Rafael Grossi, ¿el argentino que puede salvar el multilateralismo?
Ante la pregunta de quién es, en la actualidad, el argentino más famoso del mundo, sin dudas, nuestra primera respuesta sería el papa Francisco. Otra opción, aunque ciertamente sería la segunda respuesta, podría ser el presidente Javier Milei.
Sin embargo, aunque muchos argentinos no están al tanto, hay uno que tiene una gran relevancia a nivel internacional: el diplomático Rafael Grossi, quien en este momento ocupa el cargo de director del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).
Gracias a que la Argentina está alejada de las zonas de conflictos, muchas veces se pierde noción sobre las cuestiones de seguridad. Pero, en pleno siglo XXI, estos asuntos son la prioridad de las principales potencias del mundo.
Como uno se imagina, las guerras en Ucrania y la Franja de Gaza son el mayor exponente de esto. Y más allá de las guerras en sí, detrás de estos conflictos hay una preocupación aún mucho mayor: que deriven en una catástrofe nuclear.
Por un lado, es sabido que Rusia, el país con más armas nucleares del mundo, ha realizado varias amenazas al respecto si la OTAN continúa apoyando a Kiev. Y a esto se suma que, casi desde el estallido de la guerra en febrero de 2022, las fuerzas rusas controlan la central nuclear de Zaporiyia, la más grande de Europa.
Por otro lado, en Medio Oriente, aunque Israel no ha realizado amenazas respecto a su arsenal nuclear, debido a la creciente tensión en Gaza se incrementa la preocupación sobre si Irán busca o no desarrollar este tipo de armas. Y el asunto es un gran dolor de cabeza para Occidente.
La OIEA a la cabeza
Indudablemente, en este Sistema Internacional caracterizado por la ausencia de una autoridad supranacional, son los países los que tienen la mayor responsabilidad para evitar el uso de las armas nucleares. No obstante, Grossi, a través de la OIEA, nos recuerda la importancia de los organismos internacionales.
Creada en 1957, la OIEA tiene como principal misión promover el uso pacífico y seguro de la energía nuclear, buscando evitar la proliferación de este tipo de armamentos. Por ello, la mayoría de los países miembros (incluido Irán), aceptan los controles del personal de la agencia.
Pero Grossi, exembajador en Austria (2013-2019) y director de la OIEA desde 2019, ha decidido poner literalmente el cuerpo para evitar que ocurra cualquier tipo de crisis nuclear ya sea en Ucrania o en Medio Oriente.
Tanto es así que, además de conversar continuamente con actores como el presidente ucraniano Volodímir Zelenski y el ruso Vladimir Putin, también ha visitado en persona la planta de Zaporiyia y Teherán en varias oportunidades.
Y es esta valentía la que, además de permitirle ganarse la confianza de todos estos actores (y de esta manera evitar una crisis nuclear), hoy en día lo convierte en unos de los argentinos más reconocidos a nivel internacional. De modo que, actualmente, es uno de los mayores candidatos para suceder en 2025 a António Guterres como secretario general de las Nacionales Unidas.
Cabe recordar que, desde que la ONU fue creada, el peruano Javier Pérez de Cuéllar es el único latinoamericano que ocupó el cargo.
La crisis del multilateralismo
A lo largo de esta semana, Grossi ha participado de una serie de eventos en Argentina, incluida una ponencia en el Consejo Argentina de Relaciones Internacionales (CARI) en la que El Economista estuvo presente.
Grossi reconoció que "siendo un diplomático argentino, obviamente sería un honor que mi país me presente como candidato, pero eso es algo que es un resorte del señor Presidente de la Nación".
Sin embargo, remarcó que el proceso recién comenzará a fin de año y que se definirá a mediados de 2026. Por ello, recordó que aún hay asuntos más importantes que resolver, como la actual crisis del multilateralismo.
El pedido de Grossi es en referencia a la crisis a la que se enfrentan los principales organismos internacionales, incluida la propia ONU, a partir de la cual se ha generado en algunos países un debate sobre si deben o no desarrollar sus propias armas nucleares (el famoso "sálvese quien pueda").
"De pronto las ciertas incertidumbres que empiezan a aparecer en el escenario internacional hacen que se comience a plantear lo que hasta hace poco era impensable", sostuvo Grossi al respecto.
Durante años, como consecuencia directa de la supremacía estadounidense, pareció existir cierto quorum respecto a la importancia del multilateralismo. Pero, a medida que el poder de Washington iba decreciendo, y mientras el de otras potencias aumentaba, el consenso respecto al funcionamiento del orden liberal creado por EE.UU. comenzó a estar definitivamente en retroceso.
La propia decisión de Donald Trump de sacarle protagonismo a su propio país, consciente de que quizás EE.UU. ya no esté en condiciones materiales de liderar dicho orden, es un buen ejemplo de esto.
De todas formas, la cuestión del Consejo de Seguridad de la ONU es el mayor exponente del problema al que se enfrenta al mundo: aunque en octubre se cumplirán 80 años desde su creación, el consejo casi no ha sufrido modificaciones.
EE.UU., Rusia, China, Reino Unido y Francia siguen siendo los únicos miembros permanentes del mismo y con poder de veto, algo que parecía lógico en 1945 si se tenía en cuenta que eran los vencedores de la Segunda Guerra Mundial.
Lo cierto es que, ocho décadas después, el equilibrio de poder a nivel mundial entre las grandes potencias parece haber cambiado significativamente. Así, mientras Reino Unido y Francia se muestran en claro declive, actores como India, Alemania, Japón, Brasil y Turquía tienen argumentos de sobra para exigir un trato similar en el consejo.
Pero lo ideal, justamente, muchas veces se queda en el mundo de las ideas: en un momento en el que casi todos los países apuestan nuevamente por el rearme, parece casi imposible que China acepte tratar como un igual en el consejo a Japón o India, o que EE.UU. lo haga con Brasil.
Sin dudas, dicha parálisis para muchos sea el mayor ejemplo del fracaso de los organismos internacionales (y de la propia ONU) a la hora de evitar conflictos.
Por eso, Grossi, consciente de que en el futuro podría tener que resolver este problema, parece tener la fuerza necesaria para enfrentarlo: "El tema es pensar en el mundo que tenemos, y con las crisis que tenemos, qué tipo de gestión puede darles la relevancia a las Naciones Unidas que necesita en este momento".
"Uno de los temas que han sido analizados ad nauseam es la parálisis del Consejo de Seguridad. El decisor internacional tiene que trabajar con la realidad que tiene y no con la que debería tener. Si tuviéramos un Consejo de Seguridad que funcionara maravillosamente, evidentemente, no tendríamos los conflictos que tenemos. ¿Cuál es la posibilidad de que eso cambie en el corto o mediano plazo? No es muy grande esa posibilidad", agregó.
"Sin embargo, vuelvo a reiterar: hay un espacio y ese espacio está, en mi opinión, en la figura del secretario general, porque es el secretario general de Naciones Unidas (...) ¿Significa esta crisis que vamos a poner a las Naciones Unidas en la heladera? Yo creo que no. Es decir, hubo un consenso en el año '45 de crear esta especie de directorio internacional donde los más poderosos podían decir sí o no con ciertas cosas (...) Sigo pensando, y pienso aún más, en un mundo como en el que estamos teniendo donde las Naciones Unidas son la única plataforma global existente", sentenció. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar