continúe creciendo de manera ilimitada.
La estrategia está encabezada por José Antonio Donaire, el nuevo comisionado de Turismo Sostenible de Barcelona, quien explicó que la prioridad de la ciudad será reducir el impacto del turismo masivo sobre la vivienda, el transporte público, los comercios y la vida cotidiana de los residentes.
Fue en una extensa entrevista con Lisa Abend de The New York Times.
Barcelona recibió alrededor de 15,7 millones de turistas durante 2025. Para las autoridades locales, esa cifra ya representa el límite que la ciudad puede soportar.
Barcelona fija un límite de 16 millones de turistas por año
La nueva política turística de Barcelona parte de una definición contundente: la ciudad no quiere seguir aumentando la cantidad total de visitantes.
"Queremos fijar un horizonte plano sobre una curva que, de otro modo, crecería infinitamente", explicó Donaire en una entrevista con The New York Times.
Según el funcionario, Barcelona pretende mantener el volumen turístico actual, cercano a los 16 millones de personas por año, pero modificar el tipo de visitantes que recibe.
Actualmente, aproximadamente dos tercios de los turistas llegan por motivos recreativos. La intención del gobierno es alcanzar una distribución más equilibrada: un tercio de turismo de negocios, un tercio de turismo cultural y un tercio de turismo de ocio.
Por ese motivo, la promoción internacional de Barcelona comenzará a concentrarse en viajeros interesados en actividades culturales, festivales, música en vivo, congresos y experiencias relacionadas con la identidad de la ciudad.
El cambio también puede observarse en la comunicación institucional. El histórico mensaje "Visit Barcelona" fue reemplazado por "This Is Barcelona", una consigna que busca dejar de invitar indiscriminadamente a nuevos visitantes y comenzar a mostrar cómo es realmente la ciudad.
Por qué Barcelona está cansada del turismo masivo
El turismo es una de las principales actividades económicas de Barcelona, pero su crecimiento también provocó consecuencias profundas sobre la vida urbana.
Entre los principales problemas aparecen el aumento del precio de los alquileres, la pérdida de viviendas destinadas a residentes, la saturación del transporte público y la transformación de barrios enteros en zonas orientadas exclusivamente a los visitantes.
En algunos sectores históricos, los comercios tradicionales fueron reemplazados por locales de recuerdos, tiendas de accesorios para celulares, restaurantes de comida rápida y negocios pensados para el consumo inmediato de los turistas.
Uno de los casos más visibles es el mercado de La Boqueria. El espacio, históricamente utilizado por los habitantes de Barcelona para comprar carne, pescado, frutas y verduras, se convirtió en una de las atracciones turísticas más concurridas de la ciudad.
Ante la llegada masiva de visitantes, numerosos puestos abandonaron la venta de alimentos para los residentes y comenzaron a ofrecer vasos con frutas cortadas, camarones fritos y productos preparados para consumir mientras se recorre el mercado.
Muchos vecinos directamente dejaron de comprar allí porque consideran que La Boqueria ya no está pensada para ellos.
Barcelona quiere recuperar La Boqueria para los vecinos
El gobierno municipal trabaja con los comerciantes de La Boqueria para aumentar la cantidad de puestos dedicados a productos frescos y alimentos que no sean exclusivamente para consumo inmediato.
La intención no es expulsar a los turistas del mercado, sino garantizar que continúe funcionando como un mercado para los habitantes de Barcelona.
"Los turistas son bienvenidos. Lo que estamos diciendo es que el mercado tiene que seguir siendo un mercado", señaló Donaire.
El funcionario conoce de cerca la transformación del lugar porque vive en el barrio y todavía realiza allí sus compras. Sin embargo, explicó que los residentes suelen ingresar por la parte trasera del edificio para evitar las aglomeraciones que se producen en la entrada principal.
La meta del gobierno es que los habitantes vuelvan a apropiarse del mercado y puedan ingresar nuevamente por sus puertas principales sin quedar atrapados entre grupos turísticos.
El fin de los alquileres turísticos en Barcelona
Una de las medidas más importantes para limitar el turismo será la eliminación de los departamentos destinados a alquileres vacacionales.
Barcelona ya anunció que las licencias para este tipo de alojamientos dejarán de estar vigentes en 2028. La decisión podría retirar del mercado turístico miles de propiedades y devolverlas al alquiler residencial.
La lógica del gobierno es que el número de turistas no puede seguir creciendo si la ciudad no incrementa su capacidad de alojamiento.
Donaire aseguró que durante la temporada de verano ya hubo visitantes que no pudieron viajar a Barcelona porque no encontraron dónde hospedarse.
La administración local no planea responder a esa demanda habilitando nuevos alojamientos. Por el contrario, busca reducir progresivamente la oferta disponible.
La ciudad ya había establecido en 2017 una moratoria para evitar la construcción de nuevos hoteles en determinadas zonas. La eliminación de los alquileres turísticos profundizará esa política.
Barcelona también quiere terminar con los cruceros de un solo día
Otra de las medidas apunta directamente contra los cruceros cuyos pasajeros desembarcan durante algunas horas y regresan al barco sin pasar la noche en Barcelona.
La ciudad pretende llevar a cero la cantidad de cruceristas que realizan visitas de un solo día.
Para conseguirlo, las autoridades municipales pedirán al gobierno regional que aumente hasta el máximo permitido el impuesto aplicado a estos pasajeros.
El objetivo es que el costo sea lo suficientemente elevado como para desalentar a los cruceros que utilizan Barcelona como una escala breve.
Desde el gobierno consideran que este tipo de turismo genera una enorme presión sobre las calles, los espacios públicos y el transporte, pero deja un impacto económico menor que el de los visitantes que permanecen durante varios días.
El impuesto turístico financiará los costos que generan los visitantes
Barcelona también continuará aumentando y utilizando el impuesto turístico aplicado a los alojamientos.
La finalidad no es solamente desalentar la llegada de determinados viajeros. La recaudación permitirá cubrir los gastos adicionales que genera el turismo sobre la seguridad, la limpieza, la electricidad, el transporte público y otros servicios municipales.
La posición del gobierno es que los residentes no deberían financiar con sus impuestos los servicios utilizados por millones de visitantes.
Los recursos obtenidos también serán destinados a recuperar espacios urbanos, proteger comercios tradicionales y reconstruir la vida residencial en las zonas más afectadas por el turismo.
Donaire describió esta estrategia como una paradoja: los propios turistas financiarán la "desturistificación" de Barcelona.
Subsidios para que no desaparezcan los comercios de los barrios
El gobierno municipal ofrecerá apoyo económico a los comercios dirigidos principalmente a los residentes.
La intención es garantizar que una persona pueda comprar pan, un libro, herramientas o productos básicos dentro de su propio barrio.
En paralelo, Barcelona aplicará normas estrictas para impedir que continúe aumentando la cantidad de establecimientos dedicados exclusivamente al turismo.
Las autoridades consideran que la identidad de una ciudad depende, en buena medida, de la existencia de negocios utilizados diariamente por sus habitantes.
También creen que una Barcelona con comercios auténticos resultará más atractiva para los propios visitantes que una ciudad dominada por tiendas de recuerdos y propuestas gastronómicas estandarizadas.
Las Ramblas, otro símbolo que Barcelona quiere recuperar
Las Ramblas representan otro de los principales desafíos para el gobierno.
La histórica avenida se convirtió en un corredor turístico saturado, rodeado de terrazas, restaurantes y negocios enfocados casi exclusivamente en los visitantes extranjeros.
Las investigaciones realizadas por la ciudad muestran que muchos habitantes de Barcelona dejaron de recorrer la zona porque ya no la consideran un espacio propio.
Para revertir esa situación, el gobierno planea reducir la cantidad de mesas y terrazas instaladas en el espacio público y modificar la composición comercial de la avenida.
El gran objetivo es conseguir que los residentes vuelvan a Las Ramblas para pasear, encontrarse con otras personas o simplemente permanecer allí, sin sentir que se encuentran dentro de un parque temático para turistas.
"El derecho de los ciudadanos a vivir en Barcelona está primero"
El turismo representa aproximadamente el 13% de los ingresos de Barcelona. Las restricciones, por lo tanto, generan cuestionamientos entre empresarios y sectores que temen una pérdida de actividad económica.
Donaire sostuvo que la ciudad debe establecer una jerarquía clara de prioridades.
En el primer lugar se encuentra el derecho de los ciudadanos a vivir en Barcelona. Cuando el crecimiento turístico entra en conflicto con ese objetivo, la prioridad debe ser proteger a los residentes.
La estrategia oficial no busca eliminar el turismo, sino evitar que la ciudad pierda su vida cotidiana y se convierta en un espacio habitado principalmente por visitantes temporarios.
Las autoridades también intentan diferenciar esta política de una posición hostil hacia las personas que viajan a Barcelona.
El mensaje es que los turistas seguirán siendo bienvenidos, pero deberán convivir con una ciudad que comenzará a priorizar las necesidades de quienes viven allí durante todo el año.
De las pistolas de agua al nuevo modelo turístico
La tensión entre turistas y residentes alcanzó visibilidad internacional durante las protestas en las que algunos manifestantes utilizaron pistolas de agua contra visitantes que se encontraban en bares y restaurantes.
Las imágenes recorrieron el mundo y convirtieron a Barcelona en uno de los principales símbolos del rechazo al turismo masivo.
Para el gobierno, esas protestas expresaron un problema más profundo: numerosos residentes sienten que perdieron el control de sus barrios, sus viviendas y sus espacios públicos.
La nueva política intenta responder institucionalmente a ese malestar.
Barcelona no cerrará sus puertas ni dejará de recibir visitantes. Pero, mientras otras ciudades continúan invirtiendo millones para atraer más turistas, la capital catalana decidió que ya llegó al límite.
Su nuevo mensaje al mundo es tan claro como inusual: pueden seguir viniendo turistas, pero no uno más de los que la ciudad ya recibe. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar